Cynthia Rimsky, Gabriela Cabezón Cámara y Natalia Mardero, en la mesa “El Neo boom latinoamericano es femenino. ¿Una literatura femenina y feminista?”
Cynthia Rimsky, Gabriela Cabezón Cámara y Natalia Mardero, en la mesa “El Neo boom latinoamericano es femenino. ¿Una literatura femenina y feminista?”

"En realidad, la cuestión sería que estemos hablando de literatura, pero sin apellidos, ni eso de femenina, ni feminista, sino de literatura", dijo la escritora chilena Cynthia Rimsky y ordenó, de ese modo, el debate en el que también se encontraban la argentina Gabriela Cabezón Cámara y la uruguaya Natalia Mardero, convocadas a la mesa titulada "El Neo boom latinoamericano es femenino. ¿Una literatura femenina y feminista?", pero que pronto todas desecharon como motivo convocador. Sí, señores y señoras, hasta en los paneles de la Feria del Libro las mujeres muestran su rebeldía y hablan entonces de lo que quieren hablar.

Antes, Claudia Piñeiro había sido entrevistada por Patricia Kolesnicov. La misma Piñeiro que había incendiado la inauguración de la Feria con un discurso flamígero acerca del rol del intelectual, del lugar de las mujeres en la industria editorial y de los escritores todos en esa cadena productiva de los libros. "Yo no sabía que los baños de hombres tenían bolitas de naftalina", confesó y contó cómo lo había descubierto. "Estaba con un amigo charlando y me dijo eso y como yo no sabía, estábamos en un restaurant elegante, mi amigo llamó al mozo y le dijo: 'la señorita deberá ser acompañada por nosotros a un baño de varones'. Y el mozo, azorado, nos acompañó. Y nosotras que estamos haciendo largas colas para llegar al baño, no conocemos los baños de los hombres. 'Algunos tienen jueguitos', me dijo mi amigo, ¡porque en los mingitorios también hay un tiro al blanco!".

Claudia Piñeiro
Claudia Piñeiro

La audiencia reía ante la revelación, como una epifanía, que había tenido la escritora Piñeiro frente a los baños de los hombres. Quizás de allí haya surgido su combativo, elegante y perfecto discurso de apertura de esta edición 44 de la Feria del Libro porteña. "Lo que creo es que tal vez con lo que dije se nos preste más atención, se tome en cuenta la palabra de las escritoras mujeres, como mujeres". Piñeiro es una persona acorde a su tiempo.

"Me basé en mis tuits, que me parecen una estructura adecuada, como una daga, como un haiku, como un epigrama", dijo en otra mesa Miss Bolivia, que así se hace llamar la cantante Paz Ferreyra, que era entrevistada por Sebastián Wainraich, prologuista de su libro Ni cabida, cómo sobrevivir a la gilada. Una cantante que hace de sus versos un golpe político a favor de las mujeres presentaba un libro en el que las fotos y las palabras se conjugaban para mostrar no la debilidad de las chicas, sino todo lo contrario.

"Mover caderas = romper cadenas" dice este libro que parafrasea a la revolucionaria polaca Rosa Luxemburgo, que solía decir: "Quien no se mueve, no siente las cadenas". Mientras su esposo el ensayista especialista en la Torá Emmanuel Taub la miraba embelesado desde una butaca de una sala llena, Ferreyra contó el origen de su nombre: "Yo vivía en la calle Bolivia, y me invitaron a un recital y me dijeron: '¿cómo te ponemos en el flyer?', y yo dije, claro: 'Poné Miss Bolivia'". En esta sala también reía el auditorio, pero agregó: "Luego resignifiqué ese nombre, porque conocí a un pueblo luchador, combativo, como el boliviano". Y Miss Bolivia llamó a hacer la revolución.

Miss Bolivia junto a Sebastián Wainraich
Miss Bolivia junto a Sebastián Wainraich

También lo hizo Gabriela Cabezón Cámara, en la mesa mencionada al principio: "Todo se trata del poder", y parafreasaba a Vladimir Lenin, cuya frase de cabecera era: "Salvo el poder, todo es ilusión". "Deberíamos pensar en un poder más autónomo y repartido. No puede ser que un sector pequeño se lleve todo lo que producimos todos. Para colmo, las mujeres estamos escindidas de la posibilidad de ese poder, y eso debe cambiar". La autora de La china Iron, una relectura en clave feminista del Martín Fierro, también desechaba ese adjetivo: "Lo que hacemos es literatura". "¿Mariana Enríquez no está en esta Feria?", dijo la uruguaya Natalia Mardero, "bueno, mejor, que su gran literatura siga siendo difundida por todas las vías posibles, mirá si se va a preocupar porque no la invitaron a esta Feria". Era la manera positiva de solucionar la disyuntiva planteada por Claudia Piñeiro en su discurso inaugural -la cuarta mujer en estos cuarenta y cuatro años de Feria que abrió el espacio-: una reivindicación de la literatura potente más allá de las instituciones. Luego, Cabezón Cámara dijo: "Y bueno, si no tendremos que hacer la revolución".

Es que las mujeres están efervescentes. Patricia Kolesnicov entrevistaba a Claudia Piñeiro con un pañuelo verde alrededor de su cuello. Y mientras Piñeiro hacía reír a la audiencia contando cómo sus hijos movían la cabeza de un lado a otro cuando le llegaban mensajes que decían: "Sos tan buena, Claudia", se iba haciendo un gesto mayoritario. Mover la cabeza de un lado a otro para que se acaben los días de una mujer relegada en la sociedad de los hombres. Eso se sintió este domingo en la Feria del Libro de Buenos Aires. Un día de las chicas, para las chicas y para el presente y para el futuro.

SEGUÍ LEYENDO