Sergio Moro, el hombre que metió preso a Lula, no va a necesitar camuflarse el próximo jueves en el Monumental. River se juega esa noche el título de la Recopa Sudamericana ante Atlético Paranaense, el club del que es apasionado hincha el ministro de Justicia de Brasil. Y, paradójicamente, él y Patricia Bullrich, tendrán mucho que agradecerle a la batalla campal de seis meses atrás en la final de la Copa Libertadores entre River y Boca en las inmediaciones de ese mismo estadio. Es en parte gracias a aquel desastre que hoy tienen algo para mostrar.

Eran otros tiempos: veinte meses atrás, cuando era temido y temible juez y ni soñaba con ser mano derecha de un Jair Bolsonaro en la presidencia, Moro debió esconderse bajo una gorra y anteojos oscuros para poder gritar como un hincha más en un triunfo sobre el Fluminense en la Arena da Baixada. La semana próxima gritará campeón o aceptará la derrota, pero a la mañana siguiente, el viernes 31, deberá estar listo para seguirle el paso a Bullrich, la ministra decidida a que ni un solo barra brava argentino arruine la Copa América en Brasil.

Tres días después, el lunes 3, Bullrich volverá a encontrarse con Moro, esta vez para quemar juntos un campo de marihuana en Paraguay. "Es un hito muy importante para nosotros. Estos desmontes de marihuana antes los quemaba la DEA, pero ahora lo hacemos nosotros. Es en Pedro Juan Caballero, una zona muy violenta y muy complicada, cerca de la frontera con Brasil. En octubre vamos a quemar otro más en Paraguay, muy cerca de Posadas".

Bullrich y Moro tienen, así, mucho en común, no en vano ambos son rostros de la "mano dura" de sus respectivos gobiernos. Los dos quieren una Copa América en paz, y para eso es necesario que los barras no la arruinen. Guillermo Madero, el secretario de Seguridad de Espectáculos Deportivos, sabe que no va a lograrse para el torneo que comienza el 14 de junio en Sao Paulo, pero tiene un objetivo entre ceja y ceja para la Copa América que el año próximo co-organizarán la Argentina y Colombia.

"Queremos una base de datos sudamericana de barras bravas, la van a concentrar los países del Mercorsur con el sistema SIME", dijo Madero a Infobae. ¿Qué es el SIME? Es el Sistema Integrado Mercosur, un sistema tecnológico de intercambio de información. "Ese sistema va a funcionar el año que viene", insiste Madero. Esa base de datos contará con las listas de hinchas violentos y con admisión prohibida a los estadios. La Argentina tiene ya 5.000 nombres en esa lista. Un año atrás eran 3.000, y Bullrich cree que faltan 10.000 por registrar.

Es mucho, muchísimo, el trabajo por hacer, porque además de Argentina, solo Brasil, Uruguay y Chile tienen esos listados. Paraguay cuenta con uno parcial y en el resto de los países aún están pendientes. Ni hablar de Venezuela, país con el que se trabaja a nivel de reuniones de federaciones en la Conmebol, pero con el que buena parte de la región tiene las relaciones diplomáticas a niveles subterráneos.

Bullrich quisiera que el sistema ya esté en marcha el mes próximo, pero la imposibilidad de que eso se logre es absoluta. Así y todo, en el Ministerio de Seguridad están entusiasmados con el dato de que la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) se haya sumado por primera vez a la prevención para garantizar la seguridad en los torneos. La Conmebol (y así lo hacían casi todas las confederaciones) argumentó históricamente que ellos solo se encargaban de organizar un torneo de fútbol. El tema de la seguridad, alegaban, era competencia de los gobiernos anfitriones.

La teoría se hizo añicos en el final de 2018, cuando la mejor final de la historia de la Libertadores se convirtió en el mayor papelón de la historia del torneo. Un golpe de mala imagen a nivel mundial y un negocio parcialmente devaluado, aunque el partido decisivo terminara jugándose en Europa. "Fue un punto de inflexión. La Conmebol se dio cuenta de que le habían arruinado el torneo", señaló a Infobae un integrante del ministerio de Bullrich.

Escarmentado, Alejandro Domínguez, el hábil paraguayo que preside la Conmebol, decidió que esta vez no se puede hacer el distraído. Es por eso que el viernes 31 estará en Buenos Aires con Bullrich, Moro y otros ministros del área para ajustar detalles del operativo de seguridad de la Copa América que consagrará un campeón el 7 de julio en el Maracaná.

El sueño de Bullrich y Moro es el Fan ID, el sistema de identificación de hinchas que Rusia implementó en el Mundial de un año atrás. "Si Brasil tiene bien armaditas las fronteras no vamos a tener problemas, pero al no contar con un Fan ID no vamos a tener los mismos recursos", admite la ministra. "Nosotros podríamos darle un carnet a cada hincha, pero se necesita tecnología en los estadios, y eso es un tema también de la Superliga".

La Copa América es, históricamente, muy diferente a la Eurocopa. Sobre el torneo sudamericano hay casi siempre un halo de improvisación, y Brasil 2019 no es la excepción. Bullrich habló, durante un encuentro esta semana con un grupo reducido de periodistas, de que Brasil hará "reconocimiento facial en los estadios", pero no está claro cómo se implementará ese sistema ni si será generalizado o solo dirigido a grupos y personas específicas. Es, asegura la ministra, lo mismo que sucede con el reconocimiento facial que se está aplicando en el país: "Hoy es imposible reconocer a todos en la calle, no hay una base de datos para reconocer a todos. Hay una base de datos de prófugos, pero lo que se tiene registrado en el Renaper no alcanza para comparar fotos".

Así, mucho depende de la sintonía entre Moro y Bullrich, que parece óptima: la semana que viene buscarán aprobar un acuerdo para que la Policía de ambos países pueda continuar persecuciones de delincuentes incluso más allá de sus respectivas fronteras. La otra idea que quieren concretar es que Estados Unidos se sume a Brasil, Paraguay y Argentina para controlar la zona de la Triple Frontera y reeditar, así, el grupo 3+1 que dejó de funcionar durante los años del kirchnerismo y el PT de Lula. Pero antes está el fútbol. A Bullrich, hincha de Independiente, no le va a preocupar demasiado si Moro festeja en el Monumental. Todo sea por las mejores relaciones bilaterales y por una Copa América en paz.

SEGUÍ LEYENDO: