Mienten. Casi todos mienten. Algunos mienten. Nadie miente. La mentira está en el aire en cada conversación y, según los expertos, es bastante simple-si se sabe analizar ciertos gestos- saber cuando alguien falta a la verdad.
Kevin Colwell, profesor estadounidense de psicología en Southern Connecticut State University, explicó que el engaño juega un papel contradictorio en nuestras relaciones interpersonales. “El engaño lubrica los engranajes de la sociedad y hace que nuestras relaciones funcionen mejor”, definió el experto en una investigación sobre la mentira publicada en la revista Time.
Mientras que la mayoría de las mentiras son inocentes y no pretenden hacer daño, aquellas que tergiversan hechos materiales de manera intencional pueden tener efectos contraproducentes, que deteriora la salud mental y destruye relaciones. Jim Clemente, ex fiscal del Estado de Nueva York y agente especial retirado del Federal Bureau of Investigation (FBI), subraya “la importancia de comprender las normas de comportamiento y de comunicación individuales para detectar el engaño”. Por ejemplo, la incapacidad de algunos para mantener contacto visual podría ser normal, pero en otros, podría indicar que algo anda mal. Clemente además sostuvo que “identificar las normas personales de cada individuo, es el primer paso para luego prestar atención a cambios fisiológicos desencadenados por la respuesta de lucha o huida”.
Cuando alguien miente, es posible que se produzcan variaciones notables en su fisiología debido al incremento del ritmo cardíaca y la presión arterial, que da como resultado en una disminución de la salivación. Esto puede llevar a la persona a tragar con dificultad o lamerse los labios frecuentemente. Clemente comentó que otro indicativo de nerviosismo puede manifestarse a través de movimientos inquietos: como cambios de posición o tratar de tomar distancia del la otra persona. “Además, otros comportamientos que ayudan a identificar una mentira son: frotarse las manos, pellizcarse, carraspear o tirarse del cabello, que son válidos para aliviar de la tensión y el estrés”, dijo Clemente.
Por otro lado, Colwell señala que “una estrategia efectiva para discernir la verdad implica entrar en las conversaciones sin prejuicios y buscar conectar de manera que el diálogo fluya naturalmente.” Tanto Clemente como Colwell comparten que “para identificar a un mentiroso, es esencial observar las desviaciones del comportamiento habitual, incluyendo el aumento del pulso, la sudoración, y otros signos de nerviosismo. Además, la manera en la que se narran los eventos puede revelar la veracidad de la información compartida: los relatos verdaderos tienden a ser menos estructurados y más ricos en detalles.”

Colwell sugiere hacer preguntas específicas y observar las respuestas: “Un mentiroso posiblemente reproduzca exactamente lo que ya mencionó, usando frases idénticas para evitar errores que puedan delatarle. Este patrón de comunicación, característico por su falta de profundidad y novedad en la información proporcionada, puede ser un indicativo claro de estar frente a una posible mentira. Así, el análisis del discurso se convierte en una técnica útil para discernir la veracidad en las conversaciones diarias, enfatizando la importancia de prestar atención no solo a lo que se dice, sino cómo se dice”.
“Evitar el contacto visual mientras hablamos no necesariamente indica que estamos mintiendo, sino que podría ser una señal de que estamos pensando en nuestra respuesta. Causando que esta idea contradiga a la creencia popular de que las personas desvían la mirada al mentir”, se explaya Colwell en el articulo de Time.
Otra experta que parta a la investigación de cómo descubrir si es o no mentira, es Wendy Patrick, fiscal de larga trayectoria y autora de “Red Flags: How to Spot Frenemies, Underminers, and Ruthless People”. Patrick enfatiza que “los individuos con una mentira preparada suelen mirar directamente a los ojos de su interlocutor para evaluar si le creen o no”. La experta también señala que “las expresiones faciales, específicamente la sonrisa, juegan un papel importante en la distinción entre la verdad y la mentira.” Y mencionó que “las sonrisas de aquellos que mienten no llegan a sus ojos, lo que se evidencia por la ausencia de arrugas alrededor de estos.” Por eso, tanto Patrick como Colwell enfatizan “la importancia de la coherencia entre el mensaje verbal y el lenguaje corporal. Un desajuste entre ambos puede ser indicativo de engaño”.
A pesar de todo, en una investigación reciente llevada a cabo por el profesor Asociado Timothy Luke y su equipo en la Universidad de Gotemburgo en Suecia, han puesto en estudio las deficiencias en los métodos tradicionales de detección de mentiras, destacando la necesidad de enfoques más efectivos. Las conclusiones del estudio dieron como resultado que “los indicadores tradicionalmente asociados con la mentira, como la aversión a la mirada y el nerviosismo, no son confiables”.
Contrario a la creencia popular, el 82% de los expertos encuestados sostuvo que los mentirosos no evitan el contacto visual más que las personas que dicen la verdad. Del mismo modo, el 70% coincidió en que no parecen más nerviosos. Estos hallazgos sugieren que características como el movimiento corporal, el encubrimiento de una respuesta verídica y la fluidez en el relato tampoco proporcionan una base sólida para la detección de la mentira.
“Si hay una inconsistencia entre lo que una persona te dice y los hechos que tienes, hay una alta probabilidad de que la persona esté tratando de engañarte”, sostiene Aldert Vrij profesor de psicología en la Universidad de Portsmouth.
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