
Después de 28 años como párroco de Nuestra Señora de Guadalupe en Maracaibo, el padre José Palmar se tuvo que ir de Venezuela y el exilio profundizó su indignación con Jorge Mario Bergoglio, el mismo que lo había llenado de "alegría y esperanza" seis años atrás. "Es que por primera vez en 2.000 años teníamos un sucesor de San Pedro latinoamericano y, en lo personal, me sentía muy identificado porque yo soy de la tercera orden franciscana. Cuando lo eligieron Papa sentía que venía a llenar el vacío que dejó Juan Pablo II… Pero rápidamente se bajó la espuma", dice con desilusión en diálogo con Infobae.
La "espuma" para este "cura pobre" -como el mismo se describe- se desvaneció cuando Francisco fue asumiendo "protagonismos en la política universal". Palmar no le perdona algunas de sus giras, en especial la de Cuba en 2015, y mucho menos su participación en el diálogo entre el régimen de Nicolás Maduro y algunos sectores de la oposición venezolana que no llegó a ningún lado. "Se fue la emoción cuando vimos cómo avanzaba en las aguas turbulentas del socialismo del siglo XXI, eso me llenó de insatisfacción", explica.
Para el cura es increíble que Francisco no hable de hambre, de violencia o de corrupción en Venezuela. Le parecen tan dolorosas esas "omisiones" que hasta se atreve a pedir que dé un paso al costado, como lo hizo Benedicto XVI: "Si Francisco no se presenta como un pastor de alma, un profeta que clama Justicia para Venezuela, o algunos pueblos como Nicaragua, Bolivia o Cuba, que están bajo la merced del yugo del castroterrorismo y del narcoterrorismo, lo invito a renunciar".

Lo dice ahora y está dispuesto a repetirlo varias veces. "No puede ser que en los últimos cinco meses en los que Venezuela está sumergida en el abandono, el caos social y bajo la oscuridad de la muerte, del Vaticano no hayamos conseguido ni siquiera que oren por nosotros", insiste y denuncia: "Lo que hay es una situación de omisión por parte del Vaticano sobre la situación de Venezuela".
Desde la Santa Sede niegan la "indiferencia" que tanto indigna a Palmar y a otras figuras internacionales. El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolín, utiliza el término "neutralidad positiva" para explicar el comportamiento del Papa sobre la crisis en Venezuela. Pero para Palmar "no existe en la misericordia la neutralidad: se hace el bien o se deja de hacer el bien; y el que no hace el bien, hace el mal de manera cómplice". Y agrega: "Esa neutralidad no ayuda a los que están sumergidos en el hambre, sino a los terroristas y victimarios de Venezuela".
El padre Palmar se fue del país en enero de 2018, después del "asedio de los cuerpos represivos de Venezuela" que, según denuncia, querían meterlo preso. "Salí hacia México, allí asesinaron a la persona que me estaba dando hospedaje por instrucciones de Diosdado Cabello y, como no tenía visa, pasé a EEUU como cualquier inmigrante". El cura estuvo 42 días preso en un cárcel migratoria hasta que hace una año, el 12 de marzo de 2018, recuperó su libertad.
También cuenta que trabaja como obrero en Estados Unidos porque la Iglesia lo "castigó por decir la verdad". "Soy un cura sin parroquia, sin altar, sin trabajo. La iglesia castiga a los que decimos la verdad y premia al que la esconde". Su exilio, asegura, se debe a la lucha contra el régimen de Nicolás Maduro y a que se animó denunciar a "los monseñores comprados por los poderes públicos".
"Los venezolanos seguimos siendo católicos, yo sigo siendo sacerdote católico, pero tenemos un dolor muy grande con la figura de Bergoglio", afirma. "Me gustaría que el Papa escuchara a los curas de barrio, a las monjas de los colegios y no solamente a los monseñores, que están siempre comprados".
Hoy, a seis años de su papado, le pide a Francisco "que se ponga la mano en el pecho, que asuma el rol de Pedro, que sea el pastor de las almas y el celador de la Justicia". Para él, hay dos iglesias: "Un Vaticano cuidando sus arcas, y una iglesia venezolana lanzada a la calle a defender a su gente. ¿Dónde está Cristo, en el Vaticano escondido o en las calles de Venezuela ayudando a su gente?"
Se hace un silencio en la conversación y el padre Palmar se responde en voz alta: "Jesús nunca se quedó en su despacho…"
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