Especial para Infobae de The New York Times.
NUEVA YORK — Israel Lausell, de 41 años, trabaja entre seis y ocho horas al día haciendo repartos nocturnos en Manhattan para Uber Eats y Grubhub, además de su trabajo diurno en el Departamento de Educación de Nueva York. No es dinero fácil. “Me he caído en la bici. Me ha atropellado un auto”, contó.
Para los repartidores como él, el clima y la incertidumbre son lo peor: “A veces ganamos 20 dolares, y hemos estado aquí todo el día”.
La pandemia de coronavirus generó una explosión de la demanda de reparto a domicilio. Se calcula que en Nueva York ahora hay 65.000 repartidores, en bicicletas y motos, día y noche, a menudo con un clima implacable. Pero la ciudad ha creado muy poca infraestructura para apoyar a esta mano de obra.
Nueva York tiene menos de 1200 baños públicos. Tiene un problema con los vehículos estacionados en los carriles para ciclistas o que se meten en ellos, y una abundancia de arquitectura hostil, es decir plazas aparentemente públicas diseñadas para disuadir a la gente de descansar.
Los repartidores han presionado para tener un sueldo mejor, y más constante, pero la logística física de su trabajo se ha convertido en un nuevo foco de atención tanto para los funcionarios del gobierno como para los defensores de los derechos de los trabajadores. Y en el Upper East Side, un experimento empresarial ha demostrado las posibilidades y limitaciones de hacer un poco más cómodas sus condiciones de trabajo.
Es un trabajo duro, y los repartidores de la ciudad se enfrentan a “muchos, muchos retos”, afirmó Ligia Guallpa, directora ejecutiva del Proyecto de Justicia Laboral, que representa a un grupo de repartidores llamado Los Deliveristas Unidos.
En febrero, la cadena sureña de sándwiches de pollo frito Chick-fil-A abrió en la Tercera Avenida, cerca de la calle 83 Este, un espacio sereno, tipo loft, llamado Brake Room, con la intención de que sirviera de refugio a los repartidores de comida a domicilio. Fue un experimento temporal y cerró el jueves pasado, según un representante de la empresa.
Pero las entrevistas con repartidores que habían visitado el Brake Room dejaron en claro que hay un vacío en el sistema. Los trabajadores, de edades comprendidas entre los 19 y los 48 años, se mostraron agradecidos por tener la oportunidad de sentarse, cargar sus teléfonos, ir al baño, comer algo que trajeran de casa o simplemente estar en un lugar tranquilo durante unos minutos.
A la pregunta de adónde iría cuando cerrara el local, un repartidor se encogió de hombros. “Afuera”, respondió.
Hay otros proyectos similares en desarrollo. El Worker’s Justice Project, en colaboración con el ayuntamiento, pretende crear centros —reutilizando quioscos de prensa abandonados— para que los repartidores descansen y puedan cargar sus teléfonos y bicicletas eléctricas.
Se están estudiando dos ubicaciones en Manhattan para un proyecto piloto inicial: una cerca del ayuntamiento y otra en el Upper West Side. El programa se encuentra en una fase temprana, pero de momento la junta de vecinos del Upper West Side tiene una opinión “abrumadoramente negativa” al respecto, señalando que la intersección propuesta ya está muy transitada y congestionada.
El Worker’s Justice Project también pretende crear una zona de descanso aún más completa que la de Brake Room, en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn. Incluirá acceso a educación, capacitación y apoyo, dijo Guallpa. Los trabajadores podrán obtener asesoramiento jurídico y aprender a cargar las baterías de sus bicicletas eléctricas de forma segura y a realizar reparaciones.
Sin embargo, como hay decenas de miles de repartidores, un solo lugar para refugiarse y dos estaciones de carga en Manhattan no pueden satisfacer todas sus necesidades.
Un día reciente entre semana, hacia las 02:30 p. m., casi todos los asientos de la Brake Room estaban ocupados. Una mezcla de salsa y jazz latino sonaba en los altavoces colgados en lo alto de las paredes de ladrillo.
Todas las personas sentadas en la media decena de mesas de dos tableros tenían varios teléfonos. Algunos los estaban cargando, otros veían videos o enviaban mensajes de texto, y unos pocos jugaban videojuegos.
Los hombres tenían tazas de café de un puesto instalado en el centro de la sala. Los empleados repartían botellas de agua. Un hombre se sentó en un sofá de cuero, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Chick-fil-A calificó la Brake Room de “acto de atención a la comunidad”, pero también utilizó el espacio para realizar grupos de discusión y estudios de casos, e investigar las necesidades de los repartidores.
Por ejemplo, mientras se diseñaba el espacio, los repartidores entrevistados pidieron sillas con soporte: se pasan el día en bicicleta y les duele la espalda. “Teníamos todos estos bancos, y nos decíamos: ‘¡Quiten los bancos!’”, contó Katie Joiner, miembro del equipo de mercadeo de Chick-fil-A.
A los repartidores que habían estado en el Brake Room les encantaba. Algunos se mostraron muy disgustados cuando se les informó que dejaría de existir. Hablaban de que en otros establecimientos los trataban con descortesía cuando pedían ir al baño o intentaban sentarse un rato.
“De verdad, ¿solo un lugar? No es suficiente”, declaró Lausell. Aunque dice que no le sorprendió que el Brake Room estuviera a punto de cerrar. Cuando se enteró, pensó: “Esto es muy raro. Están pagando mucho alquiler. Además, regalan bocadillos. Regalan agua. Regalan café. Eso cuesta dinero”.
Pero lo entiende. “Creo que lo que intentan es hacer correr la voz de que necesitamos ayuda. Necesitamos lugares a los que podamos ir y no solo calentarnos, sino también cargar las pilas. Y, ya sabes, relajarnos un poco. Esto no es fácil”.
Asientos y fotografías de repartidores de comida en el interior del Brake Room, una parada de descanso para repartidores que cerró recientemente en Nueva York, el 22 de marzo de 2023. (Hiriko Masuike/The New York Times)
Elhadj Niass, de Senegal, en el exterior del Brake Room, una parada de descanso para repartidores que cerró recientemente en Nueva York, el 22 de marzo de 2023. (Hiriko Masuike/The New York Times)
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