Los primeros datos de precios y actividad de 2026 muestran un comportamiento heterogéneo. La inflación se mantuvo alta al consumidor, pero se desaceleró con fuerza en el sector mayorista. La construcción sigue en recesión, aunque los salarios en el sector aumentan a un ritmo superior al costo de los materiales.
El cierre de algunas empresas emblemáticas contrasta con la caída de las importaciones y el crecimiento de las exportaciones industriales. Sobresale el sector manufacturero (14%) frente al agropecuario (5%). Este escenario también se acompaña del anuncio de grandes inversiones no solo en minería y energía, sectores beneficiados por la ampliación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), sino también en el sistema financiero y la tecnología.
El tipo de cambio nominal muestra una tendencia descendente, pese a la compra diaria e ininterrumpida de divisas por parte del Banco Central, que busca acumular reservas. Posteriormente, esas reservas son adquiridas por el Tesoro para pagar deudas en moneda extranjera. Sin embargo, el tipo de cambio real frente a los socios comerciales continúa más alto que hace dos años, por la depreciación del dólar a escala global.
El mercado financiero expresa inquietud por los fuertes vencimientos de deuda previstos para los primeros meses del año. No obstante, la Secretaría de Finanzas informó en enero una nueva baja del endeudamiento: las operaciones de financiamiento permanecieron por debajo de los pagos y amortizaciones en siete de los últimos ocho meses.
“Mientras la macroeconomía esté ordenada (por lo menos que el BCRA no emita sistemáticamente pesos para financiar al Tesoro), el 30% anual de inflación es un techo”
En este contexto, Infobae entrevistó a Pablo Goldín, director de Macroview, la consultora fundada por Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo, reconocida en análisis macroeconómico.
— ¿Qué factores impiden que la inflación mensual descienda por debajo del 2 por ciento?
— Hace 17 meses que la tasa de inflación flota al 2,5% mensual promedio; casi un año y medio. Ya no es un hecho pasajero. La desinflación se atascó en la zona del 30% anual. Mientras la macroeconomía esté ordenada (por lo menos que el BCRA no emita sistemáticamente pesos para financiar al Tesoro), el 30% anual de inflación es un techo: la chance de ir más arriba como en años de desorden macro es mínima.
Ahora bien, como el régimen cambiario va y viene y no termina de afianzarse (en una economía bimonetaria es una licencia que un programa económico no se puede dar) y como todavía hay precios atrasados que se están recomponiendo (algo sano y necesario pero complejo en una economía con inercia inflacionaria), el 30% parece también un piso. O sea, techo y piso al mismo tiempo.
A la larga, con la ortodoxia del orden fiscal y la restricción monetaria, la inflación irá bajando; aunque puede ser un proceso largo, sinuoso y difícil para la actividad económica. En el corto plazo, con vaivenes cambiarios y reacomodamiento de precios relativos, es más complicado perforar el actual piso inflacionario.
Intuyo que todavía vendrán algunos meses más de inflación mensual en torno al 2%. La aspiración oficial del dígito anual creo que quedará para un segundo mandato o para un próximo gobierno.
— ¿Considera que los objetivos de acumular reservas en el Banco Central, evitar el atraso cambiario, reactivar la economía y continuar con la reducción de la inflación son compatibles entre sí y con la disciplina fiscal, o existe un punto de conflicto entre estas metas?
— Que el sector público compre dólares –sea el Tesoro con pesos del superávit fiscal o el BCRA con emisión monetaria– no es un objetivo, sino una necesidad fiscal para pagar los intereses de la deuda externa. Este año son unos USD 9.000 millones(USD 800 millones por mes). No hay financiamiento externo disponible, ni para el capital que vence ni para los intereses. Además, endeudarse por los intereses externos no sería sano ni sostenible.
“No hay financiamiento externo disponible, ni para el capital que vence ni para los intereses”
El Gobierno tiene la necesidad mínima de comprar dólares para pagar deuda externa, y recién a partir de la compra de esos USD 9.000 millones, el Banco Central podría acumular reservas netas. Todas las compras previas serán para atender pagos de deuda externa. Asimismo, que el BCRA compre dólares es de por sí una forma de inyectar pesos en la economía: buena noticia para la actividad, pero menos favorable para bajar la inflación.
Ahora bien, si lo que compra el BCRA el lunes, el martes se lo revende al Tesoro contra pesos del superávit fiscal, la inyección de pesos queda neutralizada. En síntesis, la compra de dólares es prioritariamente para pagar deuda externa. Todo lo demás, como la acumulación de reservas, la inyección de liquidez o influir en el tipo de cambio, se acomodará a esta prioridad.
— ¿La oferta de divisas proviene exclusivamente del saldo comercial y de colocaciones de deuda corporativa, o también incluye ventas de dólares de residentes que necesitan pesos?
— La oferta de dólares más segura es la del superávit comercial cambiario. Existió por un monto elevado en 2024 y 2025, y seguirá en 2026. Las exportaciones andan bien y las importaciones están lejos de dispararse. Por otro lado, los dólares financieros que se venden en el mercado cambiario son espasmódicos; a veces están y a veces no. Se originan en su totalidad en emisiones de obligaciones negociables y préstamos en dólares de bancos locales a exportadores.
Desde que se levantó el cepo, las personas son compradoras netas de dólares en el mercado (para atesoramiento, viajes al exterior y reventa a empresas, un “rulo” que el BCRA terminó prohibiendo). La gente está comprando cantidades altísimas aun pasada la incertidumbre electoral de octubre. Están demandando dólares por aproximadamente USD 2.000 millones por mes. Es una suma significativa. Con tantas personas comprando semejante cifra, al BCRA le costará seguir comprando dólares al ritmo observado en enero y febrero sin que el tipo de cambio empiece a subir.
“Con tantas personas comprando USD 2.000 millones por mes, al BCRA le costará seguir comprando dólares al ritmo observado en enero y febrero sin que el tipo de cambio empiece a subir”
A menos que ocurra una oleada masiva de capitales, lo que parece poco probable, o que se desplome la importación por falta de actividad, algo que tampoco debe descartarse. Con una demanda neta de dólares de personas tan alta, incluso si parte queda en el sistema bancario, será complicado que el actual esquema cambiario se consolide y que el tipo de cambio no registre volatilidad.
— El Indec, el organismo oficial de estadísticas de Argentina, registra mes a mes un elevado nivel de capacidad ociosa en la industria. ¿A qué factores lo atribuye?
— Buena parte de los sectores industriales producen menos que en 2023. Aprovecharon poco o nada de la recuperación de 2025. Algo parecido ocurre con la construcción y el comercio, otros dos sectores relevantes de la economía. La retracción de la industria no es de estos últimos años; viene de antes, es más estructural y menos cíclica. De ahí el bajo uso de la capacidad instalada y, por supuesto, la baja propensión a nuevas inversiones.
— ¿La actual política económica ha derivado en un crecimiento concentrado en sectores como minería, energía, agroindustria e industria del conocimiento, o esto es un fenómeno transitorio vinculado a la capacidad de reacción de cada rubro?
— Mientras la economía no se remonetice, no fluya más liquidez y crédito, no haya más plata en la calle, cualquier síntoma de reactivación se concentrará en sectores naturalmente más competitivos, exportadores netos y menos dependientes del consumo interno. Para que sectores como industria, construcción y comercio se reactiven, se necesita una economía menos seca. En Argentina, reactivación rima con remonetización.
Todas las reactivaciones fuertes, largas y difundidas tuvieron como disparador y sostén un aumento de la cantidad real de dinero. La aspiración oficial de que la economía se reactive con dólares más que con pesos es posible en el largo plazo, no para 2026 ni 2027.
— ¿Qué expectativas tiene respecto a los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y el Mercosur, así como el acuerdo bilateral con Estados Unidos, en términos de intercambio comercial, actividad sectorial, inversión y empleo?
— Son pasos positivos en el proceso de reorganizar la economía argentina. Implica adoptar paulatinamente reglas, instituciones y procedimientos de países capitalistas modernos. Es alinear la organización económica local con las más exitosas. Habrá ganadores y perdedores sectoriales; la clave es que el saldo sea positivo. Para ello se necesita una hoja de ruta previsible, gradualidad y adaptabilidad a las circunstancias productivas y financieras locales.
“Se necesita una hoja de ruta previsible, gradualidad y adaptabilidad a las circunstancias productivas y financieras locales de los acuerdos comerciales”
Sin conocer a fondo la letra de lo firmado, sospecho que el acuerdo con Europa es más rígido, de largo plazo y estructural. El acuerdo con EE.UU. resulta más flexible, coyuntural y pensado en clave de la “discrecionalidad Trump”.
— ¿Considera que los cambios recientes en la legislación laboral son suficientes para revertir el estancamiento del empleo asalariado privado registrado en la última década?
— Es otro avance relevante para reorganizar la economía. A nivel general, la reforma no servirá para crear mucho nuevo empleo formal ni para formalizar muchos puestos no registrados, porque para ello se necesita romper la estanflación. Será eficaz a nivel empresario para renegociar convenios, reducir costos regulatorios no salariales y avanzar en mejoras de productividad. Es importante no confundir la reforma de la organización económica con la estabilidad macroeconómica: las reformas no reemplazan a un programa exitoso de estabilización y reactivación.
— ¿Cuáles son los pronósticos de Macroview para 2026 en materia de nivel de actividad, inflación, tipo de cambio y reservas netas del Banco Central?
— Probablemente, 2026 sea un eslabón más de la cadena de estanflación que nos afecta hace quince años. Con algo menos de inflación que en 2025 (aunque no mucho menos) y una leve mejoría en el nivel de actividad (no muy diferente del año pasado).
Las reservas netas del BCRA no mejorarán mucho, porque los primeros 9.000 millones de USD que se compren se usarán probablemente para pagar deuda externa.
El tipo de cambio dependerá del comportamiento de la oferta y demanda de dólares, incluyendo la demanda del sector público. En el corto plazo (2026, 2027), mientras la macro no esté estabilizada ni las reformas maduras, el tipo de cambio debería tender al alza. Pero en Argentina nunca se sabe; dependerá de cuántos dólares compre la gente, de lo que ocurra con las importaciones y de cuán irregulares sean los ingresos de capital. También habrá que poner a prueba qué tan bien se gestiona el financiamiento de la deuda externa en 2026 y sobre todo en 2027, cuando los vencimientos de capital más que se duplican.
— Finalmente, ¿Qué desafíos vislumbra para el Gobierno y su equipo económico de cara a las elecciones de 2027, con el objetivo de completar un ciclo de ocho años de cambio frente a las políticas populistas predominantes en las últimas ocho décadas?
— Por lejos, el desafío número uno del gobierno es romper con la estanflación. Sin mejores resultados en actividad e inflación será muy difícil aspirar a la reelección. También dependerá de si la oposición cuenta o no con un candidato competitivo. Gran parte de lo que ocurra con el gobierno depende de cómo gestione el siguiente conjunto de desafíos políticos y macroeconómicos:
- el manejo de la situación política;
- los vaivenes cambiarios;
- la administración de la liquidez en la economía;
- el financiamiento externo en 2026 y el más exigente de 2027;
- la defensa del equilibrio fiscal;
- la capacidad para reformar la organización económica. Hacia mediados de este año, posiblemente ya se vislumbre para qué está el gobierno del presidente Milei.
Fotos: Maximiliano Luna