
Los perros se han convertido en una amenaza cada vez más preocupante para la fauna endémica de los Andes ecuatorianos. Un reciente estudio publicado en la revista Neotropical Biology and Conservation documenta once casos en los que perros, ya sean ferales, de libre deambulación o con dueño, persiguieron, hostigaron, mordieron o incluso mataron a especies nativas, algunas de ellas en peligro de extinción como el cóndor andino (Vultur gryphus), el tapir de montaña (Tapirus pinchaque) y el cervicabra (Mazama rufina).
El estudio, realizado por un equipo de investigadores liderado por la Fundación Cóndor Andino Ecuador, se basó en observaciones directas, cámara trampas e informes técnicos recolectados entre 2014 y 2025. Las evidencias recopiladas abarcan distintas zonas del país, principalmente en las provincias de Napo, Pichincha, Tungurahua y Loja. Ocho de los once registros ocurrieron dentro de áreas protegidas, como el Parque Nacional Cayambe-Coca, la Reserva Chakana o el Refugio de Vida Silvestre Ponce-Palugillo.
Uno de los casos más alarmantes ocurrió en Quijos, provincia de Napo, donde un cachorro de tapir de montaña de cinco meses fue encontrado herido en una finca tras haber sido atacado por perros en el bosque. El animal fue trasladado al Zoológico de Quito, donde se le diagnosticaron miasis, septicemia, fracturas y osteomielitis producto de las mordidas. Pocos meses después, otro tapir juvenil fue rescatado en circunstancias similares en Papallacta, con lesiones severas e infección por bacterias resistentes a antibióticos como Staphylococcus aureus y Escherichia coli. Ambos ejemplares fallecieron por complicaciones médicas crónicas.

En el caso del cóndor andino, cuya población en Ecuador no supera los 150, el estudio reporta el segundo registro documentado de una interacción directa con perros. En 2021, en la zona de Antisana, un cóndor adulto fue observado alimentándose de un cadáver de venado cuando fue interrumpido por tres perros que lo obligaron a huir.
Si bien los canes no consumieron el cadáver, su presencia representa una competencia directa por recursos alimenticios. Investigaciones anteriores ya habían evidenciado que la presencia de perros en carroñas reduce el tiempo de permanencia de los cóndores, lo que afecta su comportamiento alimentario. Además, se ha establecido que al menos un 16% de los cóndores muertos entre 2007 y 2021 en el país habían ingerido carroña envenenada, producto de represalias de ganaderos que sufrieron ataques de perros a su ganado.
En Pichincha, también se registraron múltiples interacciones negativas entre perros y otras especies nativas. Por ejemplo, en Itulchachi, cuatro perros fueron observados persiguiendo y hostigando a un venado cola blanca (Odocoileus virginianus). En la Reserva Chakana, se documentaron perros persiguiendo tanto a un venado cola blanca como a un tapeti andino (Sylvilagus andinus), una especie clasificada como “Datos Insuficientes” por la UICN. En la zona de Alto Pita, una trampa cámara captó a un zorro andino (Lycalopex culpaeus) alimentándose de una carroña antes de huir ante la llegada de dos perros, que luego consumieron el resto del cadáver.

El estudio también registró dos casos de persecución de cervicabras en Tungurahua y Loja. En San Pedro, dos perros fueron grabados mientras hostigaban y mordían a un cervicabra. En la Reserva Privada Madrigal del Podocarpus, las cámaras captaron a un cervicabra huyendo y luego a dos perros siguiendo exactamente su rastro catorce minutos después, lo que sugiere una persecución activa.
Más allá del daño directo que pueden causar, los perros también representan un riesgo como vectores de enfermedades transmisibles. El estudio cita un caso documentado de muerte de un tapir de montaña por rabia, tras ser mordido por un perro infectado. En general, los perros afectan el comportamiento de la fauna silvestre, forzando cambios en sus patrones de actividad y hábitat, además de incrementar la competencia por alimento y provocar conflictos indirectos con humanos.

Los autores del estudio advierten que, debido a la cercanía de los registros con asentamientos humanos —algunos a menos de 100 metros—, y a la falta de información sobre el estado de domesticación de los perros involucrados, se vuelve crucial comprender las complejas dinámicas sociales y ecológicas que rodean la presencia de perros en estos ecosistemas. Señalan que para mitigar sus impactos es necesario abordar factores estructurales como la falta de legislación adecuada, la tenencia irresponsable, la alimentación intencionada o accidental, el mal funcionamiento de refugios, las asimetrías de poder entre actores relevantes y el descontrol poblacional canino.
Los investigadores hacen un llamado a las autoridades ecuatorianas, instituciones académicas, organizaciones de bienestar animal, ONG y a la sociedad civil para invertir en la evaluación y reducción del impacto de los perros en la fauna silvestre andina.
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