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Caá Catí significa hierbas de aromas fuertes en guaraní; lleva ese nombre porque la tierra es fecunda para que crezcan el romero, la menta; también los jugadores de fútbol. Esta ciudad de poco más de 7.000 habitantes, en el departamento de General Paz, Corrientes, es la cuna de la gran sorpresa de la anteúltima convocatoria de Jorge Sampaoli antes del Mundial de Rusia.

Cambá Porá se define en sus redes sociales como "el club más ganador y con más historia de Caá Catí". Allí brotó Daniel Villalva, aquel delantero de contextura pequeña, habilidoso, que supo debutar en la Primera de River con 16 años. Allí jugaba Eduardo Meza, Mezita, un histórico del equipo, también maestro rural, que arrastró a la pasión por el fútbol a uno de sus hijos, de la misma categoría del Keko: Maximiliano Meza.

Meza era el enlace de la categoría 92, Villalva el delantero. A nivel local, arrasaban. Tal fue el renombre que alcanzó Cambá Porá con sus fantasistas que terminó viajando a Paraguay a disputar un certamen amistoso, en el que cayó en la final ante Guaraní Antonio Franco de Misiones. Pero esos chicos distintos ya habían arrebatado las miradas de los ojeadores. Keko, de más joven, emigró a River. Maximiliano esperó hasta los 17 para abandonar Caá Catí y probar suerte en La Plata.

(AP)
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Fue Hernán Darío Ortiz, ex director técnico de Boca Unidos de Corrientes y referente en Gimnasia, el que detectó su talento para usufructuarlo comenzando por las bandas, haciendo la diagonal. Ese joven esmirriado, hoy armado, de gambeta generosa, es una de las figuras del Independiente campeón de la Copa Sudamericana.

El ojo de Jorge Sampaoli se enfocó en el fútbol local y Meza se transformó en el batacazo de la citación. Pero para llegar al Rojo, club que le pagó a Gimnasia dos millones de dólares por el 65% del pase, debió hacer un curso acelerado de sacrificio, tal vez demasiado peso para posarse en el lomo de una promesa que no traía Inferiores.

Es que al Lobo arribó con edad de Quinta División y obtuvo un lugar en la pensión. Cuando fue convocado a la primera pretemporada, invirtió sus ahorros en botines nuevos. Y cuando estaba por subir al micro… "Un día antes le dicen que no hay lugar. Quedó solo en la pensión, entrenando con los que no viajaron. Lloró una semana entera", le contó Lucy, la encargada de la pensión de Gimnasia, al Diario Época, de Corrientes.

(Télam)
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"Le dije que se preparara que, cuando ellos volvieran, él tenía que estar a la par de los demás. Así fue", completó la "segunda mamá".

Hoy ese retoño que se deshizo en lágrimas por aquella frustración, a los 25 años alcanzó el status de jugador de Selección. El niño que se divertía en Cambá Porá, el hijo de Mezita, es el embajador deportivo de Caá Catí. Y, tal vez, en tres meses sea un representante de esos 7.000 habitantes ni más ni menos que en un Mundial.

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