
La primera jornada de la cumbre de los líderes de las economías emergentes BRICS en Johannesburgo dejó avances y coincidencias sobre una serie de cuestiones aunque no sin algunas discrepancias y roces.
Mandatarios y representantes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica se reúnen en el XV encuentro que suele organizar el grupo, en el que se evalúa su rol en el escenario mundial y se plantean los lineamientos de cara al futuro próximo.
“Juntos, los países BRICS representan una cuarta parte de la economía mundial, constituyen una quinta parte del comercio mundial y albergan a más del cuarenta por ciento de la población mundial”, comenzó diciendo el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, frente a sus invitados antes de destacar que “los cambios que han tenido lugar en las economías de los BRICS durante la última década han contribuido en gran medida a transformar la economía global”.

Con miras a continuar con esta tendencia de crecimiento y desarrollo, uno de los principales temas abordados fue el de la apertura del bloque a otros países emergentes.
Hasta el momento, unas 40 naciones han manifestado su interés de sumarse al grupo y 23 -entre ellas Argentina, Irán, Arabia Saudí, Bolivia, Cuba, Honduras, Venezuela, Argelia e Indonesia- han avanzado en expresiones formales. A los ojos de Ramaphosa, algo que “muestra que la familia de los BRICS gana en importancia, estatura e influencia en el mundo”.
Uno de los principales defensores de esta idea fue el mandatario chino, Xi Jinping, quien convirtió al bloque en un bastión clave de sus ambiciones expansionistas.

En un discurso pronunciado por el ministro de Comercio, Wang Wenato, en su nombre, el líder del Partido Comunista Chino aseguró que “forjaremos asociaciones estratégicas de los BRICS más fuertes” y sumó que “el hegemonismo no está en el ADN de China”.
“Expandiremos un modelo BRICS-Plus, avanzaremos activamente en la expansión de la membresía, profundizaremos la solidaridad y la cooperación con otros mercados emergentes y países en desarrollo, y ayudaremos a que el orden internacional sea más justo y equitativo”, continuó.
Al igual que Sudáfrica, que antes del encuentro ya había manifestado que acompañaba la idea, Lula da Silva respaldó la postura de su homólogo y declaró ante la prensa que “los BRICS no pueden ser un club cerrado. El G7 es un club cerrado y de los ricos. No queremos ser eso. Queremos crear una institución multilateral y proponer algo distinto. Somos una fuerza a favor de un comercio global más justo, predecible y equitativo”.
Las declaraciones del mandatario brasileño, sin embargo, se enmarcan en un pedido similar que lleva tiempo planteando a China.

Brasilia necesita el respaldo de Beijing para convertirse en un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que le permitiría voz y voto activa en esas discusiones. Es por ello que Lula decidió acompañar la voluntad de Xi Jinping, en un anhelo por conseguir una respuesta equivalente de su par.
Sin embargo, el gigante asiático se niega a apoyar la entrada de Brasil y, por el contrario, estaría trabajando tras los telones para bloquear la ampliación de los miembros permanentes del Consejo.
Las internas también se reflejaron en la postura de la India que, por su parte, vio con desconfianza el deseo aperturista del bloque. Al reunir a dos de las economías más fuertes del mundo -aunque la china este atravesando un momento delicado- los cambios en debate podrían favorecer la expansión de la influencia de Beijing en la región, una clara ventaja para su oponente.
Muestra de ello fueron las palabras del primer ministro indio, Narendra Modi, quien enfatizó en la fortaleza económica de su país en el grupo y adelantó que “será el motor de crecimiento del mundo”.

Otro de los temas que expuso divisiones entre los cinco fue la condena a la guerra que Rusia lanzó en Ucrania hace ya un año y medio. Sudáfrica, China e India se han negado a condenar la invasión mientras que Brasil mantiene una postura ambigua y no participa de los envíos de armas a Kiev o de las imposiciones de sanciones occidentales sobre Moscú.
En ese sentido, el presidente Vladimir Putin -quien no pudo viajar al encuentro por la orden de arresto en su contra emitida por la Corte Penal Internacional- se dirigió a los presentes por medio de un video pre grabado en el que responsabilizó a las medidas de la comunidad internacional de afectar “gravemente” la situación económica mundial y de “violar todas las normas y reglas básicas del libre comercio y la vida económica”.

Sin embargo, planteadas esas cuestiones, el bloque dejó atrás las disparidades y manifestó unidad en el resto de los aspectos.
Así, Lula se mostró a favor de “diversificar las fuentes de pago en monedas locales” y defendió la creación de una moneda “de referencia” propia, “una unidad de cuenta de referencia para el comercio entre los países BRICS que no sustituirá a nuestras monedas nacionales”.
Para ello, destacó el papel del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) que, desde su creación en 2015, se ha convertido en “un hito en la colaboración efectiva entre las economías emergentes” y que “se espera que sea el líder mundial en el financiamiento de proyectos que aborden los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo”.
Putin, por su parte, se refirió a la desdolarización en las transacciones al interior del bloque y la calificó de “proceso irreversible”.
“Como resultado, el porcentaje del dólar en las operaciones de exportación e importación en el marco de los BRICS disminuyó. El pasado año ascendió sólo al 28,7%”, precisó el líder del Kremlin.
Parte de la propuesta de los BRICS consiste en presentarse como una alternativa al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, bajo las mismas condiciones que lo hacen estas instituciones.

“Queremos sentarnos a la mesa de negociaciones en pie de igualdad con la Unión Europea, Estados Unidos o cualquier otro país”, comentó al respecto Lula.
Los países del grupo representan más del 40% de la población mundial, el 23% del producto bruto interno y el 18% del comercio mundial.
Desde su creación en 2009 trabajan en pos de su deseo de alcanzar un orden mundial que refleje mejor sus intereses y su creciente influencia.
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