
En días de pandemia aún puede vérselos. Son pocos, es verdad, porque así caminan estos días lentos de distanciamiento social. Pero ella está allí, siempre esperando, con esa sonrisa que no es exagerada, ni impostada. La estatua de Mafalda, en la esquina de Chile y Defensa, se inauguró hace 11 años y desde entonces se convirtió en el corazón del barrio, con perdón del Mercado, la feria de antigüedades y los edificios históricos. Hoy, además de algún que otro visitante, está rodeada de flores.
Como vecino del barrio, mis ojos no mienten. No estuvo mucho tiempo sola, al poco tiempo llegaron Susanita y Manolito para acompañarla por pedido de su creador, Salvador Lavado, Quino, nuestro Quino, quien nos dejó hoy en la más profunda de las tristezas. Y es que Quino sentía “lástima de verla sola”, y la banda no podía separarse. Y no está en este rincón por azar, sino porque sobre Chile 371, a unos 10 metros, se encuentra el edificio donde vivió el ilustrador y humorista.

Cuando comenzó la idea de instaurar a Mafalda en el barrio hubo algarabía y polémica. La iniciativa de los periodistas Darío Gallo y Pablo Mancini comenzó con la recolección de firmas en 2005 y luego hubo una resolución, presentada por el fallecido legislador socialista Norberto La Porta, aprobada en 2006. Así, se estableció que se colocaría una placa, acto que se llevó a cabo en 2007.
Pero la idea no solo se llevó acabo, sino que además germinó. Y aquí la parte de la polémica. Cuando se decidió que además habría una estatua conmemorativa, los vecinos de Defensa no estuvieron de acuerdo. No tanto porque no quisieran, sino porque la idea primigenia era instalarla junto frente a la entrada, algunos decían sobre la puerta misma, pero en una reunión de consorcio todo se echó para atrás. ¿La razón? Los vecinas decían -y el tiempo les dio la razón- que no se iba a poder ingresar por la peregrinación de admiradores y curiosos.
Y sí, en otros días no de pandemia, Mafalda es visitada por cientos o miles de personas, diariamente. Se arman filas interminables y las nacionalidades son tan diversas que siquiera la ONU puede jactarse de tal convocatoria. Todos quieren su foto con la niña que, a través de sus pensamientos, no hace reflexionar y reír, lo que no es poco, lo que demuestra que la humanidad -como género- no está perdida, aunque hayamos perdido a Quino -solo físicamente- porque Mafalda es Quino y Quino es Mafalda.
En aquella ceremonia hace 11 años, el genial dibujante se emocionó al momento en que se descubrió la pequeña escultura de 80 centímetros de vestido verde e inconfundible cabellera. Se sentó junto a ella y, con gesto paternal, le acarició su cabeza.
La esquina desbordaba de gente, llegaba hasta el adoquinado de Chile. Estábamos los vecinos, pero también los curiosos y muchos amigos del dibujante, otras celebridades de la viñeta como Hermenegildo Sabat, Caloi y Rep, como también Kuki Miler y Daniel Divinsky, entonces ambos al frente de Ediciones de la Flor, la editorial a la que Quino llegó en los ’70 y de la que nunca se fue.

“El edificio está igual, la verdad no ha cambiado nada, pero el barrio era muy distinto. Mucho más barrio, pasaba el tranvía, era más lindo”, dijo Quino entonces, en una entrevista que le hizo Patricio Barton en el programa Grafonauta de 1999.
Hubo discursos, claro, como el de Carlos Garaycochea, quien propuso que Mafalda debería estar en la cara de un billete, lo que despertó júbilo en el público. Aunque Quino, también con humor, propuso que ante la economía nacional lo mejor era poner a Manolito, el hijo del despensero gallego, un maestro del ahorro.
Y la referencia al pequeño de cabeza casi cuadrada y corte pelo de cepillo también es importante. Porque, como recordó Quino aquel día: “Mafalda era de este barrio y no sólo Mafalda, el almacén de Don Manolo lo saqué de una panadería cerca, que era del papá de un amigo”.
La despensa de Don Manolo existió, estuvo en la calle Balcarce al 722, pero poco queda del viejo almacén. el suelo, las paredes y las pintadas en la fachada de la historieta que lo inmortalizó.

La escultura, realizada por Pablo Irrgang, no es solo la principal atracción del barrio, sino que también el inicio del “Paseo de las historietas”, un recorrido que lleva por distintas calles y parques que reúne a otras 15 paradas con personajes cercanos al corazón de los argentinos, como Isidoro Cañones, Larguirucho y Super Hijitus, Don Fulgencio y Clemente, por solo nombrar a algunos.
Hoy San Telmo, el país, el mundo, está de luto. En las calles del barrio Mafalda sigue presente, con casi o más presencia que un club de fútbol grande en su propia ciudad o barrio. Aparece en las puertas de los puestos de diarios y en paredes, dentro de los negocios en forma de pins, muñecas, impresa en tazas y vasos. Y con ella, eterna, también esta Quino, Porque Mafalda es Quino. Y Quino es Mafalda. Y Mafalda vive en San Telmo.
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