Todas las mañanas, frías o calurosas, lluviosas o húmedas, el grupo se juntaba a desayunar en lo de Tita Mattiusi. Ella era la hija del viejo canchero. Vivían en el estadio, debajo de lo que ahora es la Platea D, y que en aquellos años sesenta era el Sector C.

El tiempo habría de convertir a Tita en un emblema maternal del Racing Club de Avellaneda. Rubén Osvaldo Díaz era un integrante de la veintena de jugadores que venían de la inferiores y de tanto llevar las medialunas calientes de la panadería que su padre tenía en Lanús logró dos cosas: ser para todos los tiempos "El Panadero Diaz" y participar del rito místico que sólo los jugadores de Primera realizaban, aún cuando no había llegado hasta ahí. Era un ámbito sagrado, no ingresaba siquiera el querido Juan José Pizzuti, el famoso conductor de aquel inolvidable Racing.

Para lograr que Perfumo, Basile y hasta el propio Pastoriza, que siendo jugador de Independiente igual iba a desayunar a lo de Tita, compartan el ámbito, las sonrisas y ciertas anécdotas, se requerían las condiciones de aquellos hombres leales, solidarios, capaces de transformar el compañerismo en amistad.

(NA)
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Muchas madrugadas de martes tras largas noches de lunes libres, algunos de estos jugadores preferían ir a dormir a las camillas de los vestuarios que a sus casas, pues se evitarían la duración de dos viajes: el de regresar al hogar y el de presentarse puntualmente al entrenamiento.

Todos eran solteros igual que su director técnico a quien solían ver en los mismos lugares de música, copas y cercanos contertulios seductores en la barra o en las mesas. Los jugadores podrían estar juntos y de a pares; pero no saludaban a Pizzuti sabiendo que este los había visto, de manera tal que las obligaciones quedaban claras, había que llegar temprano al entrenamiento previo desayuno en lo de Tita y si fuera posible ponerse a la cabeza de la fila en el trote inicial de esa mañana. Se "mataban" por hacer punta. Y allí se los veía a Roberto Perfumo, a Coco Basile y al Pana Diaz por delante de quienes habían cenado y dormido en sus casas: Rulli, Maschio, Martin, J.J. Rodriguez, Cárdenas, entre otros…

Para estimularse había que hacerlo "entrar" al Panadero, éste querido amigo que acaba de dejarnos, con alguna broma que lo incentivara: "Pana le escuché al Profe decir que si no corres esta semana el domingo va Chabay, dale, matate y ahí se iba el Pana acelerando hasta que exhaustos le gritaban desde atrás "para Pana que es una joda"…

Ese Racing del ´66 y ´67 fue indestructible porque había logrado éste grado de compromiso y solidaridad. Y por cierto, ganó todo cuanto se le puso por delante incluyendo al Celtic en 1967 por la Copa Intercontinental al cabo de los tres partidos…

Rubén Diaz fue un enorme compañero y un gran amigo . Fue amado por las hinchadas de Racing y del Atlético de Madrid, club en el que jugó cuatro años desde 1973 hasta 1977 y durante los cuales fue campeón de Liga, Copa del Rey y finalista de lo que es la Champions League frente al Bayern Munich con empate a uno y que obligó 48 horas después a jugar el desempate en el que el equipo de Luis Aragones cayó por 4 a 0.

No tenía alma de líder, de director técnico, no sabía dar órdenes, ni dejar de ser quien era. No podía pasar sin sonreír, meter un bocadillo, contar un cuento y exagerar situaciones que lo tornaban agradable para compartir después del trabajo en el campo el mate, la mesa o la tertulia nocturna. Y justamente por eso Ramón Cabrero lo llevó como su ayudante a Italiano en 1985.

(EFE)
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Después lo recomendó para la Cuarta de Racing y cuando Coco Basile se hizo cargo de la Selección en el 91' lo adhirió a la piel de su hombro derecho, fueron inseparables. Se conocían desde los ´60 como jugadores novatos y 25 años después pudieron volver a recorrer juntos la vida profesional.

Nunca asistí a un diálogo entre ellos que no tuviera remate de chiste. Algunos eran chascarrillos ingenuos como por ejemplo: "Vos sos de Gerli, clase económica social alta, no digas que sos de Lanús porque tu viejo tenía negocio, la tenían atada, no como nuestros viejos que iban a laburar a las cinco, vos no… vos sos de Lanús, vos sos cajetilla, sos de Gerli"… le gritaba Coco.

"No señor", respondía el Panadero, "yo soy de Lanús y a mucha honra"… y podían pasarse diez mates discutiendo esta bobada que provocaba distensión entre quienes les rodeaban y también una sonrisa infantil.

El "Pana" tiene anécdotas solo comprensibles en el contexto de una generación. Por ejemplo allá por el `87, cuando Racing fue a un jugar una serie de amistosos. Se lesionó el "Pato" Fillol y su suplente que era Julio Cesar Balerio estaba roto. No había tercer arquero y faltaban unos 6 minutos. Coco le preguntó: ¿Te animas Pana? Rápidamente el Panadero salió del banco. Llevaba puesto un pantalón buzo largo, zapatillas de entrenamiento, una camisa y obviamente le dieron los guantes. El árbitro preguntó: "¿Este señor es el cambio?"

"", se escucho el vozarrón de Coco. Y el querido Panadero fue al arco con más convicción que el Pato Fillol.

"Cuidado al centro, cuidado al corner, hagan hombre, hagan hombre y salgan rápído, cuando salga la pelota aléjense del Pana", gritaba el Coco.

Viene el centro desde la derecha, sale el Panadero con seguridad y cuando atrapa el balón en lo alto se le cae del bolsillo de la camisa un paquete de cigarrillos Le Mans que llevaba consigo. Por cierto el juez de línea advirtió al referí y le decomisaron el paquete de tabaco que el Pana se negaba a entregar.

(NA)
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Otra: dirigían en México y jugaba el América con el Pachuca. Lo expulsan a Coco y tarda en salir para hacer tiempo. Su equipo, el América, ganaba por 1-0. Por cierto que la salida de Basile se hace lenta y exacerbante para el árbitro que debe ir a apurarlo un par de veces. Cuando está cerca del túnel le grita al Pana, su amigo de toda vida, "hace un cambio Pana, hace un cambio, sacá al 9, y vuelve sobre sus pasos, sacá al 9". El Pana le da el comprendido.

-¡!Cambio referí!!.-

El árbitro detiene el partido para realizar el cambio y Basile, a quien se creía ya afuera, empuja a un policía para gritarle al Pana desde más cerca: "No Pana, la puta que te parió, a ese no, a ese no"…

Díaz entendió, posiblemente en el apuro, que había que sacar a Zamorano y poner a Calderón o sea 9 por 9. Y obviamente lo que Coco y el partido le pedían era sacar un delantero y poner un defensor para asegurar el 1-0.

La cena fue un espectáculo sobre cómo dos amigos podían disfrutarse aun en el error convirtiendo simplemente una equivocación en una broma. Que obviamente nunca dejó de recordarse…

(Télam)
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No es la única. Una medianoche en Madrid durante el programa radial "El larguero", Coco y el Pana estaban en el restaurante De María prolongando como siempre la cena. Grandes degustadores ambos de buenos whiskys escoceses con la pitada incesante de aquellos cigarrillos norteamericanos de aromático humo y tras un buen tinto de La Rioja o del Duero aceptaron la entrevista telefónica.

Fue así que lo estaban reporteando por el programa más escuchado de España y a pesar de la hora, ya cerca de la una de la mañana, lo cruzan a Jesús Gil y Gil, presidente del Atlético de Madrid. La discusión al aire y en vivo subió tanto de tono que el dirigente los despidió por radio diciéndoles algo así como "a la hora que la gente se levanta para ir a trabajar vosotros os acostais, se acabó"…

La respuesta de Basile no se hizo esperar:

Vea presidente, yo me cago en el contrato, me escuchó, si quiere me voy ya mismo y métase el contrato en el culo

Rápidamente el Panadero Díaz, que estaba al lado, se metió en el micrófono para aclarar: "vea Jesús, éste se caga en el contrato, yo no, si me echas el mío me lo tenés que pagar entero, ¿me entendiste?"

(Télam)
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Los jugadores de las selecciones valoraban al Pana. Era la versión opuesta en cierto sentido al Profe, a Coco y al Ruso Ribolzi. Casi podría decirse afectuosamente que lo aceptaban como un compañero más. Leal, incapaz de comentarle a los demás alguna cuestión transgresora, antes bien supo ganarse la confidencialidad de todos los grupos en los que asistió al Coco Basile. Tenía mucha porteñidad pero alguna dosis de ingenuidad.

El Panadero Díaz fue el único caso que se conoce de ir al corazón de una tribuna y pelearse con barras que hostigaban a su amigo Basile. Le pasó en San Lorenzo con alguien a quien llamaban "el Gordo Bonadeo" por el parecido físico con el ilustre colega; y también en Racing con un tal "Chavo del 8" por las mismas razones de alguna similitud física, tal la falta de originalidad en ambos casos.

-¿Donde está el Pana?, ¿dónde está el Pana?, preguntaba Basile a punto de dar la charla técnica. "Ahora viene, fue a la tribuna a buscar a los que te putean: Quedate tranquilo, les da un par de piñas y vuelve enseguida"…

Era así. De aquellos hombres que sentían la obligación de pelearse si alguien tocaba a un amigo. Y que generaban que un amigo jamás lo dejase.

Estaremos velando a Ruben Díaz, el "Pana". Lo veremos como jamás imaginamos: quieto, serio, sin la vivacidad de sus ojos, sin su mano abierta lista para ofrecer amistad, sin la sonrisa blanca de su ingenua frescura, sin los ayeres de la entrega total del principio hasta el final de cada encuentro.

Si, despediremos al Panadero Díaz quien ha vestido tres camisetas pero que solo es identificable con aquella en la que se hizo hombre y crack. Esa camiseta es la que vestirá por siempre su pecho pétreo y enchido, es la camiseta del Racing Club, la que lucirá durante el viaje celestial que lo deje en el paraíso merecido.