Irán: ¿resistencia asimétrica o inmolación?

El régimen teocrático iraní, tras la devastación de su liderazgo y arsenal, recurre a tácticas de desgaste para sostenerse en el conflicto, buscando forzar una negociación que evite una rendición incondicional y preserve cierta capacidad de decisión interna

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El sistema de defensa aérea
El sistema de defensa aérea israelí opera mientras un misil iraní vuela hacia Israel, después de que Israel y Estados Unidos lanzaron ataques contra Irán, como se ve desde Hebrón, en Cisjordania ocupada por Israel, el 1 de marzo de 2026. REUTERS/Mussa Qawasma

Luego de experimentar la decapitación de su liderazgo, la destrucción de su armada y de sus fábricas de misiles y de drones, lo que queda del régimen teocrático instaurado en Irán en 1979 es una estrategia de resistencia asimétrica con miras a alcanzar la opción de salida del conflicto menos mala. Se trata de soportar daños mayores, elevados costos y/o pérdidas a corto plazo para romper la voluntad política del enemigo o su capacidad económica para continuar la lucha o ambas.

Es por ello que -pese al bombardeo ejecutado y en ejecución por parte de Israel y los Estados Unidos- Irán continúa lanzando misiles y drones contra objetivos estratégicos como es el caso de las embajadas de USA en la región del Golfo, los puertos y aeropuertos en esa misma región y en el estrecho de Ormuz. Se trata de obligar a los atacantes a mantener el ritmo de la agresión hasta que sus pertrechos y la voluntad política que ampara la guerra contra Irán se agoten.

O dicho de otra forma, se trata de alargar el conflicto, ampliar el campo de batalla y hacer que el costo de la guerra se torne prohibitivo para el oponente más fuerte. En el caso específico de Israel, se trata de provocar la caída del sistema de protección aérea conocido como “el escudo de los cielos” por saturación para causar daños a la población civil de manera que esta se oponga al conflicto. En el caso de Estados Unidos, Irán está apostando a que la opinión pública doméstica se encargue de poner fin a la agresión. Y si bien el costo de esta estrategia es elevadísimo, presenta dos virtudes. Permite reconfigurar el liderazgo interno barrido por los bombardeos israelí-norteamericanos, creando así un núcleo de poder que permite que la posible futura rendición no sea de rodillas.

En este sentido, es un costosísimo plan para permitir la formación de un nuevo liderazgo luego de la aniquilación por los Estados Unidos e Israel del líder Supremo Ali Khamenei y los tres círculos inmediatos de poder en el país bajo la lluvia de los bombardeos. Ocurrida esta decapitación masiva, el sistema necesita reconstituir fuerzas para poder negociar el nuevo estatus quo aun cuando este sea peor que el estatus ante bellum. Así se explica la evidente escalada del conflicto en la cual Irán literalmente ha bañado de drones y misiles a Israel, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos.

El problema con esta estrategia surge cuando se evalúa el arsenal de Irán y su duración. Al parecer, Irán tiene misiles y drones para mantener el actual ritmo de hostilidades por dos meses. Sin embargo, esto solo cubre los depósitos y fábricas de objetos de defensa ubicados en Irán. Existen fábricas de drones y de misiles en países cercanos a la órbita rusa que podrían cubrir las necesidades de Irán. Pero las sanciones financieras impiden que se concrete este recurso; no se reponen por este conducto. Irán podría terminar negociando su rendición desde un estadio inferior al que hoy ocupa. De hecho, ya China expresó su molestia con el cierre del estrecho de Ormuz. Recordemos acá que el 80% del petróleo iraní va a Asia.

Los Emiratos, que hasta ahora habían permanecido neutrales, indicaron sus intenciones de responder a las agresiones y Estados Unidos, que inicialmente había dicho por boca de su presidente que este operativo militar solo tomaría entre cuatro y cinco semanas, ya está diciendo que se espera que se prolongue por un trimestre. Pero aún bajo estas circunstancias, Irán podría quedar paralizado antes que sus rivales. En este caso, se trataría de una inmolación y no de una estrategia de defensa asimétrica.