Tú también puedes caminar como modelo

Reportajes Especiales - Lifestyle

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Lo primero que advertí a Mandy Lieveld es que me encorvo como la versión femenina de Bernie Sanders. "Cuando camino con tacones, es como si me doblara por la gravedad", le dije. Lieveld, una antigua modelo que instruye a otras sobre cómo atravesar las pasarelas de los desfiles de moda, pareció no intimidarse.

El trabajo de Lieveld consiste en enseñar a las modelos --y a las que no lo son-- a recorrer la pasarela con confianza. Es una especie de sabia del pavoneo de alta costura, que transforma los andares de torpes pasos de bebé ciervo en marchas militantes para marcas como Michael Kors, Versace y Bottega Veneta.

Supe de Lieveld, de 40 años, a través de la escritora Zoe Dubno, quien fue elegida para desfilar con Proenza Schouler de Rachel Scott en febrero. Aunque halagada, Dubno sintió como le invadía el pánico.

"Camino más o menos como Groucho Marx", dijo Dubno. Lo peor de todo es que tendría que caminar con tacones, que ella consideraba unos aparatos de tortura vertiginosos y que reservaba para andar cojeando por la boda de su hermano.

El equipo de Proenza Schouler contrató a Lieveld y, tras dos días de entrenamiento, transformó el andar de Dubno del traqueteo de un cómico al de una supermodelo.

Yo estaba intrigada. ¿Podría beneficiarme del tratamiento Lieveld? ¿Podría rectificar mi escoliosis (que no está diagnosticada pero sí sospechada desde hace tiempo) y transformar mi caminar encorvado hacia Key Food? Reservé una clase de 90 minutos (750 dólares por el entrenamiento individual) con la especialista de postura en el centro de Manhattan.

Armada con un par de tacones plateados Jimmy Choo de 8 centímetros, llegué a una habitación alegre y llena de espejos que Lieveld alquila en el piso 16 de los Ripley-Grier Studios, un local de ensayo que siempre está repleto de aspirantes a Broadway.

Al instante me indicó que abriera el pecho, como si "hubiera sol" al que saludo con mi cuerpo. Utilizó con frecuencia la palabra "relájate". Me ajustó los hombros, lo que disminuyó la tensión entre mis omóplatos. Habló de su metodología de cualidades "CNF" --es decir, "confiada, natural y fuerte"-- que, según ella, las agencias de modelos y los directores de casting suelen buscar en sus modelos.

Lieveld, quien es de los Países Bajos, lleva más de 10 años trabajando como entrenadora de pasarela. Con 1,90 metros, Lieveld era alta, incluso para los neerlandeses. Cuando era adolescente, la gente empezó a comentarle que debería convertirse en modelo.

"Empecé con el modelaje y pensé: 'Vaya, tenemos que hacer todas estas cosas y nadie te enseña cómo hacerlo'", dijo. "Así que eso estaba en el fondo de mi mente". Con el tiempo, Lieveld ingresó en una academia de danza, donde practicó ballet y jazz moderno, y aprendió más sobre el poder de la elegancia.

Su carrera como bailarina se vio truncada cuando, a los 21 años, le diagnosticaron miastenia gravis, una enfermedad muscular que casi la paraliza. "Te hace darte cuenta de que tienes que hacer las cosas que te gustan en la vida", dijo.

Ingresó en la Universidad de Ámsterdam, donde se especializó en psicología. "Me di cuenta de que eso es muy bueno para las modelos porque necesitas confianza: te enfrentas a los rechazos", dijo Lieveld sobre los beneficios de estudiar la mente humana. "Así que terminé mi licenciatura y luego mi máster, y entonces me dije: '¿Sabes qué? Voy a intentar ser entrenadora de modelos'".

Su primer gran desfile fue Alexander Wang, y luego vinieron Versace y Mugler. Más recientemente, ayudó a la modelo Nimota Daudu a perfeccionar su forma de desfilar para Saint Laurent.

En la pasarela, un solo paso en falso puede ser devastador. Y la forma en que caminamos dice mucho de quien somos y de cómo nos sentimos. Nicole Maleh, psicóloga clínica de Westchester, Nueva York, dijo que los adolescentes suelen encorvarse a propósito, para ocultarse, mientras que los adultos lo hacen inconscientemente. "Es como: 'No quiero estorbar. No quiero que la gente interactúe conmigo. Solo quiero seguir y seguir con mi día'", dijo.

Maleh también achaca nuestra forma de ver el caminar a la evolución. "Imagina una comunidad de simios viviendo en la selva", dijo. "El macho alfa se levanta con el pecho hinchado. Su forma de andar es muy cerrada y da grandes pasos, pero muy medidos. Mientras que si ves a la comunidad general, sus brazos se balancean y actúan de forma un poco más simple".

Pero ninguna población de simios ha tenido que enfrentarse jamás a la dificultad tan específica de caminar por una pasarela con unos zapatos de una talla demasiado pequeña. Lieveld ofrece trucos para los escenarios cotidianos y mnemotecnias útiles para hacer frente a las variables de la pasarela y ayudar a sus modelos a sentirse cómodas. A lo largo de nuestra lección, dijo a menudo "salpicar, salpicar, salpicar", para describir la forma de imaginar que el pie golpea el suelo: como si chapoteara en un charco. "En realidad no es 'zapatear'", dijo, "sino más bien la energía".

Existe una conexión mente-cuerpo con la mención de Lieveld al "chapoteo" y la forma en que lo realiza. Durante nuestra lección, me pidió que caminara por el estudio y, a mitad de camino, me dijo que hiciera el ejercicio de "salpicar, salpicar, salpicar". Lieveld dijo que el mero hecho de decir "salpicar" podía ayudar a concentrarse solo en la acción, permitiendo que la timidez se desvaneciera.

Hubo otros consejos pintorescos, como su declaración de que "el núcleo es el motor de tu marcha". Me aconsejó que apretara el motor de mi propio caminar si alguna vez me siento tambaleante con tacones. "Puedes seguir respirando, puedes seguir hablando, pero es solo que la contracción hace que te sientas más estable", añadió. En un momento dado, Lieveld me dio un paraguas para que lo moviera detrás de la espalda y entre los brazos, un truco que a veces se utiliza en equitación. La colocación me abrió el pecho y me sentó bastante bien, un suave estiramiento lumbar.

Para fijar la severa expresión facial de "acero azul", les dice a sus modelos que finjan que les salen dos rayos láser de los ojos. "Es como si alguien te mirara y pensara: 'Conozco tus secretos'", dijo.

Al final de la sesión, Lieveld me mostró los videos del "antes y el después" que había grabado. El desplome ha sido exorcizado de mi columna vertebral. Ahora camino erguida, con un ágil pisotón de supermodelo, ¡y con tacones, nada menos! Mi movimiento tiene un propósito. Sin embargo, me queda una duda: ¿Qué pasa con las caídas?

"A veces", dijo, "el mejor consejo es que te levantes y vuelvas a salir ahí fuera".