La alimentación consciente podría desempeñar un papel más relevante en la longevidad de lo que se sospechaba. Según expertos en metabolismo y los últimos informes de organismos internacionales, los hábitos alimentarios diarios no solo determinan la calidad de vida sino que también influirían en la cantidad de años vividos.
Este enfoque cobra especial interés frente al informe Panorama de la salud 2025 presentado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), que situó la esperanza de vida en Colombia en 77,5 años, una de las más bajas dentro del grupo de países analizados.
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Aunque los especialistas destacan la relación entre la dieta y el envejecimiento saludable, advierten que los cambios en la alimentación deben ser sostenidos y equilibrados para que tengan un efecto real.
El científico en metabolismo humano Hugo Palafox aseguró que los hábitos constantes pueden superar incluso la influencia genética, pero se refirió al riesgo de prácticas alimentarias inadecuadas.
Además, las intervenciones nutricionales como el consumo de suplementos o aislados proteicos deberán ser supervisadas y contextualizadas, ya que no existen soluciones universales para todos los individuos, y el exceso de productos ultraprocesados sigue representando un factor de riesgo para la salud metabólica a largo plazo.
El punto de partida para modificar la alimentación reside en el equilibrio de las proporciones diarias. El modelo de la pirámide alimentaria, reconocido por instituciones de salud a nivel internacional, sugiere ubicar a frutas y verduras como base fundamental y recomienda su consumo a diario.
En una escala intermedia se sitúan las proteínas magras como pescado, huevo y carnes blancas, aconsejadas en varias comidas a la semana. Por último, el grupo más alto de la pirámide corresponde a los alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas, cuyo consumo se debería restringir al mínimo posible.
No solo es la alimentación
El modo y el entorno en que se realiza la ingesta también resulta determinante. El especialista detalló que comer delante de pantallas, ya sea revisando el celular, mirando televisión o trabajando, interfiere en los mecanismos de saciedad natural del organismo.
De acuerdo con informes recientes, esta costumbre favorece la ingesta excesiva sin registro consciente, dificulta la digestión y refuerza patrones poco saludables que llevan a un mayor riesgo metabólico. Dedicarse de manera exclusiva al momento de la alimentación, sin distracciones tecnológicas, contribuiría a fomentar una relación más saludable con los alimentos.
Otro aspecto relevante es el “picoteo invisible” que implica el consumo frecuente de bocados ultraprocesados entre comidas principales. Estos episodios suelen pasar inadvertidos en las rutinas modernas, pero diferentes estudios han asociado este patrón con el aumento sostenido de inflamación intestinal, alteraciones en la glucosa y dificultades en la autorregulación del apetito.
Este tipo de consumo automático, a menudo motivado por el estrés o el hábito, puede contrarrestar los beneficios de una alimentación equilibrada realizada en las comidas principales.
Acciones a realizar desde la mesa
Existen nutrientes que cobran importancia particular en la alimentación para la longevidad. El glutatión, un antioxidante producido en el organismo, se estudió por su posible rol en la ralentización del envejecimiento, de acuerdo con el científico Hugo Palafox. Con el paso de los años, la producción endógena de este compuesto puede disminuir, pero ciertos alimentos, como aislados de proteína de suero de leche, se investigan por su capacidad para estimular su síntesis natural.
La importancia de las proteínas de alta calidad
El mantenimiento de la masa muscular adquiere relevancia con el envejecimiento. Los expertos recomendaron priorizar proteínas completas como pollo, salmón, huevo y legumbres, pues su presencia regular en la dieta se asoció con la conservación de músculo, preservación de la autonomía física y reducción de la fragilidad en edades avanzadas, factores que impactan directamente en la calidad y cantidad de vida.
Tanto la calidad del alimento como el contexto de su consumo influyen en los resultados a largo plazo. Las estrategias recomendadas, desde limitar la exposición a pantallas hasta seleccionar proteínas nutritivas y restringir bocadillos ultraprocesados, responden a la evidencia actual. Estas prácticas aplicadas de forma constante podrían permitir una vida más prolongada y saludable, aunque deben realizarse bajo la supervisión de un profesional de la salud para adaptarlas a sus necesidades.