
En la interminable evolución de los medios de transporte, los únicos límites parecen ser los de la imaginación. Todo lo demás corre por cuenta del desarrollo de tecnologías que permitan avanzar hacia nuevos horizontes. En esa frontera está ahora la aviación comercial supersónica, que se acerca a grandes velocidades a un nuevo amanecer.
Llegó la hora de la revancha luego del fracaso del célebre Concorde. De las cenizas de esa experiencia, interrumpida en 2003, tres años después del trágico accidente en París que selló su suerte, surgieron nuevos proyectos y renovadas ilusiones. Uno de estos proyectos, totalmente diferente en concepto y forma, verá la luz en poco tiempo de la mano de la firma Aerion Corporation, que inició la aventura hace poco más de una década y unió esfuerzos con dos socios estratégicos de la industria aeronáutica norteamericana, GE Aviation y Lockheed Martin, que esta semana le puso la firma y lo acompañará hasta su despegue, previsto para 2023.

El resultado de todos estos años de investigación y desarrollo es el Aerion AS2, un estilizado avión supersónico capaz de alcanzar velocidades Mach 1,4, superiores a los 1.600 kilómetros por hora. Claro que no está pensado para el gran público: sólo tendrá asientos para 12 pasajeros. Pero, eso si, con grandes comodidades. El largo de la aeronave será de 51,8 metros y el ancho de alas alcanzará los 23,5 metros.
El desafío todavía pendiente es lograr que las dos turbinas que tendrá la aeronave, construidas con materiales altamente resistentes, sean además eficientes en términos de consumo de combustible a grandes alturas y velocidades.
Al presentar el avión este viernes en una conferencia de prensa en el centro de Washington Jeff Miller, vocero de Aerion, afirmó que la ruta comercial internacional más frecuentada, la que une Nueva York y Londres, será a bordo de este avión unas 3 horas más corta, lo que reduciría casi a la mitad el tiempo actual del vuelo sin escalas. Es decir que permitirá hacer viajes de ida y vuelta en el día entre una orilla y la otra del Atlántico, algo impensable hasta hace poco.

"La velocidad es la próxima frontera de la aviación civil", sostuvo Miller. "Apuntamos a la aviación civil porque creemos que ahí es donde están las mayores oportunidades", completó.
Esa es la gran apuesta de Aerion, que ya abrió el libro de ventas y recibió un primer pedido. La firma Flexjet encargó 20 aeronaves supersónicas, por un valor de 2400 millones de dólares, según confirmó Miller. Al dato fue recibido con aplausos. Pero los planes de Aerion y sus socios son bastante más ambiciosos. Prevén fabricar más de 300 aeronaves en los primeros diez años. "Confiamos absolutamente en el éxito financiero del proyecto", dijo Miller.
Según afirmó el gerente general de Aerion, Robert Bass, el AS2 es la culminación de largos años de trabajo y muchas ilusiones. "Este era nuestro sueño desde hacía mucho tiempo y creemos que será sólo el principio de una nueva generación de aeronaves supersónicas diseñadas para la aviación civil", comentó durante la conferencia de prensa, en la que estuvo Infobae.

"Lockheed Martin se subió este año al proyecto y es el mejor socio imaginable para este nuevo amanecer de los viajes supersónicos", completó.
Su par de Lockheed Martin Orlando Carvalho, vicepresidente ejecutivo, agradeció sus palabras y señaló que "la innovación en tecnología aeroespacial está en el ADN" de la firma. El futuro al que querían llegar se hizo posible gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y nuevos materiales.
Como ocurre con muchas innovaciones que llegan con éxito al mercado, buena parte de esos desarrollos tuvieron su primer impulso en la poderosa industria de armas de Estados Unidos. Lockheed Martin, por ejemplo, es la fabricante de aviones de combate como el cazabombardero F-16, el F-35 y el F-22.
La tecnología de punta exige inversión en investigación, algo que en materia de aviación sólo unos pocos gigantes están en condiciones de hacer. Según Brad Mottier, responsable de GE Aviation, en la última década su firma invirtió en este rubro 8500 millones de dólares. Los componentes de cerámica y titanio que desarrolló le permiten ahora fabricar las turbinas que necesitará el Aerion AS2, súper eficientes, resistentes y aerodinámicas.
Aerion Corporation nació en 2003, en el estado de Nevada, justamente el año en que el Concorde dejó de volar. Ese es el único antecedente en materia de vuelos comerciales supersónicos. La firma trabajó en la primera etapa junto con la NASA en el desarrollo del prototipo y la tecnología de sus alas. Y a lo largo del camino sumó luego otros socios, a medida que el sueño inicial avanzaba en su concreción. Si todo sale según lo planeado, en apenas cinco años el primer Aerion AS2 surcará los cielos, y dos años después, una vez cumplidas las certificaciones técnicas, comenzará a ser utilizado para vuelos comerciales.
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