Trump anula la invitación de Canadá a unirse a su 'Junta de Paz'

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La medida pareció ser una respuesta a las duras declaraciones del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en las que rechazaba los esfuerzos de Trump por desmantelar el orden internacional.

El presidente Donald Trump revocó el jueves su invitación al primer ministro de Canadá, Mark Carney, para que se uniera a su "Junta de Paz", una organización que había fundado para supervisar un acuerdo de paz entre Israel y Hamás en Gaza, pero que ahora ha intentado ampliar para convertirla en una institución que rivalice con las Naciones Unidas.

En un discurso muy destacado del martes en el Foro Económico Mundial, Carney había instado a los dirigentes de las naciones más pequeñas aliarse para resistir la doctrina de Trump de "Estados Unidos primero" y sus esfuerzos por desmantelar el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. El jueves, horas antes del anuncio de Trump, Carney fue más allá, y denunció el "autoritarismo y la exclusión" en un discurso que parecía referirse al presidente.

Aunque no explicó por qué rescindía la invitación, Trump, que a menudo arremete contra los líderes que lo desafían públicamente, pareció reaccionar a las declaraciones de Carney. En un episodio similar ocurrido meses atrás, Trump trató de castigar a Canadá con aranceles adicionales a causa de un anuncio televisivo canadiense que aludía al expresidente Ronald Reagan denunciando los aranceles.

"Que por favor esta Carta sirva para indicar que la Junta de Paz retira su invitación para que Canadá se una a la que será la Junta de Líderes más prestigiosa jamás reunida, en cualquier momento", escribió Trump en una publicación en las redes sociales presentada como una carta a Carney.

El dirigente canadiense había recibido la semana pasada una invitación a la Junta de Paz, y su personal había dicho que pensaba aceptarla. Pero se distanció rápidamente del ofrecimiento después de que salió a la luz que Trump cobraría a los miembros más de 1000 millones de dólares a cambio de un puesto permanente en la organización, y que otros dirigentes occidentales, como el francés Emmanuel Macron, habían declinado unirse a ella.

El desaire público de Trump a Carney fue el más reciente golpe a las relaciones entre Estados Unidos y Canadá, que habían sido cercanas durante mucho tiempo, aunque hubo serios problemas en el primer mandato de Trump. Desde que Trump volvió al poder, ha adoptado una postura especialmente agresiva contra el vecino del norte, lo que ha irritado al gobierno de Canadá y enfurecido a sus ciudadanos.

En ocasiones, el presidente ha empleado una guerra comercial, ha amenazado con anexionar Canadá como el estado número 51 y ha proferido duras palabras contra Carney y otros funcionarios canadienses en medio de las negociaciones por los aranceles y otras cuestiones. Los lazos económicos también se han visto considerablemente perjudicados: los canadienses, que históricamente han constituido una gran parte de los turistas internacionales en Estados Unidos, están boicoteando los destinos turísticos y los productos importados del país.

La espiral diplomática descendente es un mal presagio para la renegociación del T-MEC, el acuerdo de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México que sustenta el comercio y las cadenas de suministro en Norteamérica. El destino de ese acuerdo, concretado en el primer gobierno de Trump, es completamente incierto.

El hecho de que Trump rescindiera la invitación a Carney fue también la señal más reciente de que la Junta de Paz sería cualquier cosa menos una organización internacional típica, en la que se tolera o incluso se fomenta el desacuerdo y la franca expresión de los Estados miembros. Sus estatutos otorgan a Trump, presidente de la organización, un poder desmesurado, incluida la autoridad para vetar decisiones, aprobar el orden del día, invitar y destituir a miembros, disolver por completo la junta y designar a su sucesor.

La fundación de la junta se produce cuando Trump impulsa una visión imperialista de la política exterior estadounidense, según la cual Estados Unidos podría derrocar gobiernos, apoderarse de territorios y recursos extranjeros y dominar a los países vecinos "les guste o no". El gobierno de Trump también ha rehuido en gran medida la formación de coaliciones y el consenso de las naciones que suelen buscarse en organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y la OTAN.

Anteriormente, Carney y Trump habían mantenido una relación cordial. Pero el discurso de Carney en Davos parece haber marcado un punto de inflexión: no mencionó ni una sola vez a Trump o a Estados Unidos, y describió en términos crudos y oscuros lo que calificó de "ruptura" del orden mundial liderado por Estados Unidos. Carney hizo un llamamiento a las potencias intermedias --naciones como Canadá que no son lo bastante fuertes para rivalizar por sí solas con Estados Unidos o China-- para que se unan, no sea que queden a merced de potencias mayores, advirtiendo que "si no estamos en la mesa, estamos en el menú".

Trump, un día después, se refirió brevemente al discurso de Carney. "Ayer vi a su primer ministro. No estaba muy agradecido, pero deberían estar agradecidos con nosotros. Canadá vive gracias a Estados Unidos", dijo el presidente en Davos.

"Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones", añadió.

Carney respondió el jueves en un discurso nacional. "Canadá y Estados Unidos han construido una asociación extraordinaria. En la economía, en la seguridad y en un rico intercambio cultural. Pero Canadá no vive gracias a Estados Unidos", dijo.

Carney añadió: "Canadá prospera porque somos canadienses".

Chris Cameron es reportero del Times en Washington, donde se enfoca en las noticias de último momento y en el gobierno de Trump.

Matina Stevis-Gridneff es la jefa del buró del Times en Canadá, donde dirige la cobertura del país.