
Joe Biden extendió este jueves el decreto que califica a la dictadura de Nicolás Maduro como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos. De esta manera, el decreto emitido por el ex presidente Barack Obama el 8 de marzo de 2015 es prorrogado por un año más, hasta 2023.
La medida denuncia “la erosión de las garantías de los derechos humanos por parte del Gobierno de Venezuela, la persecución de los opositores políticos, la restricción de la libertad de prensa, el uso de la violencia y violaciones y abusos de los derechos humanos en respuesta a las protestas antigubernamentales, y el arresto y la detención arbitrarios de manifestantes antigubernamentales, así como la presencia exacerbada de una importante corrupción gubernamental”.
Según lo indicado por el presidente Biden en la resolución publicada este jueves, “las circunstancias no han mejorado”, por lo que la dictadura venezolana continúa representando una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
El pasado mes de enero, el dictador Maduro dijo estar dispuesto a reunirse con Biden y condicionó la reanudación del diálogo con la oposición venezolana a la libertad de su testaferro, Alex Saab.
Maduro manifestó su esperanza de que se abra un diálogo “directo, valiente, sincero y de entendimiento” con el Gobierno estadounidense. No obstante, consideró que “no ha habido ninguna señal” de mejoría con la llegada de Biden a la Casa Blanca con respecto al mandato de su antecesor, Donald Trump, en lo relacionado con las sanciones impuestas al régimen chavista.
En tanto, el dictador explicó que acudió a los diálogos con la oposición, que comenzaron en México el pasado 13 de agosto y fueron suspendidos tras la extradición del empresario colombiano Alex Saab a EEUU en octubre, al considerar que eso implicaba dialogar también con el país norteamericano.

Maduro exige el levantamiento de las sanciones que pesan en su contra y sobre la cúpula del régimen, así como sobre el sector petrolero. La comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza, y la oposición venezolana, por su parte, piden el desarrollo de elecciones libres y transparentes, y la liberación de los presos políticos.
Pero en lo que va de año no ha habido señales positivas de un acuerdo entre las partes. Por el contrario, la actual guerra en Ucrania separa todavía más las posturas de Estados Unidos y la dictadura de Maduro, uno de los pocos aliados del régimen de Vladimir Putin.
De hecho, mientras Occidente busca aislar cada vez más a Rusia por la invasión a Ucrania, Maduro ratificó este miércoles que Venezuela mantendrá relaciones comerciales con Moscú, después de que diversas naciones y bloques optaran por desvincularse.
El dictador chavista aseguró que Rusia es una “potencia” militar, económica, comercial y tecnológica, pero que Venezuela va a “mantener todo su comercio, a todo nivel” con el Kremlin.
“La guerra económica es la guerra principal que el imperialismo apuesta contra Rusia para destruir Rusia. El objetivo del imperio norteamericano y de la OTAN (Organización del Tratado Atlántico Norte) era rodearla militarmente y Rusia ha actuado”, expresó.
El dictador venezolano comentó que conversó vía telefónica con Putin, a quien le aseguró que Venezuela ha “resistido modestamente” a las “mismas medidas” anunciadas por Estados Unidos y Europa, pero que actualmente está “de pie, victoriosa, recuperándose, produciendo”.

“Me explicó ampliamente toda la operación militar especial, todo el marco en el que se dio, todas las amenazas contra Rusia”, subrayó.
A mediados de enero, el gobierno de Putin advirtió que no se puede descartar un despliegue militar de Rusia en Cuba y Venezuela si aumentan las tensiones con Estados Unidos.
Estados Unidos monitorea la presencia rusa en Venezuela desde hace tiempo. En agosto de 2020, el almirante Craig Faller, entonces jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas -cuya órbita incluye al país caribeño- dijo que “la influencia rusa es la principal fuerza manteniendo a Nicolás Maduro en el poder”.
“Veo con alarma lo que Rusia está haciendo con Venezuela en términos de personal desplegado y en la diseminación de desinformación”, agregó durante una conferencia sobre América Latina del think tank Atlantic Council.
Rusia se convirtió en uno de los mayores aliados políticos y comerciales del régimen de Hugo Chávez primero, y luego de Maduro. Moscú es, además, el segundo acreedor de Venezuela, después de China, con unos 7.500 millones de dólares, según una estimaciones de la consultora local Ecoanalítica.
El pasado mes de marzo el Kremlin fortaleció su respaldo al dictador venezolano con la firma de una docena de acuerdos de cooperación en materia alimentaria, financiera, energética, militar, científica, tecnológica y minera.
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