
De los rincones más oscuros del internet ha surgido la idea de asignar una cifra --en dólares-- al atractivo de una persona.
El año pasado, algunos vagones del metro de Nueva York aparecieron cubiertos con anuncios de una nueva aplicación de citas llamada Bidsy. Prometía una nueva forma de conectar con los demás: "Presentamos las citas basadas en ofertas, no en biografías", decía un cartel en un tren F. "Descubre tu verdadero valor en el mercado de las citas".
No todo el mundo estaba encantado con los anuncios, que amenazaban con convertir el mundo de las citas en un mercado de subastas. "Reducir a la gente a un valor en dólares me parece muy oscuro", comentó Matt Storrs, un comediante que vio los anuncios en un tren N. "Te hacía ver a otras personas como objetos con un precio".
Al final, la idea de una aplicación de citas que opera como una subasta fue demasiado lejos incluso para su fundador, Ryan Beswick, quien la lanzó como un derivado de su empresa principal, Couple, una plataforma de citas más tradicional.
"Teníamos una idea medio loca en el pizarrón: ¿Y si tuvieras que hacer una oferta?", comentó Beswick. Describiendo el resultado como "una experiencia de aplicación transgresora", añadió: "En realidad decidimos no seguir a largo plazo".
Aunque Bidsy no duró mucho como aplicación de citas, la idea de asignar una cifra en dólares a las posibles parejas se ha ido emergiendo hacia la cultura dominante luego de un largo periodo de desarrollo en rincones poco visibles de internet. Los escritores y comentaristas de esos nichos en línea suelen referirse a ello como "valor en el mercado sexual".
La perspectiva transaccional del romance implícita en el término puede parecer propia de la época de la dote, pero ha cobrado fuerza en este siglo. La idea influyó en el libro El método de Neil Strauss, un superventas de 2005 enfocado en los "artistas del ligue" masculinos, y volvió a cobrar impulso en 2012, cuando el influente de la manosfera Rollo Tomassi publicó en su blog The Rational Male una gráfica que trazaba el supuesto atractivo de hombres y mujeres a lo largo de su vida. Según Tomassi, los hombres alcanzan su valor máximo cuando se acercan a los 40 años, y las puntuaciones de las mujeres se desploman después de los 30.
"Estas ideas están volviéndose más frecuentes en el mundo de las citas", dijo Mariel Barnes, una profesora adjunta de la Universidad de Wisconsin-Madison que estudia género y política. Añadió que el término "valor en el mercado sexual", que hoy es cada vez más común, antes estaba limitado a cuentas de redes sociales y foros web misóginos.
Algunos hombres llegan a extremos para mejorar su valoración. En un reciente episodio de pódcast, el creador Braden Peters, una figura del "looksmaxxing" que se hace llamar Clavicular, consideró la posibilidad de someterse a una intervención quirúrgica de 150.000 dólares para aumentar su estatura en 10 centímetros. Al final decidió que su valor en el mercado sexual estaba bien como estaba. "En realidad no es necesario, por lo bien que me ha ido en las redes sociales", dijo. "En cierto modo he sustituido esa métrica".
Hay influentes que han intentado sacar provecho de las inseguridades sexuales que afectan a los hombres jóvenes. En un video publicado el año pasado, Casey Zander, que tiene casi 650.000 suscriptores en YouTube, se paraba ante un pizarrón lleno de garabatos mientras describe al tipo de hombre que se busca mucho: "Le importa cero lo que la gente piense de él", dice Zander. "Por lo tanto, ella percibe que es fuerte en su propia identidad. Su falta de implicación emocional en el amor hacia ella también indica un alto valor en el mercado sexual".
La reducción del sexo y el romance a números forma parte de un mundo cada vez más cuantificado, en el que las aplicaciones lo monitorean todo desde la salud cardiovascular hasta las interacciones sociales. Al intentar determinar lo que valen, algunos jóvenes se asignan números en función de su mandíbula, sus ingresos y otros factores.
Austin Dunham, un influente de 30 años, vende una calculadora de valor en el mercado sexual que pide a los hombres que se califiquen del 1 al 10. Las preguntas de su encuesta incluyen: "¿Dónde te ves en la escala social?".
En varios videos, Dunham compara a los hombres con las acciones bursátiles, en el sentido de que su valor en el mercado sexual puede subir y bajar. "En realidad solo significa tu capacidad de ligar y el nivel de influencia que tienes en el mercado de las citas", dijo sobre el término.
En 2024, Dunham publicó un video en el que calificaba en directo los supuestos valores de sus seguidores en el mercado sexual. Cuando un participante de 18 años se calificó a sí mismo con "más o menos un cuatro", Dunham le pidió que se quitara la camiseta para poder juzgar su físico y asignarle un número.
El uso informal de la escala del 1 al 10 para clasificar el atractivo ya aparece en la película de Blake Edwards 10, la mujer perfecta, de 1979. Y la idea de salir con alguien "por encima" o "por debajo" --la "hipergamia", otro término favorito de la manosfera-- evoca a la dinámica de clases victoriana. ¿Qué es Cumbres borrascosas sino la historia de cómo Heathcliff mejora su valor en el mercado sexual para poder ser digno de Catherine?
El uso generalizado del término "valor en el mercado sexual" puede estar relacionado con la ubicuidad de las aplicaciones de citas y su énfasis en la atracción física inmediata, señaló Andrea Smith, profesora adjunta de comunicación en la Universidad Politécnica Estatal de California, Pomona. "Las aplicaciones separan al ser humano de la imagen que está en la pantalla", dijo Smith. "Cuando tienes esa separación, sientes que la persona que aparece en la pantalla es un producto".
Josh Brito, un empresario tecnológico de Washington, se apuntó hace poco en Bring Me Bae, una plataforma de "recompensas" para buscar pareja. Los clientes eligen cuánto están dispuestos a pagar por una pareja. La recompensa aparece debajo de su foto de perfil; se parece un poco a un cartel de "se busca".
Brito, de 33 años, dijo que había usado Hinge y Tinder, pero que los viajes que tenía que hacer por su trabajo de consultor hacían que fuera difícil tener relaciones a largo plazo. También había otro reto. "Ser bajo lo hace difícil", dijo. "Me molestaba más en la escuela. Pero ahora pienso: 'Tienes 33 años, supéralo'". Él descubrió Bring Me Bae a través de su fundador, Blaine Anderson, un asesor de citas con el que Brito había trabajado.
Anderson dijo que la búsqueda de pareja tradicional exigía mucho trabajo a los especialistas en emparejamiento y era costosa para los clientes. La idea de su negocio era incorporar una dinámica de financiamiento colectivo para una práctica anticuada. "Empecé a pensar en cómo convertir a todo el mundo en tu intermediario y ofrecerles un incentivo", dijo.
El equipo de Bring Me Bae examina las posibles parejas de los clientes antes de presentarlas. El dinero de la recompensa lo ponen los clientes y se guarda en una cuenta separada antes de ser entregado a la persona que haya conseguido la pareja.
El precio mínimo de la recompensa es de 10.000 dólares. Brito se decidió por 25.000 dólares, aunque se preguntó si ofrecer esa cantidad podría enviar una señal equivocada. "Me preocupaba que se viera raro, como: 'Este tipo tiene que pagar tanto por una cita'", dijo. Pero también pensó que eso dejaba clara la seriedad con la que estaba tomando el proceso. "Si no hago todo lo que puedo, no puedo quejarme de no obtener el resultado que quiero", dijo.
La considerable recompensa aún no ha dado ningún resultado, pero Brito es optimista y confía en que dará frutos de maneras que no se pueden cuantificar.
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