
“El campeonato que alguna vez fue de Ronaldinho, Ronaldo y Messi hoy es de los racistas”, sentenciaba el jugador del Real Madrid, Vinícius Jr, tras los insultos xenófobos que sufrió este domingo durante un partido de Liga contra el Valencia C.F. Palabras contundentes para un deportista que, de forma inesperada, ahora abandera la lucha contra el racismo en España. Sin embargo, la gran pregunta que ha florecido durante las últimas horas es si España es un país racista o los casos que surgen son solo hechos aislados
Los pocos datos que hay no son optimistas. Un estudio del Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud revelaba en 2022 que el 6,8% de la población entre 15 y 29 años se declara de extrema derecha y el 42,8% no vería con buenos ojos que una persona extranjera fuera alcalde o alcaldesa de su ciudad.
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Sin embargo, las opiniones de la gente joven no difieren a las del resto de la población española. El Foro para la Integración Social de los Migrantes, en su informe de 2020, señalaba que “la pandemia ha potenciado imaginarios racistas y xenófobos en la sociedad española”, tal y como recoge el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia.
Moha Gerehou, periodista y activista antirracista, no aguarda ningún tipo de duda: “La respuesta a si España es racista es un claro sí. En España el racismo existe, es un problema estructural, pero si todavía cuesta reconocer el racismo, nos dice que las voces de las personas racializadas se ignora y que se prefiere mirar a otro lado antes que enfrentar el problema”, apunta Gerehou, que en junio estrena la función Infiltrado en Vox en el Teatro del Barrio, en Madrid.
Las pocas encuestas al respecto parecen acabar con el mantra de que el racismo terminará gracias al cambio generacional: casi el 25% de la juventud española tiene opiniones que se encuadran dentro del imaginario racista: “Se pone a la juventud de solución porque se dice que las nuevas generaciones no serán racistas, pero no parece que la cosa vaya mucho mejor. Es la gente mayor, la que está en puestos de poder, la que tiene en su mano el cambio y no mirar hacia otro lado”, añade el periodista Moha Gerehou en referencia a la inactividad de Javier Tebas, presidente de la Liga española.
Y las instituciones, ¿son racistas?

Desde el caso de un futbolista hasta una mirada nacional, las voces autorizadas no dudan en considerar que el problema del racismo en España es estructural. “El racismo institucional se promueve desde las instituciones, esté en el gobierno un progresista o un conservador, y hacen que la vida de las personas migrantes y racializadas sea un camino tortuoso de marginación”, considera Gerehou, que pone el foco en la Ley de Extranjería: “Es el gran monstruo, genera exclusión y no permite el acceso igualitario a la sanidad y la vivienda”, arguye.
El difícil acceso a la sanidad pública para las personas migrantes es una de las principales pruebas de racismo en España. Raquel González, participante en la plataforma Yo Sí Sanidad Universal y especialista en Salud Pública, se adentra en esta problemática: “El racismo institucional existe y la ley sanitaria discrimina a las personas extranjeras desde 2012. La normativa deja en manos de las comunidades autónomas el procedimiento de acceso para los migrantes, eso ya es racismo a nivel legislativo. No pueden pedir la tarjeta de salud como todo el mundo, es un documento que te señala como diferente, te hace ver inferior al resto”, apunta la experta.
En España la sanidad pública exige a los migrantes un justificante que explique los motivos por los que acude en busca de atención médica, requerimiento que en ocasiones ha llevado a que esas personas extranjeras reciban, tras su tratamiento, facturas desorbitadas por parte de las Comunidades Autónomas: “Además, las propias personas piensan que no tienen acceso a la sanidad. Ni siquiera van al centro de salud porque piensan que no van a ser atendidos. Si llevas menos de tres meses no te dan ningún tipo de atención, o incluso te pasan la factura”, asegura González.
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Pero además de las trabas en la sanidad, emergen como parte del conflicto la discriminación laboral de las personas racializadas, el trato a los menores migrantes, el maltrato en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs)... Cada pata del sistema no favorece la integración, que además viene acompañado de una importante falta de transparencia: “Existen muy pocos datos relacionados con el racismo en este país y encima están ligados a la migración, lo cual es engañoso. Mucha población de España es negra y no aparece en las estadísticas porque no es migrante. Eso ahonda en el desconocimiento”, sentencia Moha Gerehou.
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