El precio de los alimentos, un aumento del gasto o falta de dólares: qué hay detrás de la posible suba de retenciones

Más allá de la discutida eficacia para impactar en la inflación, el debate de la medida podría mejorar el balance cambiario en la época más difícil del año y, a la vez, generar recursos adicionales en un año electoral

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Un aumento de los derechos de exportación sembraría demasiado ruido político para un magro aumento de la recaudación

Bajo el lema de “proteger la mesa de los argentinos”, el nuevo encontronazo del Gobierno con el campo por la posible suba de retenciones plantea interrogantes sobre los verdaderos motivos que lo llevarían a tomar la medida.

La causa esgrimida oficialmente, basada en disociar la suba de los precios internacionales de las materias primas del valor de los alimentos a nivel local para contener los aumentos en las góndolas, luce insuficiente ante la evidencia histórica de su relativa eficacia. Particularmente si se analizan los otros efectos más evidentes que generaría un incremento en las tasas de derechos. Por caso, el eventual apuro para registrar exportaciones que pueda provocar a los productores la posible inminencia de la medida. El ex ministro de Economía, Hernán Lacunza, fue uno de los que opinó en ese sentido: “El que va a subir retenciones, no lo preanuncia, lo publica en el Boletín Oficial. Si lo preanuncia, lo que quiere es acelerar liquidación de la cosecha”.

El fenómeno tiene un antecedente inmediato: los últimos meses de 2019, cuando los exportadores anticiparon la liquidación al punto de que en los primeros meses de 2020 se desplomó la recaudación por retenciones, incluso a pesar de la suba de la alícuota dispuesta apenas asumió la Presidencia Alberto Fernández.

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Pero desde el Banco Central rechazan esta mirada. Aseguran que desde diciembre, el nivel de liquidación se ubica por encima de lo proyectado, volumen que asocian claramente a la fuerte suba de precios internacionales. En diciembre, por caso, a pesar de la menor cantidad de embarques por el paro que afectó los puertos, ingresaron unos USD 1700 millones, monto que representó uno de los 3 más altos desde 2010. Esa marca se superó en enero, con una liquidación de USD 2.100 millones, hito histórico en casi dos décadas. “La tendencia se mantiene en febrero, el nivel de precios está impulsando esa mejora”, afirmaron fuentes del BCRA, donde remarcan que el frente cambiario no es el motivo detrás de la eventual suba de retenciones.

En los primeros días del mes, la liquidación se mantuvo en un promedio de USD 100 millones diarios, lo que incluso permitió al Central acelerar su ritmo de compras y acumular en pocos días USD 290 millones.

Coincide con la fuente del BCRA el economista Fernando Marull, de FMyA. “El campo viene liquidando a un ritmo de USD 2.000 millones mensuales, es altísimo para esta época del año. No veo ningún problema para llegar a abril, cuando empieza la cosecha”, aseguró. En las próximas dos semanas, eventualmente, se verá reflejado en el mercado qué tanto impacto tuvo la amenaza latente.

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Pero una suba de retenciones, esencialmente, reforzaría las arcas del Estado y permitiría afrontar un aumento del gasto no previsto en un año clave de elecciones. Para Marull, tampoco la necesidad de caja es motivo suficiente para disponer una suba de retenciones, que tendría demasiado costo político (la cuestión generó una reunión de urgencia entre el Presidente y la Mesa de Enlace) en relación al beneficio recaudatorio. “Subir las retenciones aportaría unos USD 700 millones más, no cambia tanto la ecuación fiscal”, dijo.

Sin embargo, esa cifra sería más que suficiente para financiar la baja del Impuesto a las Ganancias anunciada ayer, que tendría un costo de unos $40.000 millones. O para hacer frente a un aumento en los subsidios por encima de lo previsto por el ministro de Economía, Martín Guzmán, en el Presupuesto. En esa ley está contemplado que los subsidios económicos no incrementarán su participación en el PBI, para lo cual las tarifas deben ajustarse al mismo ritmo que la inflación, tal como afirmó el propio Guzmán. El nuevo consenso económico dentro del Gobierno, sin embargo, es que las tarifas deben incrementarse por debajo del ritmo de los precios, lo que obligará a mayor gasto en subsidios y, por supuesto, a encontrar la fuente adicional de financiamiento. Tal vez, aún sin suba de retenciones, alcance la suba de la recaudación por los altos precios de la soja. Tal vez no.

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