El caso Lively contra Baldoni pone a prueba a la industria del cine

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Un cariñoso baile. Comentarios sobre pornografía. ¿Qué se considera acoso dentro del set de una película que trata sobre una relación sexual que se vuelve violenta?

Cuando la batalla legal entre Blake Lively y Justin Baldoni empezó a tomar fuerza hace más de un año, unas imágenes de los dos actores bailando lentamente en el set de la película Romper el círculo se convirtieron en una especie de prueba de fuego.

Las imágenes mostraban a Baldoni, director de la película, inclinándose para acariciar y besar a Lively, su coprotagonista y pareja sentimental en la película de 2024, mientras bailaban en el centro de una escena en un bar abarrotado de gente.

Para Lively y sus defensores, se trató de un movimiento incómodo, fuera de guión y parte de un patrón generalizado de acoso sexual dentro del set.

Para Baldoni y sus defensores, la grabación -en total unos 10 minutos- era la prueba de que se había comportado de forma adecuada y realista en una escena destinada a representar a una pareja que se enamora.

Las escenas, que en su momento alentaron el debate en internet, son ahora una prueba clave ante el juez federal que decidirá si las demandas de Lively por acoso, represalias y difamación deben ir a juicio esta primavera.

En una audiencia sobre el caso celebrada en enero, Lewis Liman, juez del tribunal federal de distrito de Manhattan, dejó claro que está reflexionando detenidamente sobre los límites del comportamiento aceptable en el cine, una industria que ha experimentado un importante cambio cultural en la última década en respuesta al movimiento #MeToo.

"¿Tiene un director alguna capacidad en ese tipo de escenario para improvisar con respecto a lo que hacen los actores, para salirse un poco del guión?", preguntó Liman durante la audiencia.

"Señoría, un actor puede improvisar con consentimiento, y esa es la cuestión aquí", respondió Esra Hudson, una de las abogadas de Lively.

Hudson esbozó un protocolo que se ha generalizado en Hollywood. Diseñado por un coordinador de intimidad, el proceso exige que, antes del rodaje, se dé a los actores la oportunidad de revisar y aprobar las escenas que impliquen besos u otros tipos de contacto físico.

El equipo de Baldoni ha argumentado que este encuentro, así como otros que Lively cita en su demanda, no son ni de lejos violaciones de la ley de acoso sexual.

"¿Acudimos a un tribunal federal cuando alguien se inclina hacia delante, cuando alguien hace cariños?", preguntó Jonathan Bach, uno de los abogados de Baldoni, durante la audiencia.

Este debate no es más que una parte del extenso caso civil presentado por Lively contra Baldoni, su productora y sus socios. Se les acusa en los documentos judiciales de desatar una campaña de represalias contra ella que, según la demanda, se llevó a cabo sembrando y amplificando artículos en las redes sociales y en la prensa sensacionalista para destruir la reputación de la actriz y desacreditar sus denuncias de acoso sexual.

Para quienes trabajan en la industria del cine, es probable que la decisión del juez envíe una fuerte señal en un momento en que Hollywood aún se está adaptando a los protocolos y sensibilidades que se popularizaron durante el movimiento #MeToo. Los coordinadores de intimidad están ahora muy extendidos, al igual que las cláusulas de desnudez que indican cuánta piel y sexo simulado están sobre la mesa. (La cláusula de desnudez de Lively especificaba que solo mostraría tanta piel como pudiera verse en un "bikini de dos piezas razonablemente modesto", y que tendría derecho a aprobar por escrito cualquier cambio en las escenas íntimas).

Pero aunque las actitudes del público hayan cambiado, la norma de la ley sobre acoso sexual no lo ha hecho. El reto para los tribunales en los últimos años ha sido adaptarla a una oleada de casos de gran repercusión, algunos de los cuales proceden de la industria del entretenimiento, donde la sensualidad, incluso la vulgaridad, puede formar parte del producto.

Por ejemplo, las bailarinas que antes trabajaban para la cantante Lizzo objetaron, en una demanda, ser llevadas a una presentación que incluía bailarinas desnudas. Los abogados de Lizzo han argumentado que salidas como esa formaban parte de su "proceso creativo".

Baldoni, cuya propia demanda contra Lively fue desestimada el año pasado, sostiene que ella utilizó falsas denuncias de acoso para hacerse con el control de la película. Sus abogados afirman que sus esfuerzos de gestión de crisis solo pretendían proteger su reputación en 2024, cuando empezó a sentir que se le había marginado injustamente del estreno de la película. Dicen que no hay pruebas de que Baldoni o sus asociados promovieran ninguna historia falsa sobre Lively.

Las conversaciones para llegar a un acuerdo la semana pasada no fructificaron, por lo que, a menos que el juez desestime el caso en los próximos días, parece encaminarse hacia un juicio en mayo. Dicho juicio atraería una enorme atención, mientras que las maquinarias de relaciones públicas de Hollywood y los abogados de alto perfil debaten un caso que incluye sexo, celebridades y mensajes de texto abiertos de Taylor Swift y otros.

La película, Romper el círculo, era una adaptación de una novela de Colleen Hoover sobre una relación devastada por la violencia doméstica. Lively, quien retrató a la mujer que sufrió los abusos, ha dicho que la propia película se convirtió en un entorno de trabajo hostil.

Ella dijo en documentos judiciales que Baldoni le informó de que estaba circuncidado durante una conversación sobre decisiones de paternidad y que una vez había sido adicto a la pornografía. Ella dice que él describió uno de sus atuendos en el set como "sexi" y "caliente", se disculpó por sus comentarios, solo para luego bromear diciendo que se había perdido el entrenamiento sobre acoso sexual.

La demanda de Lively también dice que Jamey Heath, el director ejecutivo de la productora de Baldoni, le mostró abruptamente un video que él describió como imágenes de su esposa dando a luz. La demanda también lo acusa de mirarla fijamente cuando estaba en topless en su camerino de maquillaje, después de que ella le pidiera que le diera la espalda. Heath ha dicho que el video en realidad mostraba a su esposa después de que el bebé hubiera nacido y que se le pidió que lo mostrara en el contexto de la planificación de una escena para la película. Cualquier atisbo de Lively en el camerino de maquillaje, han dicho sus abogados, fue claramente involuntario.

Los abogados de Baldoni y Wayfarer, su productora, han argumentado que los episodios no son más que "malentendidos y comentarios incómodos". Dicen que las preocupaciones de Lively se resolvieron fácilmente: después de que Baldoni y Heath tuvieran conocimiento de ellas, no surgieron otras quejas sobre su comportamiento.

"Esos comentarios pasajeros y esporádicos, aunque quizá desacertados, no son escandalosamente ofensivos en un entorno en el que los profesionales colaboran estrechamente para hacer una película deliberadamente cargada de contenido sexual", escribieron sus abogados en los documentos judiciales.

Los abogados de Baldoni han citado un caso emblemático para la industria del entretenimiento, una demanda por acoso sexual presentada a principios de la década de 2000 por una asistente de guionista de la comedia Friends. La asistente describió la sala de guionistas de la serie como repleta de vulgaridad, incluidas discusiones gráficas sobre las propias experiencias sexuales de los escritores.

La Corte Suprema de California falló en contra de la demandante, dictaminando que en una comedia de situación con insinuaciones sexuales en sus guiones, las conversaciones lascivas en la sala de guionistas "reflejaban el proceso creativo en el trabajo".

La corte también determinó que los comentarios vulgares no iban dirigidos a la asistente por razón de su sexo, una norma legal según la ley de acoso que es fundamental para saber si las demandas por acoso sexual de Lively seguirán adelante.

Los abogados de Baldoni han argumentado que el comportamiento que Lively ha citado no tenía nada que ver con su género y sino con retratar el "turbulento y candente romance" al centro de la película.

Pero el equipo de Lively ha citado los relatos de otras mujeres para sugerir que hubo animadversión de género en el set que hizo que otras se sintieran incómodas. Jenny Slate, una actriz de la película, dijo en su declaración que Baldoni había hecho un comentario no deseado sobre que su atuendo era "sexi". Otra actriz, Isabela Ferrer, dijo en una declaración que se sintió incómoda cuando Baldoni comentó: "sé que se supone que no debo decir esto, pero eso estuvo candente", después de que rodaran una escena en la que su personaje tenía relaciones sexuales por primera vez.

Los expertos dijeron que no toda experiencia incómoda en el lugar de trabajo respalda necesariamente una demanda legal por acoso, que requiere que el comportamiento se eleve al nivel de "grave o generalizado".

"Una forma de entender este caso es como un choque entre las percepciones culturales más amplias del acoso tras el movimiento #MeToo", dijo Russell Robinson, profesor de derecho en la Universidad de California, Berkeley, quien tiene experiencia en la ley contra la discriminación, "donde creo que mucha gente -especialmente las mujeres- leerían las acusaciones y dirían, 'eso es inapropiado'".

"Pero creo que para los tribunales", dijo, "el estándar para el acoso es mucho más exigente que la percepción pública general de lo que es apropiado o inapropiado".

Otra cuestión será probablemente si las discusiones sobre sexualidad en el set estaban relacionadas con el trabajo de hacer la película, o fueron gratuitas.

"Puedes consentir estar en un ambiente de trabajo en el que la discusión o el trabajo se centra en temas sexualmente explícitos", dijo Nicole Page, abogada experta en casos de discriminación de género, "pero eso no significa que consientas que alguien en la sala se dirija a ti y te pregunte sobre tus preferencias sexuales personales".

La demanda de Lively dice, por ejemplo, que mientras proponía una escena en la que los dos personajes principales simulan un orgasmo simultáneo, Baldoni le dijo que él y su esposa llegaban al clímax al mismo tiempo y le preguntó si ella y su marido, Ryan Reynolds, hacían lo mismo. Baldoni dijo en una declaración que no recordaba una discusión con Lively en la que se hubiera hablado de eso.

El ambiente de las conversaciones calificadas de censurables forma parte de lo que ponderan los jueces. En una de varias demandas interpuestas por mujeres de la franquicia Real Housewives, Leah McSweeney, miembro del reparto, objetó que el presentador de un especial de reunión, Andy Cohen, le había preguntado sobre experiencias sexuales con otras mujeres, entre otras quejas.

Al desestimar las demandas por discriminación de género, Liman señaló que si la conducta que ella describía hubiera ocurrido en "la planta de producción o en una suite ejecutiva", se elevaría a una demanda válida por acoso. Pero esto era telerrealidad, dictaminó el juez, y los miembros del reparto eran muy conscientes del papel de agitador que Cohen había desempeñado durante mucho tiempo como moderador de esas reuniones.

Mientras las dos partes del caso Lively esperan la decisión de Liman, el juicio en el tribunal de la opinión pública ya está muy avanzado en las redes sociales, donde los usuarios han diseccionado un montón de pruebas que se han dado a conocer en el último mes.

Los hilos de Reddit analizan los mensajes de texto que no han sido restringidos. Los conductores de pódcast diseccionan los correos electrónicos que rodean los esfuerzos de control de daños de Baldoni. Analistas jurídicos de sillón en TikTok y YouTube desmenuzan imágenes del set.

Detrás del debate en las redes sociales y de las disputas legales hay una batalla de voluntades entre dos acaudaladas celebridades de Hollywood y sus equipos de celosos defensores. En el centro de esa batalla está la cuestión de quién tenía más poder durante su colaboración. ¿Fue Baldoni, quien dirigió la película realizada por una productora que él cofundó? ¿O fue Lively, a quien Baldoni ha acusado de aprovecharse de poderosos aliados como Reynolds y Swift para aumentar su influencia sobre la película?

"Se nota que hay una batalla de relaciones públicas junto a los argumentos legales", dijo Robinson. "Cada parte quiere presentar a su cliente como la víctima".

Julia Jacobs es una reportera de arte y cultura que a menudo cubre temas legales para el Times.