“A pesar de lo que nos pasó, no cambiamos una conducta”: una tradicional librería porteña exhibe los libros que la dictadura les prohibió

Marisú Hernández, dueña del local cultural cerrado en 1977 por el gobierno militar, conversó con Infobae Cultura y contó aquella historia en vísperas de un emblemático aniversario

La Librería Hernández exhibe los libros que la dictadura les prohibió (Fotos: Adrián Escandar)

Marisú Hernández tenía 21 años el 28 de enero de 1977. Ese día le cerraron la librería en la que trabajaba toda la familia. Fue un año entero la clausura, hasta diciembre. Libros subversivos, dijeron. A la Librería Hernández la fundaron Damián Carlos Hernández y Emilce García en 1956. Trabajaban ahí sus tres hijas; Marisú es la más chica. Primero estuvo en Corrientes 1580 y en 1973 se mudaron adonde está hoy. Aquel día del 77 los militares se llevaron 7800 libros. Dos meses después volvieron por más.

Fue una denuncia anónima. Los milicos volvieron porque se enteraron que la librería tenía un depósito lleno de estantes. Cuando entraron no podían creer la cantidad de libros. Libros subversivos. “Este año decidimos exhibirlos de frente, en un sector especial donde la gente los pueda ver. Y en otra mesa pusimos todos los libros sobre derechos humanos, juicios, desaparecidos, madres, abuelas, nietos. Los vamos rotando por la cantidad de material que se ha editado del 83 a esta parte”, cuenta Marisú.

Marisú Hernández tenía 21 años cuando la dictadura allanó la librería

Marx, Lenin, Mao, Trotski, Perón, Evita, Ho Chi Minh, Marcuse, Sartre, Fidel Castro, David Viñas, Spilimbergo, Kautsky, Gregorio Selser, David Rapaport, Noé Jitrik, Bernard Dort son algunos de los tantos nombres que figuran entre los libros prohibidos.

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Hernández, que está cumpliendo setenta años, es una librería que, en palabras de Marisú, “siempre tuvo una línea, una conducta, una posición”

Las cosas no volvieron a ser igual. Ese día se llevaron a Eduardo Mora, cuñado de Marisú, y lo largaron en seis meses. Sus padres, los fundadores de la librería, se exiliaron en Uruguay. “Lo ocurrido hace 49 años en la librería y 50 años en todo el país fue una cosa planeada: no solamente desaparecieron gente, robaron niños, mataron y secuestraron, también fueron hacia la cultura, hacia la educación, hacia la formación de la gente. Esto también le pasó a editoriales como Centro Editor y a librerías como Trilce”.

Hernández, que está cumpliendo setenta años, es una librería que, en palabras de Marisú, “siempre tuvo una línea, una conducta, una posición”: “Por más que tenemos material plural, siempre nos dedicamos más temas como historia, política, sociología, psicología, educación. La gente que viene a esta librería en parte saben a qué vienen, qué quieren, qué buscan. Contar la historia de la librería ha movilizado a mucha gente que estuvo acá, o que compraba acá, incluso muchos se enteraron así”.

Marisú Hernández en el sótano de la librería

Marisú Hernández salva vidas y lee libros, ¿o salva libros y lee vidas? Todas las mañanas está en la gran librería familiar —trabajan ahí sus hermanas, su hija, sus sobrinos—, patrimonio nacional, en Corrientes 1436, y algunas tardes atiende pacientes en su consultorio: es médica clínica. Hasta 2001 fue al revés: se dedicaba fundamentalmente a la medicina y cuando podía iba a la librería. Pero la balanza pesó más de un lado. Hoy sigue con los pies en los dos charcos: salva vidas y lee libros, ¿o salva libros y lee vidas?

“Otras librerías tendrán otra impronta, pero nosotros, a pesar de lo que nos pasó, no modificamos una línea, una conducta, una postura”, dice la librera

“Otras librerías tendrán otra impronta, pero nosotros, a pesar de lo que nos pasó, no modificamos una línea, una conducta, una postura”, dice la librera y piensa cómo esa historia y este nuevo aniversario del golpe de Estado tensiona con el presente y hace ecos con las políticas de Javier Milei y La Libertad Avanza. “Lo que está haciendo este gobierno desde que tomó el poder es tratar sacar todo lo que sea cultura. Es bien sabido todo lo que ha hecho con cantantes, con películas, con desfinanciar el cine”.

“Esto lo dijo en lo personal: este gobierno tiene una actitud muy similar a lo que ocurrió antes. Sabemos bajo qué gobierno estamos actualmente”, sostiene.

"El libro es irremplazable", sostiene Marisú Hernández

Marisú sigue creyendo en los libros. Pero reconoce que es un artefacto a destiempo. “La mayor potencia del libro fue en los años setenta cuando la gente joven y no tan joven sabían que la única manera de poder entender un montón de cosas era leyendo. Para mí el libro tiene un lugar preponderante ahora, que es para formarse, y lo va a tener siempre. Me refiero al libro en papel, no a leer en la computadora. Uno puede salir del apuro con un e-book, pero al libro no lo van a reemplazar... El libro es irreemplazable”.

(Fotos: Adrián Escandar)

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