En un emotivo acto, expertos del Centro de Rescate de la Fundación Mundo Marino liberaron un Elefante Marino del Sur (Mirounga leonina) y regresó al mar en las playas de San Clemente este lunes 18 de diciembre luego de permanecer poco más de dos semanas en recuperación.
El animal, un macho juvenil de aproximadamente 100 kilos, cual comenzó a ser monitoreado por la Fundación Mundo Marino desde el pasado 30 de noviembre, a partir del llamado de turistas que encontraron al animal en las playas de Costa Azul.
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Cuando los rescatistas acudieron al lugar encontraron que el elefante marino se encontraba descansando y llevando a cabo un proceso fisiológico natural de muda de su pelaje.

Frente al asedio que sufría el animal por parte de turistas y mascotas que intentaban tocarlo, se decidió su traslado e ingreso el pasado 2 de diciembre a la Fundación Mundo Marino.
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Los expertos indicaron que por tratarse de animales juveniles ellos hacen la muda de su pelaje entre los meses de noviembre y diciembre, y siempre la hacen descansando en tierra. En estos casos es importante respetarlos y no molestarlos porque el descanso en estas especies juveniles propicia el desarrollo de procesos fisiológicos claves para su supervivencia como el aumento de la capacidad de la sangre de almacenar oxígeno.
“Además es importante siempre recordar que, por tratarse de fauna silvestre, pueden transmitir una zoonosis y hay que siempre mantener una distancia prudencial”, explicó Sergio Rodríguez Heredia, biólogo y responsable del Centro de Rescate de la Fundación Mundo Marino.
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Al ingresar al Centro de Rescate se le realizó un examen clínico y se le tomaron muestras de sangre cuyos resultados corroboraron que el animal se encontraba bien de salud. Además, rápidamente comenzó a comer sólo mostrando una buena actitud.
“Por otra parte, mientras estos animales llevan a cabo el proceso de muda de su pelaje, se desencadena un cambio térmico en su organismo alterando sus mecanismos de vasoconstricción que hacen que la sangre caliente vaya a la superficie del cuerpo para favorecer ese proceso. Si una persona moja o empuja a estos animales dentro del agua lo único que va a lograr es, además de alterar un proceso natural, generarle un cuadro de hipotermia por el cambio abrupto de temperatura”, agregó Rodríguez Heredia.
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Otro caso reciente en Bernal
Un caso similar ocurrió el pasado 12 de diciembre con otro Elefante Marino del Sur que apareció en un cauce de agua dulce a la altura de la localidad de Bernal, en el partido de Quilmes.
El animal se encontraba descansando y llevando a cabo un proceso de muda, pero, frente al asedio de vecinos tuvo que intervenir personal de Defensa Civil y Guardavidas del Municipio de Quilmes para resguardar al animal. Luego, fue derivado a la Fundación Temaikén donde se le brindaron los primeros auxilios.
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“Lamentablemente, durante el traslado, este animalito falleció. Muy probablemente el estrés al cual fue sometido fue muy grande. Es fundamental en estos casos no tocar ni molestar a los animales y llamar a Prefectura o a un centro de rescate de fauna silvestre especializado”, sostiene Rodríguez Heredia.

Acerca del Mirounga leonina
El Elefante Marino del Sur pertenece a la familia de los fócidos o focas. Como ocurre con el resto de los pinnipedos es una especie polígama y paren una cría al año. A diferencia de los otáridos (lobos marinos) que pueden retraer sus miembros posteriores o aletas para desplazarse, las focas llevan adelante su locomoción reptando con el vientre.
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Otra diferencia entre los lobos marinos y las focas es que las segundos no poseen pabellón auricular detrás de sus ojos.
Los machos pueden medir hasta 5 metros de longitud y pesar hasta 6 toneladas. Las hembras, en cambio, poseen un promedio de 2,5 metros de largo y un peso cercano a la tonelada.
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Este diformismo sexual, en donde los machos son de mayor tamaño que las hembras, es común también a otras especies de pinnípedos.
Por su parte, la característica anatómica en los machos en el caso de los elefantes es su probóscide (trompa). Gran parte de su vida la pasan en agua alternando con períodos en tierra para descansar, mudar su pelaje y reproducirse.
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Su zona de distribución en el país se localiza en la Patagonia argentina. En Península Valdés se encuentra la única elefantería continental del mundo, siendo las restantes en territorio insular. Respecto a la alimentación se alimentan de calamares y peces.
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