“Rigoletto”, de Giuseppe Verdi, en una nueva producción del Teatro Colón. Fotos: Máximo Parpagnoli
“Rigoletto”, de Giuseppe Verdi, en una nueva producción del Teatro Colón. Fotos: Máximo Parpagnoli

Rigoletto se estrenó en Venecia, en el Teatro La Fenice, un 11 de marzo de 1851. Fue un éxito rotundo, precedido por una historia accidentada. Los censores habían rechazado una primera versión del libreto de Francesco Maria Piave por su "repugnante inmoralidad" y su "trivialidad obscena". De allí se seguía la terminante prohibición de montar la ópera de Verdi, que ya estaba en avanzado estado de composición.

Compositor y libretista revivían las dificultades que, dos décadas antes, había experimentado Victor Hugo, el creador del drama original. Se trataba de El rey se divierte, estrenada en París en 1832, en la Comédie-Française, y prohibida al día siguiente por las autoridades. El motivo de la censura era el mismo: el drama se consideraba inmoral. (Más tarde, en la primera edición de la obra, Victor Hugo añadió un prefacio en donde defendió con palabras vibrantes la libertad de la imaginación poética frente a todo poder que pretenda avasallarla.)

Para que la ópera de Verdi y Piave pudiera estrenarse, hubo que realizar una serie de modificaciones. Se abandonó el título inicial de La Maldición. El personaje del Duque de Mantua reemplazó al soberano francés Francisco I: se suavizó así el desafío de poner en escena a un rey deshonesto y amante del vicio, algo que ponía en jaque los ideales monárquicos. Consecuentemente, la acción se trasladó de París al ducado de Mantua. La época seguía siendo la misma: un impreciso siglo XVI.

Ensayo de “Rigoletto” en la Sala Bicentenario del Teatro Colón
Ensayo de “Rigoletto” en la Sala Bicentenario del Teatro Colón

También variaron los nombres de los personajes: Blanche devino Gilda y el sicario Saltabadil se volvió Sparafucile. En el drama de Hugo, el  bufón se llamaba Triboulet, un individuo históricamente real. El escritor francés, con todo, no tardó en dejarse llevar por la imaginación y en volverlo jorobado y deforme, un hermano espiritual del Quasimodo de Nuestra Señora de París (1831). En la ópera de Verdi, Triboulet se transforma en Rigoletto, nombre desde entonces memorable (en francés, "rigoler" significa reírse, bromear).

Piave condensó en tres actos los cinco del drama en verso de Hugo, pero se mantuvo fiel a cada una de las peripecias: es un melodrama de afecto filial y amores desencontrados, y también la historia de un chiste que acaba en tragedia.

Rigoletto es el bufón del libertino Duque de Mantua. Acompaña con sus chanzas las andanzas de su amo y se burla de los cortesanos, pero siempre corre el riesgo de llevar sus bromas demasiado lejos. En cierto momento, un Conde preocupado por el honor de su hija lo maldice por reírse de su dolor. De allí en más, todo va de mal en peor. Bajo nombre y apariencia falsos, el Duque seduce a Gilda, la propia hija de Rigoletto. Los cortesanos, dispuestos a vengarse del bufón, organizan el secuestro de esa misteriosa mujer a quien confunden con su amante. Al descubrir el complot, Rigoletto jura vengar a la vez a su hija y al Conde que lo maldijo. Para acabar con el Duque de Mantua, contrata a Sparafucile, un asesino a sueldo. Pero la venganza termina en tragedia, ya que el sicario apuñala por equivocación a Gilda. En la conmovedora escena final, el padre dialoga con su hija que agoniza en sus brazos.

George Andguladze, Guadalupe Barrientos, Ekaterina Siurina, Jorge Takla (director de escena) y Pavel Valuzhin
George Andguladze, Guadalupe Barrientos, Ekaterina Siurina, Jorge Takla (director de escena) y Pavel Valuzhin

Repasemos a continuación algunos momentos antológicos de esta ópera:

"Caro nome": el aria de Gilda

Es una de las escenas más mágicas del Acto I. Luego de encontrarse con el Duque, Gilda queda sola y canta esta aria, donde expresa su amor: "Nombre querido, que por primera vez hizo palpitar mi corazón"… La ironía es que ella dedica sus palabras a un nombre falso: el Duque se ha presentado como "Gualtier Maldè", en hábito de estudiante pobre. La melodía la introducen las flautas, a distancia de sextas. La soprano retoma esa frase que, en lo esencial, es una sencilla escala descendente. También intervienen dos violines con sordina. La línea de la soprano luego se vuelve más ágil y expansiva –no faltan trinos, ornamentos y coloraturas–, pero siempre en un clima de recogimiento y ensoñación.

"Cortigiani, vil razza dannata": el aria de Rigoletto

"Cortesanos, vil raza maldita, / ¿a qué precio vendieron mi bien?". En esta escena del Acto II, Rigoletto increpa a los aristócratas que tramaron el rapto de su hija. El aria, muy innovadora desde el punto de vista formal, comienza en tono amenazante, con atormentado acompañamiento de las cuerdas: a los cortesanos, el bufón acaba llamándolos "asesinos", con acentos enfáticos que la orquesta subraya. Después de una sección intermedia, más fragmentaria, Rigoletto va cediendo al llanto y la autocompasión. Así la música pasa del desafío a la súplica: en cierto momento, es notabilísima la instrumentación, con arpegios del chelo solista e intervención del corno inglés ("Señores míos, perdón, piedad…"). Es la voz de un padre anciano implorando que le devuelvan a su hija. Tal como confiesa en una escena anterior, ella representa todo para él: "Religión, familia, patria / Mi universo reside en ti".

"La donna è mobile": la canción del Duque

En este episodio del Acto III, el Duque de Mantua aparece con uniforme de simple oficial de caballería. ¿Quién no ha escuchado esta melodía, compuesta para lucimiento del tenor? Sin duda, esta canción es tan conocida como el brindis de La traviata (1853), con el que comparte el mismo tempo (Allegretto) y compás (3/8). Se trata de una canzone de tonada pegadiza en boca de un libertino: "La mujer es voluble, / como pluma al viento / cambia de palabra / y pensamiento…" No hay que olvidar que, bajo una apariencia festiva, "La donna è mobile" es una canción cínica, donde la intención galante apenas encubre una misoginia latente.

Ekaterina Siurina (Gilda) y Fabián Veloz (Rigoletto)
Ekaterina Siurina (Gilda) y Fabián Veloz (Rigoletto)

"Bella figlia dell´ amore": el cuarteto del Acto III

Ahora la situación dramática va acercándose al desenlace. El duque corteja a Magdalena, la hermana del sicario Sparafucile. Escondidos, Rigoletto y Gilda observan la escena. El cuarteto comienza con un solo del Duque: canta una arieta muy melodiosa, en la tradición del bel canto ("Bella hija del amor / soy esclavo de tus encantos"). Después se añade Magdalena, que rechaza burlona sus avances: introduce una figuración más rápida (semicorcheas) y otro modo de articulación (staccato). De inmediato se añade Gilda, que asiste desconsolada a la escena de seducción: ella también se expresa mediante semicorcheas, si bien ligadas; de allí en más, sus intervenciones introducen contratiempos y apoyaturas, algo que revela su agitación interior. Rigoletto, finalmente, más que cantar, parece murmurar de ira por lo bajo.

La frivolidad galante del Duque, la picardía de Magdalena, el apasionado despecho de Gilda y la cólera de Rigoletto… Por magia de la polifonía, estos sentimientos contrastantes se dan cita simultáneamente en uno de los ensambles más perfectos que Verdi haya compuesto. (Cuando Franz Liszt escribió una pieza para piano inspirada en esta ópera, se basó enteramente en la escena del cuarteto: se trata de Rigoletto. Paráfrasis de concierto, S.434, de 1859.)

El dueto final

Hacia el final de la ópera, se desata una tormenta. Conviene prestar atención al coro masculino a bocca chiusa (a boca cerrada), que imita tras bambalinas los efectos del viento y la lluvia. Ahora es Gilda quien se disfraza –se hace pasar por un mendigo– para salvar la vida del hombre que ama; al confundirla con el Duque, Sparafucile acaba apuñalándola. Cerca de medianoche, Rigoletto vuelve y recibe el saco que contiene el cadáver. Cuando se dispone a tirarlo al río, escucha al Duque que canta, una vez más, "La donna è mobile…" Pero ahora esta canción tan frívola se vuelve siniestra. Porque, al abrir la bolsa, Rigoletto descubre allí a su propia hija que agoniza y, finalmente, muere.

Así el motivo de la maldición, que remata cada final de acto, se cumple del todo en la conclusión de la ópera. Pero minutos antes que baje el telón, Verdi se las ingenia para componer un breve dúo entre padre e hija, delicadamente orquestado ("Te he engañado… Fui culpable…"). Sin duda esta escena marca un hito en la historia emocional de quien por primera vez la escucha; tiene algo de ultraterreno. Para quien vuelve a oírla, es siempre una experiencia gratificante, pero también dolorosa, como una herida que se reabre.

 

* "Rigoletto", ópera de Giuseppe Verdi, se estrena mañana martes 12 de marzo a las 20 en el Teatro Colón. Esta nueva producción cuenta con la dirección musical de Maurizio Benini y dirección de escena de Jorge Takla. Las siete funciones restantes se realizarán el 13, 15, 16, 19, 20 y 22 de marzo a las 20:00 y el domingo 17 a las 17. El elenco varía según las funciones: Pavel Valuzhin y Darío Schmunck encarnan al Duque de Mantua; Fabián Veloz y Leonardo López Linares se reparten el rol de Rigoletto; Ekaterina Siurina y Laura Rizzo cantan, según las fechas, el rol de Gilda.

 

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