Canadá se aleja de EE. UU. en su nueva expansión de gasto militar

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El primer ministro Mark Carney ha resaltado que Canadá ya no adquirirá entre el 70 y el 75 por ciento de sus armas de Estados Unidos, como lo ha hecho históricamente.

El gobierno de Canadá, frente a la creciente hostilidad del gobierno de Donald Trump, planea reorientar miles de millones de dólares en gasto militar que durante mucho tiempo había dado a empresas de defensa estadounidenses y dirigirlos a fabricantes nacionales.

La expansión generalizada del gasto militar canadiense del primer ministro Mark Carney fue impulsada por la presión del presidente Trump, pero con el deterioro de las relaciones entre los aliados tradicionales, las empresas estadounidenses ya no obtendrán los beneficios.

La nueva estrategia de la industria de defensa, que se anunciará esta semana, es el paso más reciente de Carney para distanciar a su país de Estados Unidos después de la decisión de Trump de imponer aranceles contra varias industrias canadienses clave. El presidente estadounidense también ha sugerido en diversas ocasiones que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos.

El mes pasado, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, Carney dijo, sin nombrar a Trump ni a Estados Unidos, que se ha producido una "ruptura" permanente en el orden mundial. Hizo un llamamiento a los países medianos para que cooperen como contrapeso a las superpotencias mundiales.

En la Conferencia de Seguridad de Múnich, la semana pasada, se escucharon ecos del discurso de Carney. El canciller de Alemania, Friedrich Merz, dijo que el orden internacional basado en normas "ya no existe". Junto con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, también habló sobre el impulso de Europa hacia la autonomía militar.

Al igual que Canadá, las naciones europeas han empezado a cuestionar la fiabilidad de Estados Unidos como aliado, dadas las amenazas del gobierno de Trump contra Groenlandia.

Trump se ha quejado durante mucho tiempo de que otros miembros de la OTAN no asumían su peso financiero.

Después de convertirse en primer ministro hace poco menos de un año, Carney prometió aumentar el gasto militar de Canadá a niveles no vistos desde la guerra de Corea. En junio del año pasado, invirtió 9300 millones de dólares canadienses --unos 7000 millones de dólares-- en el ejército de Canadá para cumplir con el nivel mínimo de gasto de la OTAN del 2 por ciento del producto interno bruto. Canadá ha acordado elevar su gasto militar al nuevo objetivo de la OTAN del 5 por ciento del producto interno bruto para 2035.

Pero Carney ha resaltado que Canadá ya no adquirirá entre el 70 y el 75 por ciento de sus armas de Estados Unidos, como lo ha hecho históricamente. Las fuerzas armadas de ambas naciones están estrechamente entrelazadas y el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD, por su sigla en inglés) está dirigido conjuntamente por comandantes estadounidenses y canadienses.

Bajo la nueva política, el gobierno planea aumentar los ingresos de los proveedores militares canadienses en un 240 por ciento al dirigir el 70 por ciento del gasto militar a empresas nacionales y aumentar las exportaciones de armas desde Canadá en un 50 por ciento. El gobierno predice que su plan de compras nacionales creará 125.000 empleos adicionales en el sector durante la próxima década.

"Se han trastocado las suposiciones arraigadas, sobre el fin de la conquista imperial, la durabilidad de la paz en Europa y la resistencia de las viejas alianzas", dice el documento de la política. "Es más importante que nunca que Canadá posea la capacidad de sostener su propia defensa y salvaguardar su propia soberanía".

El plan también incluye el aumento del gasto en investigación y desarrollo relacionados con el ejército en un 85 por ciento y hace del Ártico un foco de atención para las fuerzas armadas.

"Esta estrategia significa un punto de inflexión para Canadá", dijo Margaret McCuaig-Johnston, investigadora sénior de la escuela de posgrado de asuntos públicos e internacionales de la Universidad de Ottawa. "La gran pregunta, y tendremos que ver cómo se desarrolla con el tiempo, es qué porcentaje de nuestras inversiones en defensa se harán con empresas de defensa estadounidenses, nuestros socios históricos".

Canadá también está revisando, por segunda vez, su decisión de comprar hasta 88 cazas F35 a Estados Unidos. En la actualidad, Canadá solo se ha comprometido a comprar 16 de estos aviones, que han sido criticados por algunos por ser demasiado costosos y no adaptarse bien a las necesidades de Canadá.

Mélanie Joly, ministra de Industria, ha criticado el limitado nivel de fabricación canadiense generado por la compra de los F35. En última instancia, aseguró el año pasado, el gobierno podría comprar un número menor de F35 junto con una flota de cazas Gripen E fabricados por Saab. El fabricante de aviones sueco se ha asociado con Bombardier, fabricante de aviones con sede en Montreal, para finalmente construir el Gripen en Canadá si se elige el avión.

Canadá también busca comprar unos 12 submarinos nuevos, aunque los astilleros estadounidenses no fabrican los submarinos diesel eléctricos que desea. Tanto Hanwha Ocean, una empresa surcoreana, como ThyssenKrupp Marine Systems, de Alemania, prometen importantes beneficios industriales para Canadá si consiguen ese contrato.

En el caso de Hanwha, dichos beneficios van más allá del gasto militar. El mes pasado, mientras estaban en Ottawa para promocionar el barco de Hanwha, una delegación de funcionarios surcoreanos firmó un acuerdo para estudiar la posibilidad de llevar a Canadá la fabricación coreana de automóviles.

Hanwha también ha acordado gastar 250 millones de dólares para construir una planta de vigas de acero estructural en la única siderúrgica canadiense de propiedad nacional y comprarle productos. La empresa Algoma Steel ha despedido a trabajadores desde que Trump impuso un arancel que ahora es del 50 por ciento sobre el acero canadiense.

McCuaig-Johnston dijo que la nueva estrategia de defensa llegaba con retraso.

"Canadá no ha invertido adecuadamente en nuestras industrias de defensa, ya que percibíamos que estábamos protegidos por nuestro vecino estadounidense", dijo. "Claramente, eso ha cambiado".

Ian Austen escribe sobre Canadá para el Times, y está radicado en Ottawa. Cubre la política, la cultura y la población de Canadá y ha informado sobre el país durante dos décadas. Puede ser contactado en austen@nytimes.com.