Cómo se aplica el impuesto sobre el patrimonio en Uruguay, el modelo que seduce a Alberto Fernández

El candidato del Frente de Todos aseguró que impulsará cambios en Bienes Personales. Del otro lado del Río de la Plata, la base imponible a partir de la cual se empieza a tributar está por encima de los USD 100.000, mientras que en la Argentina ronda los USD 33.000. En general, en el mundo se paga por la renta y el consumo, pero no el patrimonio

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En Chile, se grava la renta, pero no los bienes personales (iStock)

Luego de las declaraciones del candidato presidencial Alberto Fernández sobre su intención de modificar el impuesto a los Bienes Personales, surgió un nuevo debate sobre cómo se aplica este impuesto en la Argentina, donde se gravan los bienes que posee una persona y que se deben declarar cada año. Los especialistas en temas tributarios destacan que pocos países en el mundo aplican este tipo de impuestos y que tiene un piso muy bajo —se debe tributar a partir de los $2 millones o USD 33.000. Pero, ¿cómo funciona este tipo de impuestos en otros países?

Tenemos que ver cómo nosotros mejoramos las cuentas, tal vez con un nuevo cambio impositivo a través de aplicar impuesto a los bienes personales, y así se consiguen los tres puntos de superávit que tuvo Uruguay en su momento", dijo el candidato kirchnerista.

Alberto Fernández quiere cambios para el impuesto a los Bienes Personales (Franco Fafasuli)

"Igual que la Argentina, Uruguay alcanzó su superávit haciendo una modificación en el sistema impositivo aplicando el impuesto a los bienes personales. Las similitudes son muchas. Es cierto que Uruguay hizo ajuste, pero más ajuste que el de Macri no existe”, agregó.

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Modelo charrúa

Del otro lado del Río de la Plata se aplica el llamado impuesto al Patrimonio, que también es anual y grava el patrimonio de personas físicas y jurídicas, localizado en Uruguay. A diferencia de lo que sucede en la Argentina, se considera como patrimonio a la “diferencia entre activos y pasivos fiscales”; por lo tanto, se toma en cuenta no sólo lo que el contribuyente tiene sino también lo que debe. Eso no pasa a nivel local.

Mientras los activos incluyen dinero en efectivo o depositados en bancos, inmuebles e inversiones, los pasivos son las obligaciones a las que deben hacer frente las personas o sociedades como sueldos a pagar, saldos a pagar a proveedores o préstamos bancarios.

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En el caso de las personas físicas, los activos que tengan que los uruguayos en el exterior del país están exentos del impuesto. Otra diferencia con la Argentina, donde también deben incluirse bienes y dinero depositado en el exterior.

Las tasas se aplican también por escalas progresivas (de 0,40% a 0,70%) con un monto mínimo no imponible de $4.166.000 uruguayos, unos USD 112.000. En la Argentina, ese monto es de $2 millones, lo que equivale a poco más de USD 33.000.

Sin embargo, las parejas —los cónyuges que vivan juntos— tienen la opción de constituir un “núcleo familiar” y responder solidariamente por el pago del impuesto. En ese caso, el monto mínimo no imponible es de $8.332.000, unos USD 224.000. De lo contrario, cada cónyuge declara sus bienes propios y la mitad de los gananciales. Además, las propiedades destinadas a vivienda familiar (casa-habitación) se computan por el 50% de su valor real.

A diferencia de Argentina, en Uruguay se paga sólo por los bienes que se tienen en el país

No creo que el modelo uruguayo funcione en la Argentina porque terminaría recayendo en la clase media. Los grandes capitales siempre pueden buscar alternativas en el exterior o estructurar su capital de tal manera de pagar menos o no pagar, directamente. Con esta inflación y estas escalas del mínimo no imponible constantemente se suma gente a pagar el impuesto: de un año a otro, así como cae gente en la pobreza, cae gente en el impuesto”, explica el tributarista Iván Sasovsky, de Sasovsky y Asociados.

“Además, iría también en contra del propio discurso de Fernández y su supuesta estrategia de poner dinero en el bolsillo de los argentinos. Y se baja un mensaje de que no se espera una reactivación económica en el corto o mediano plazo porque estos impuestos aparecen en momentos de recesión en los que no se puede recaudar. Ahí también hay un mensaje”, explicó.

Qué pasa en otros países

En el caso de Chile, por ejemplo, la estructura tributaria es diferente y no existe un impuesto similar a los bienes personales. Los principales impuestos que pagan los contribuyentes chilenos son los que gravan la renta y el consumo. En el caso del impuesto a la renta se divide en dos categorías: Primera Categoría (con una tasa del 15% que se aplica sobre una base anual) y Segunda Categoría (es progresivo, con tasas que van desde 0% a 45%). En el caso de los impuestos de la Primera Categoría, en la determinación de la base imponible se pueden deducir todos los gastos necesarios para producir la renta. Por otro lado, tienen además un impuesto a la herencia.

“El caso de la Argentina es muy particular. Hay pocos países que tienen algo similar, entre ellos Uruguay y España. Pero en ninguno de esos dos países tenés un piso de mínimo no imponible tan bajo como en la Argentina o la imposición sobre bienes en el exterior. Además, permiten descontar pasivos, algo que acá no sucede”, explicó Mabel Paz, coordinadora de impuestos del estudio TGCQ.

Países como Brasil, Paraguay y Estados Unidos tampoco tienen un impuesto similar al de los bienes personales, un modelo que es poco común en todo el mundo. En Perú, México, Bolivia y Panamá, no existe. Colombia, por su parte, permite deducir las deudas como Uruguay y la tasa es del 1 por ciento.

En el caso de Brasil, existe un impuesto sobre la renta de las personas y también un impuesto que se aplica sobre algunos bienes y donaciones, con un máximo de 8%, y que se aplica, por ejemplo, a las transferencias de patrimonio inmobiliario.

“Si bien tener bienes es una forma de capacidad contributiva, la mayoría de los países consideran que es conveniente gravar con impuesto las rentas y no gravar después los bienes en los cuales se invierte el producido de esas rentas. Son muy pocos, entre ellos, Uruguay Francia y España, pero lo aplican de forma diferente”, destacó Sebastián Domínguez, consultor tributario. En Francia, el impuesto —que lo llaman impuesto a la “fortuna inmobiliaria”— se cobra a partir de 1.300.000 euros y en España hay un impuesto al patrimonio a partir de 700.000 euros con distintos tipos de alícuotas.

“En esos casos, estamos hablando de patrimonios mucho más relevantes que lo que se grava acá, donde es USD 33.000, aunque hay un mínimo no imponible de $2 millones y una exención hasta $18 millones de la casa habitación. Pero mucha gente, por la situación económica, ha retirado el efectivo de sus cuentas bancarias o plazos fijos y ese dinero, por lo tanto, le va a quedar gravado y van a tener que pagar muchas personas de clase media. Y los que tienen un mayor patrimonio pueden, en cambio, adoptar estructuras, como fideicomisos irrevocables en el exterior, para no pagarlo”, agregó el especialista.

“En general los países más desarrollados optan por un impuesto a la herencia, que incluye la transmisión gratuita de bienes como las donaciones, con el ánimo de no afectar el patrimonio de los contribuyentes durante su ciclo productivo. Hay también algunas situaciones mixtas, como en España, donde tenés un impuesto al patrimonio y uno a la herencia, pero uno funciona como pago a cuenta de otro”, explicó Ignacio Rodríguez, socio de PwC Argentina a cargo de International Tax.

“La cuestión fundamental que sobrevuela todo el sistema tributario argentino, y que lo hace insostenible, es que el impuesto a la riqueza lo paguen todos aquellos cuyos bienes superan los USD 33.000. Se puede descontar la ‘casa-habitación’ hasta $18 millones, pero la única deuda que se permite descontar es una deuda hipotecaria”, agregó Rodríguez. De esta forma, la persona que al inicio del ejercicio tenía USD 30.000 vio incrementado en 80% su patrimonio en pesos sin necesariamente haber generado riqueza, aunque a efectos del impuesto así lo sea.

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