Robert Duvall, quien recurrió a una reserva aparentemente inagotable de destreza interpretativa para transformarse en un abogado de la mafia enfocado en los negocios, un cantante de country venido a menos, un detective de policía cínico, un piloto de los marines bravucón, un comandante de Vietnam obsesionado con el surf, un recluso sureño enigmático y decenas de otros personajes de cine, teatro y televisión, murió el domingo. Tenía 95 años.
Su muerte fue anunciada en un comunicado por su esposa, Luciana Duvall, quien dijo que había fallecido en casa.
El rasgo singular de Duvall era sumergirse tan profundamente en los papeles que parecía casi desaparecer en ellos, una capacidad que resultaba "extraña, incluso espeluznante la primera vez" que se presenciaba, dijo Bruce Beresford, el australiano que lo dirigió en la película de 1983 Tender Mercies.
En esa película, Duvall interpretaba a Mac Sledge, una estrella de country alcohólica y acabada que se reconcilia con la vida cuando se casa con una viuda con un hijo pequeño. La interpretación le valió un premio de la Academia al mejor actor, su único Oscar en una carrera que le dio otras seis nominaciones tanto en papeles principales como secundarios.
"Él es el personaje", dijo Beresford de Sledge. "No es Duvall en absoluto".
Duvall, sin embargo, no lo creía. "¿Qué quieres decir?", dijo en una entrevista con The New York Times en 1989. "¡No me convierto en el personaje! Sigo siendo yo, haciéndome a mí mismo, alterado".
El público y la crítica seguían sin estar convencidos. Para ellos, Duvall, con una voz que distaba mucho de ser sedosa y unos rasgos que no eran los de una estrella de cine convencional, se convertía una y otra vez en alguien totalmente nuevo.
Durante su carrera cinematográfica, que despegó a principios de la década de 1960, destacó por una intensa dedicación que daba forma a cada uno de sus papeles. Ya de niño, en una familia de la Marina que se trasladaba por todo Estados Unidos, tenía oído para los patrones de habla de la gente y ojo para sus gestos. "Me quedo con los recuerdos de un tipo", dijo una vez. Las ideas que iba recopilando las guardaba en su cabeza para utilizarlas en el futuro.
Para prepararse para el papel de Mac Sledge, cantó con una banda de country y manejó por el este de Texas con un amigo, quien al final tuvo que preguntarle qué estaban haciendo. "Buscamos acentos", dijo Duvall.
En pesquisas similares, se relacionó con personas variadas y sórdidas. Se hizo amigo de rufianes del este de Harlem mientras se preparaba para un papel que lo ayudaría a convertirse en estrella: el de Tom Hagen, el sensato consigliere de la familia del crimen Corleone en las dos primeras películas de El padrino de Francis Ford Coppola, a principios de la década de 1970.
Colaboró con detectives de la policía antes de interpretar a un investigador obstinado en Confesiones verdaderas (1981). Para prepararse para uno de sus papeles emblemáticos en el teatro --como el estafador Teach en la producción original de Broadway en 1977 de American Buffalo de David Mamet-- pasó un tiempo con un exconvicto, de quien tomó la idea de llevar un arma en los genitales.
Hizo inmersiones similares para otros papeles notables, ya fuera como el teniente coronel Bull Meechum, un combatiente frustrado sin combate (excepto dentro de su propia familia) en El gran Santini (1979); o Frank Hackett, el ejecutivo de Network, un mundo implacable (1976), la visión escalofriante de Paddy Chayefsky sobre los noticieros de televisión; o el teniente coronel Bill Kilgore, a quien le encantaba "el olor a napalm por la mañana" en Apocalipsis ahora (1979) de Coppola. Por años, dijo Duvall a los entrevistadores, la gente se le acercaba con regularidad y le decía esa frase, como si fuera un pequeño secreto que solo conocían él y ellos.
Pronto publicaremos una versión actualizada de este obituario.
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