Qué dicen las “Bases” originales, en que se apoya Milei

Se trata del ensayo que escribió Juan Bautista Alberdi y que es el fundamento ideológico de la Constitución. Facultades delegadas, libertad a los capitales, inmigrantes, educación. Aquí las ideas principales

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Milei y las "Bases" que escribió Alberdi.
Milei y las "Bases" que escribió Alberdi.

Sí, claro, la ley “Bases” se llama así -Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos- porque alude, cita, recuerda, se propone como hija de ese libro fundante para la historia argentina que es Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. Era 1852, acaba de caer Juan Manuel de Rosas, el horizonte se abría la para la Argentina, o así lo creía Alberdi.

Ese horizonte, decía Alberdi, tenía que ser de riqueza: la Argentina tenía todo para lograrlo. Y eso son las Bases... un conjunto de principios sobre los que armar las leyes que hicieran posible esa riqueza. Como se sabe, Alberdi termina sus Bases haciendo una propuesta para la Constitución que terminó siendo muy parecida la Constitución que se votó un año después. Alberdi era liberal a ultranza, quería dejar atrás el proteccionismo colonial, abrir las fronteras, dar paso a los capitales y las personas -europeos, dice, y todavía eso está escrito en la Constitución- que vinieran a trabajar. “La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata”, escribirá más tarde, en otro libro, titulado Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina. Esa es la idea: las leyes no son fines en sí mismas sino medios para algo. ¿Sirven los medios de Alberdi -o los de Milei- para crear riqueza y bienestar? Esa es otra discusión.

“La patria debe mucho a sus nobles corazones pero más deberá en lo futuro a simples comerciantes y a economistas prácticos”.

Un ejemplo: en la defensa de la libertad de los capitales, pide que no se regulen los préstamos. Que se pueda prestar en las condiciones que decida el que presta. Escribe: “Quiere uno fijar libremente el interés de vuestro capital y la ley civil antigua pone trabas a la libertad del interés y aleja los capitales que la Constitución quiere atraer”.

Siempre con la prosperidad en la cabeza y como guía, Alberdi dirá -esto le gustaría Milei- que la democracia está bien pero que hay que tener una cabeza fuerte. lo dice así: “Una simple cosa distingue al país civilizado del país salvaje; una simple cosa distingue a la ciudad de Londres de una toldería de la Pampa: y es el respeto que la primera tiene a su gobierno, y el desprecio cínico que la horda tiene por su jefe”.

"Bases", de Alberdi, con descarga gratuita
"Bases", de Alberdi, con descarga gratuita

En este sentido, llegado el caso, el autor del borrador de la Constitución argentina cree que hay que dar poderes especiales al Ejecutivo: “Un presidente constitucional que pueda asumir las facultades de un rey en el instante que la anarquía le desobedece como presidente republicano”.

Qué dicen las Bases

Alberdi, entonces, trata de despegar a estas provincias -que todavía tardarían décadas en estar realmente unidas- de su pasado colonial y acercarlas a su modelo: Inglaterra. Dirá que es necesaria la educación, pero sobre todo la educación industrial (y que el Estado la tiene que solventar). Dirá su famosa frase: gobernar es poblar y poblar bien, con aquellos que conocen la industria.

Alberdi creía que quienes habían hecho leyes para la Argentina todavía no entendían eso. Por eso escribipo: “Los dos altos fines de toda asociación política, decía la Comisión que redactó el proyecto de 1826, son la seguridad y la libertad”. Pero eso porque España, la colonia, estaban demasiado cerca. Ahora que la independencia está firme, Alberdi quiere una Constitución para la riqueza y entiende que gran parte de la riqueza se basa en abrir las puertas a la inmigración. Apoya a muerte la libertad religiosa y el reconocimiento de matrimonios no católicos. No lo hace por su espíritu libre sino que que está pensando en los ingleses, que son protestantes. “La libertad es una máquina que, como el vapor, requiere para su manejo maquinistas ingleses de origen”, escribe. Entonces, muchachos, no vengan con asuntos religiosos que, en el fondo también son políticos. España garantizaba su privilegio también privilegiando a los católicos. ¡Afuera!

Juan Bautista Alberdi, un liberal a ultranza.
Juan Bautista Alberdi, un liberal a ultranza.

Hagámola fácil, piensa Alberdi. Y sostiene que no es buena para este país una ley que impida conservar la vieja nacionalidad si se adopta también la de estas tierras. Es un ejemplo de cómo una ley puede ser buena o no, según el momento: queremos que vengan, que sean argentinos de pleno derecho y que si quieren seguir siendo ingleses, adelante.

Liberal, dijimos. Aca viene. Alberdi critica la Constitución de 1826 porque “no garantizaba por una disposición especial y terminante la libertad de la industria y del trabajo, esa libertad que Inglaterra había exigido como principal condición en su tratado con la República Argentina”.

También dice que esa Carta Magna “no garantizaba bastantemente la propiedad” y que eso, claro “afecta el progreso” del país.

Y, apenas arrancan las Bases, postula: “La patria debe mucho a sus nobles corazones y espíritus altamente cultivados en ciencias morales; pero más deberá en lo futuro, en materias económicas, a simples comerciantes y a economistas prácticos, salidos del terreno de los negocios”.

Empresas del Estado

En su libro más económico -Sistema económico y rentístico..- Alberdi habla de manera contundente de las empresas del Estado. Dice directamente: “La idea de una industria pública es absurda y falsa en su base económica”.

Dice que una ley que ponga al Estado en ese tipo de asunto, “convierte al gobierno del Estado en comerciante”. Y entonces: “tenemos al gobierno de labrador, de fabricante o de mercader; es decir, fuera de su rol esencialmente público y privativo, que es de legislar, juzgar y administrar”.

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Sostiene que el Estado no está ahí para crear ganancias sino para hacer justicia. Y que cuando hace negocios lo hace de manera desigual, porque tiene el poder del Estado. Concluye Alberdi: “Un comerciante que tiene un fusil y todo el poder del Estado en una mano, y la mercadería en la otra, es un monstruo devorador de todas las libertades industriales, ante él todo comercio es imposible.”

La educación

Otro aspecto que Alberdi considera fundamental la educación pública. No cualquier educación, pero sí que dejemos de ser “pobres, incultos y pocos”, dice. Escribe: “La Constitución de California hace de la educación pública un punto capital de la organización del Estado″. Sin embargo, no piensa en educación letrada para todo el mundo. Lo suyo es la producción de riqueza, el trabajo. Así que dice: “No es el alfabeto, es el martillo, es la barreta, el arado, lo que debe poseer el hombre del desierto, es decir, el hombre del pueblo sudamericano”.

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Para la educación quiere algo más práctico que teórico. Más hacia la industria que hacia la filosofía. Y acá vienen algunas frases que hay que tomar con cautela. Como esta:

La instrucción primaria dada al pueblo más bien fue perniciosa. ¿De qué sirvió al hombre del pueblo el saber leer? De motivo para verse ingerido como instrumento en la gestión de la vida política, que no conocía; para instruirse en el veneno de la prensa electoral, que contamina y destruye en vez de ilustrar; para leer insultos, injurias, sofismas y proclamas de incendio, lo único que pica y estimula su curiosidad inculta y grosera”.

¿Es que Alberdi 1uiere anular la escuela primaria? En Bases dice que no: “No pretendo que deba negarse al pueblo la instrucción primaria, sino que es un medio impotente de mejoramiento comparado con otros, que se han desatendido”.

Inmigrantes

Y ahora sí vuelvo a la inmigración: ahí viene su frase más famosa, su fórmula, que tiene la contundencia de un tuit: “Gobernar es poblar”, ha dicho Alberdi. Porque “¿qué nombre daréis a la Constitución de ese país? La Constitución de un desierto. Pues bien, ese país es la República Argentina; y cualquiera que sea su Constitución no será otra cosa por muchos años que la Constitución de un desierto”.

Entonces se hace la pregunta básica, la que hay que hacer cuando se tiene un diagnóstico preciso: “¿Qué Constitución necesita ese desierto?”. Alberdi no duda: “La que sirve para hacerlo desaparecer; la que sirve para hacer que el desierto deje de serlo en el menor tiempo posible, y se convierta en país poblado.

Llegada inmigrantes a Buenos Aires a fines del siglo XIX
Llegada inmigrantes a Buenos Aires a fines del siglo XIX

Dijimos que no le daba lo mismo cualquier población. Primero lo dice con todas las letras pero después lo dirá a los gritos. Si antes dijo que la libertad, necesitaba conductores ingleses, más adelante dirá: “Combinad de todos modos su población actual, no haréis otra cosa que combinar antiguos colonos españoles. Españoles a la derecha o españoles a la izquierda, siempre tendréis españoles debilitados por la servidumbre colonial, no incapaces de heroísmo y de victorias, llegada la ocasión, pero sí de la paciencia viril, de la vigilancia inalterable del hombre de libertad”.

Bueno, españoles —y sus descendientes— no. ¿Otros?

En París, en 1879, Alberdi se explica, en un texto que aparece en las ediciones de Bases...: “Poblar es civilizar cuando se puebla con gente civilizada, es decir, con pobladores de la Europa civilizada” (...) “Pero poblar no es civilizar, sino embrutecer, cuando se puebla con chinos y con indios de Asia y con negros de África”.

¿Cualquier europeo? No: “Poblar es apestar, corromper, degenerar, envenenar un país, cuando en vez de poblarlo con la flor de la población trabajadora de Europa, se le puebla con la basura de la Europa atrasada o menos culta”.

Bueno, se ve la idea. Alberdi sabe cuál es su proyecto y apuesta a quienes cree que pueden llevarlo adelante. Se trata de eso.

Las leyes, deja clarísimo, se hacen para algo. No son perfectas y divinas sino que están redactadas según el momento y según convenga. Que no a todos nos conviene lo mismo es otra cosa.

Las “Bases”, de Alberdi, en quince frases

1. “No basta que la Constitución contenga todas las libertades y garantías conocidas. Es necesario, como se ha dicho antes, que contenga declaraciones formales de que no se dará ley que, con pretexto de organizar y reglamentar el ejercicio de esas libertades, las anule y falsee con disposiciones reglamentarias”.

2. “Si la población de seis millones de angloamericanos con que empezó la República de los Estados Unidos, en vez de aumentarse con inmigrados de la Europa libre y civilizada, se hubiese poblado con chinos o con indios asiáticos, o con africanos, o con otomanos, ¿sería el mismo país de hombres libres que es hoy día?”.

3. “El suelo pobre produce al hombre rico, porque la pobreza del suelo estimula el trabajo del hombre al que más tarde debe éste su riqueza. El suelo que produce sin trabajo, sólo fomenta hombres que no saben trabajar. No mueren de hambre, pero jamás son ricos”.

Las "Bases" de Alberdi, vigentes.
Las "Bases" de Alberdi, vigentes.

4. “La tierra es la madre, el hombre es el padre de la riqueza. (...) No hay producción de riqueza si la tierra no es fecundada por el hombre. Trabajar es fecundar”.

5. “En ese período, en que la democracia y la independencia eran todo el propósito constitucional; la riqueza, el progreso material, el comercio, la población, la industria, en fin, todos los intereses económicos, eran cosas accesorias, beneficios secundarios”.

6. “Todo ha cambiado en esta época: la repetición del sistema que convino en tiempos y países sin analogía con los nuestros, sólo serviría para llevarnos al embrutecimiento y a la pobreza”.

7. “La ocupación de la guerra, aciaga a estos países desolados por el abuso de ella, era título para obtener ciudadanía sin residencia; y el extranjero benemérito a la industria y al comercio, que había importado capitales, máquinas, nuevos procederes industriales, no era ciudadano a pesar de esto, si no se había ocupado en derramar sangre argentina o extranjera”.

8. “Naciones en formación, como las nuestras, no deben tener exigencias que pertenecen a otras ya formadas; no deben decir al poblador que viene de fuera: –Si no me pertenecéis del todo, no me pertenecéis de ningún modo. Es preciso conceder la ciudadanía, sin exigir el abandono absoluto de la originaria”.

9. “Ese descubierto dejado a la propiedad afectaba el progreso del país, porque ella es el aliciente más activo para estimular su población”.

10. “(sobre Uruguay) La Constitución oriental carece de garantías de progreso material e intelectual. No consagra la educación pública como prenda de adelantos para lo futuro, ni sanciona estímulos y apoyos al desarrollo inteligente, comercial y agrícola, de que depende el porvenir de esa república”.

11. “(sobre Paraguay) El poder fuerte es indispensable en América, es verdad; pero el del Paraguay es la exageración de ese medio, llevada al ridículo y a la injusticia, desde luego que se aplica a una población célebre por su mansedumbre y su disciplina jesuítica de tradición remota”.

12. “Por la reseña que precede vemos que el derecho constitucional de la América del Sud está en oposición con los intereses de su progreso material e industrial, de que depende hoy todo su porvenir”.

13. “La América de hace 30 años sólo miró la libertad y la independencia; para ellas escribió sus constituciones. Hizo bien, era su misión de entonces. El momento de echar la dominación europea fuera de este suelo, no era el de atraer los habitantes de esa Europa temida”.

14. “Así como antes colocábamos la independencia, la libertad, el culto, hoy debemos poner la inmigración libre, la libertad de comercio, los caminos de fierro, la industria sin trabas, no en lugar de aquellos grandes principios, sino como medios esenciales de conseguir que dejen ellos de ser palabras y se vuelvan realidades”.

15. “Estas son las necesidades de hoy, y las constituciones no deben expresar las de ayer ni las de mañana, sino las del día presente”.

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