Secuestros virtuales: cómo no caer víctima de llamados extorsivos

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Suena el teléfono en medio de la noche. Al atender, se escuchan llantos y una voz asegura que se trata del lamento de un familiar o amigo, secuestrado y bajo su poder. Para liberarlo, exige el pago de un rescate en efectivo o la entrega de objetos de valor. Aunque todo es una mentira y no hay nadie privado de su libertad, la víctima cae en el ardid y accede a pagar. Así, los delincuentes se hacen del botín mediante un secuestro virtual, es decir, sin haber retenido nunca a nadie contra su voluntad.

Solo en la Ciudad de Buenos Aires se registraron 1119 denuncias por casos de secuestros virtuales el año pasado, según estadísticas de la Dirección General de Análisis Criminal de la Procuración. En la mitad de esos casos se pagaron rescates. "En esto hay una cifra negra. Diría que solo se denuncian 3 de cada 10 casos", sostuvo el abogado penalista Gabriel Iezzi en diálogo con DEF. "Generalmente, hay vergüenza en la gente por haber caído en el engaño; muchas veces ni siquiera cuentan a sus familiares lo sucedido", añadió.

Iezzi subrayó la importancia de vencer estos miedos y denunciar para permitir la detención de las bandas de delincuentes. "En la medida en que se judicializa, se puede armar una reiteración, un concurso de delitos, porque lo primero que hace la justicia es certificar si hay otras causas con similares características a la de la banda en cuestión. En muchos casos, la primera denuncia es la que dispara la detención", destacó.

El recorrido judicial que siga, dependerá de la decisión del fiscal o del juez que intervenga en el caso. "Algunos lo ven como una extorsión y otros como una estafa por el engaño que se emplea para desapoderar a quien atiende el teléfono", detalló el letrado.

La llamada extorsiva
Aunque en todos los casos se caracterizan por el engaño, las llamadas extorsivas pueden tener distintas características a las que conviene estar atentos para evitar convertirse en víctima. Los destinatarios del llamado, según detalló Iezzi, son elegidos por el prefijo telefónico, lo que les permite determinar una zona.

La madrugada, la hora preferida por los delincuentes, porque encuentran confundidas a sus víctimas. Foto: Fernando Calzada/DEF.
La madrugada, la hora preferida por los delincuentes, porque encuentran confundidas a sus víctimas. Foto: Fernando Calzada/DEF.

"Las bandas tienen distintos integrantes, con diferentes roles: la llorona, el que llama, y los que salen a buscar el dinero o las joyas. Estos últimos son los que se ubican en el perímetro de la persona a la que llaman. El prefijo les permite conocer la zona, y, mediante herramientas como Telexplorer, en internet, llegan a determinar el lugar exacto, la casa, el edificio de la víctima", explicó Iezzi.

Un truco común al que recurren los delincuentes es hacerse pasar por un médico o policía que llama para avisar que un ser querido se ha accidentado.

Otra modalidad es la de poner al teléfono a una persona llorando, que simula ser el secuestrado que pide ayuda. Para ello, siempre hay un miembro de la banda que se especializa en estas actuaciones.

A partir de cierta información básica, como nombre y apellido, el delincuente comienza a hacer preguntas para recabar más información personal que es utilizada para el mismo engaño. "Lo primero es no dar datos ni nombres cuando se atiende el teléfono. Quienes llaman son muy hábiles, logran sacar el nombre del nieto, del hijo, y a partir del primer dato que llaman, construyen la historia", apuntó Iezzi.

Cuando la víctima cae en la mentira y responde a las preguntas, aparecen las amenazas y extorsiones con exigencia de entrega de dinero, objetos de valor o joyas a cambio de la liberación del supuesto secuestrado. Por eso, se recomienda intentar corroborar por otra vía que el familiar, que supuestamente está secuestrado, está bien.

Lo primero es no dar datos ni nombres cuando se atiende el teléfono

En una modalidad más reciente, que no incluye la amenaza de un secuestro pero sí un engaño de similares características, los delincuentes llaman a personas mayores y los convencen de que se comunican desde el banco porque los billetes de cien dólares van a dejar de circular y que deben retirar de circulación los que la víctima (quien atiende el teléfono) tiene en su poder para cambiárselos por la supuesta nueva edición. "Se ofrecen a ir a la puerta de la casa de los abuelos a retirar los billetes o hasta los acompañan a la sucursal bancaria y se quedan con el dinero de sus cajas de seguridad", detalló Iezzi.

"Lo importante es no confiar en que uno solo puede hacerle frente a esto y llamar rápidamente al 911", concluyó el especialista.

Recomendaciones
Al atender el llamado, no brindar ninguna información personal –ni de familiares– sobre actividades que se realicen o de los bienes que se posean.

En cambio, solicitar a quien llama datos de la persona que alegan que tienen secuestrada: su descripción física, vestimenta, características distintivas, etc.

Si se hacen pasar por médicos, bomberos o policías, es importante pedir que se identifiquen, con sus datos personales, cargo y lugar donde trabaja.

Advertir a los niños en el caso de que estos acostumbren a atender el teléfono, para que no den esa información a desconocidos.

Más allá de cualquier amenaza que se pueda recibir por teléfono, cortar inmediatamente la comunicación, tratando en lo posible, de anotar el número de teléfono desde el cual lo han llamado.

Tratar de ubicar a sus familiares por otra vía. Si no puede hacerlo, comuníquese con otras personas que puedan a su vez ayudarlo a contactarse.

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*La versión original de esta nota fue publicada en la Revista DEF N.123

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