Los 'nuevos Miguel Ángel': entre el rigor de los historiadores y el enfoque 'Dan Brown'

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En 2020, una casa de subastas de Génova, Italia, puso en venta una representación centenaria de la Virgen María sosteniendo el cuerpo de Cristo por un precio estimado de entre 2300 y 3500 dólares. La obra, de un artista anónimo, no se vendió.

Cuatro años después, dos coleccionistas de Bruselas compraron la Pietà por más de 10 veces ese precio, unos 35.000 dólares, a través del mismo subastador, con la corazonada de que la obra podría ser algo mucho más ilustre.

Tras un análisis técnico y un estudio histórico del arte, los coleccionistas anónimos compartieron lo que consideraban un gran descubrimiento. En un informe de 600 páginas, Michel Draguet, antiguo director de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, daba a entender que la obra era un óleo sobre lienzo de Miguel Ángel hasta entonces desconocido. La misma semana, una investigadora italiana independiente, Valentina Salerno, publicó en internet un artículo en el que atribuía también a Miguel Ángel un busto de Cristo en mármol de la Basílica de Santa Inés Extramuros de Roma.

¿Es posible que, tantos siglos después de que el artista italiano del Renacimiento creó su David de mármol en Florencia y el techo de la Capilla Sixtina en el Vaticano, salgan por fin a la luz creaciones completamente desconocidas? ¿Ocultó Miguel Ángel algunas obras porque expresaban ideas heréticas y temía las represalias del papa, como afirmaba Draguet?

Es una perspectiva apasionante, pero los estudiosos de Miguel Ángel dicen que la verdad es mucho más mundana: es poco probable que se trate de verdaderas obras de Miguel Ángel.

"Esto es lo que yo llamaría el enfoque Dan Brown de la historia del arte", dijo el experto en arte del Renacimiento Francesco Caglioti, profesor de historia del arte en la Scuola Normale Superiore de Pisa, Italia, refiriéndose al novelista de El código Da Vinci. "Constantemente encuentran algo secreto oculto bajo las cortinas o bajo una capa de pintura. A cada rato hay una primicia emocionante, algo para Sherlock Holmes".

"La historia del arte no es esto", dijo Caglioti, y añadió: "Es un proceso lento, y las autorías se establecen a lo largo de décadas, no de días".

Es mucho lo que está en juego cuando nuevos descubrimientos apuntan a importantes figuras históricas del arte; las obras recién atribuidas pueden reportar grandes ganancias. Un boceto de un pie atribuido recientemente a Miguel Ángel alcanzó los 27,2 millones de dólares en una subasta de Christie's. El cuadro Salvator Mundi, que apareció en una pequeña subasta de Nueva Orleans y luego se atribuyó a Leonardo da Vinci, se vendió por la cifra récord de 450 millones de dólares en 2017.

Descubrir un óleo de Miguel Ángel sobre lienzo en 2026 sería extraordinario, dijo Terry van Druten, curador jefe del Museo Teylers de Haarlem, Países Bajos, quien supervisó su reciente exposición Miguel Ángel y los hombres. No se conoce ninguna otra obra de Miguel Ángel sobre lienzo, y es sabido que no le gustaba este medio. Realizó unas cinco pinturas sobre tabla al principio de su carrera, y el resto fueron frescos murales.

Ninguno de los expertos en Miguel Ángel entrevistados por The New York Times respaldó las atribuciones del busto o del cuadro, que los coleccionistas bautizaron como Spirituali Pietà.

"El cuadro es completamente ridículo y grotesco", dijo Caglioti. "No tiene nada nada nada que ver con Miguel Ángel. Si atribuyéramos este cuadro a Miguel Ángel, tendríamos que atribuirle no menos de 5000 cuadros más".

Matthias Wivel, experto en arte del Renacimiento, jefe de investigación del museo Glyptotek de Copenhague y curador de dos exposiciones recientes sobre Miguel Ángel, dijo que no veía ninguna prueba convincente de que la Pietà fuera original.

"Ciertamente es miguelangelesca", dijo. "Pero todos los artistas que trabajaron en el centro de Italia después de Miguel Ángel, de alguna manera trabajaban en la estela de Miguel Ángel".

Caglioti y Wivel tenían valoraciones similares sobre el busto, que durante mucho tiempo se había atribuido a un artista anónimo.

Salerno dijo en una entrevista que se había propuesto escribir una novela histórica sobre Miguel Ángel y que había descubierto nuevos detalles sobre la última etapa de la vida del artista gracias a sus investigaciones. Abandonó la novela y comenzó una obra de no ficción, Miguel Ángel, los últimos días, parte de la cual publicó en el sitio web academia.edu. En el artículo, sostiene que el busto formaba parte de un alijo de obras de Miguel Ángel ocultas durante un tiempo en una sala secreta de la iglesia.

Wivel dijo que la obra sencillamente no parecía de Miguel Ángel. "No puede ser él, por la forma en que está acabada, por la forma en que se expresa", dijo Wivel. "Parece algo posterior, del siglo XVII".

Draguet, el historiador del arte que estudió la Spirituali Pietà, dijo en una entrevista en Bruselas que los coleccionistas belgas se sintieron especialmente intrigados por la obra de arte cuando observaron dos marcas en la parte inferior del lienzo. Parecían ser firmas o monogramas similares a las iniciales que Miguel Ángel escribía en sus cartas: una "M" y una "A" grandes, ambas apenas legibles dentro de los contornos oscuros de los pies de Cristo.

El estudio técnico, realizado por el Instituto Real del Patrimonio Cultural de Bélgica, un destacado instituto de investigación artística, incluyó fotografía infrarroja, reflectografía, radiografía X y fluorescencia de rayos X macro. Los trabajadores también tomaron pequeñas muestras de pintura en tres puntos del lienzo.

Steven Saverwyns, director del laboratorio de análisis de pigmentos del instituto, dijo que las pruebas habían durado unas dos semanas, un periodo relativamente corto. "No fue tanto tiempo porque tenía que ir a París para su conservación", explicó, y añadió: "La pintura italiana no es nuestra especialidad".

Los resultados de las pruebas permitieron establecer una amplia ventana temporal en la que pudo realizarse el cuadro, dijo, con "un 95 por ciento de posibilidades de que fuera entre 1520 y 1660, basándose en la edad del lienzo". Miguel Ángel vivió entre 1475 y 1564, y seguía trabajando cuando murió a los 88 años.

Draguet dijo que al principio tuvo sus dudas sobre el cuadro, pero que el informe técnico le pareció convincente, sobre todo la confirmación de que los monogramas se añadieron al lienzo cuando se pintó, no después. Aceptó estudiar la obra, dijo, a pesar de que su formación se centraba en el arte de los siglos XIX y XX, no en la pintura renacentista.

Algunos piensan que los monogramas llevaron a Draguet en la dirección equivocada. El artista no firmaba la mayoría de sus obras, explicaron Wivel y Sarah Vowles, experta en dibujos de Miguel Ángel del Museo Británico de Londres.

"Si llevan la inscripción 'Miguel Ángel', eso significa casi invariablemente que la inscripción fue añadida por un propietario posterior", escribió en un correo electrónico. "Su escritura solo aparece en hojas, en las que también aparecen notas o fragmentos de cartas o sonetos".

Draguet se enfrentó a obstáculos al reconstruir la historia de fondo del cuadro porque los coleccionistas compraron la obra sin un informe de procedencia, documento en el que se enumeran los propietarios anteriores, las exposiciones y las ventas. No había constancia de la obra antes de 2020.

"También es lógico que no tengamos información sobre esta obra", dijo, "porque después de 1550, esta obra era realmente peligrosa para Miguel Ángel".

El artista era partidario de un movimiento de reforma religiosa dentro de la Iglesia católica conocido como los Spirituali, cuyas creencias evangélicas estaban en desacuerdo con el papa Paulo IV. Draguet sostiene en su estudio que la Pietà capta a Cristo entre la muerte y la Resurrección, sin indicios de su tortura o crucifixión, una "representación poco ortodoxa" que habría irritado al Vaticano.

El historiador del arte teoriza en el documento que el cuadro fue llevado a Inglaterra por uno de los amigos de Miguel Ángel, el cardenal Alessandro Farnese, antes de desaparecer de los registros durante siglos.

Aunque Draguet no consiguió el respaldo de ningún otro historiador del arte o estudioso de Miguel Ángel, dijo que publicó su informe tras dos años de investigación principalmente para compartirlo con el público y abrir el debate. No existe una autoridad central sobre Miguel Ángel que tome decisiones oficiales sobre las atribuciones.

Van Druten, del Museo Teylers, dijo que incluso los historiadores del arte pueden verse arrastrados por el aura de un artista, con la esperanza de que su erudición pueda conectarlos de algún modo con la grandeza.

"Los grandes artistas siempre nos parecen enigmáticos, y esto los convierte de algún modo en divinos", dijo. "Parecen estar en contacto con algo que supera nuestra propia mortalidad".