
Las heridas humanas, en comparación con las de otros primates, tardan considerablemente más en sanar, un fenómeno que ha desconcertado a los científicos durante años.
Un estudio reciente, liderado por Akiko Matsumoto-Oda de la Universidad de las Ryukyus en Japón, y citado por New Scientist, ha arrojado luz sobre este proceso, comparando la curación de heridas en humanos con la de primates no humanos como chimpancés, babuinos y otros monos.
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El estudio mostró que, mientras que las heridas en chimpancés y otras especies de primates no humanos se curan a un ritmo de 0.61 milímetros por día, en los seres humanos este ritmo se reduce a 0.25 milímetros por día.
Este hallazgo sugiere que los humanos no solo curan más lentamente, sino que también se desvían de una tasa de curación que parece ser común en otros mamíferos.
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Un estudio comparativo entre especies
Para llegar a esta conclusión, Matsumoto-Oda y su equipo realizaron experimentos con cuatro especies de primates: monos de terciopelo, monos de Sykes, babuinos oliva y chimpancés.
En el estudio, los investigadores anestesiaron a los primates, depilaron una pequeña zona de su piel y crearon una herida circular de 40 mm de diámetro.
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Las heridas fueron tratadas con ungüentos antibióticos y cubiertas con gasas para prevenir infecciones. A lo largo de varios días, se tomaron fotografías y se midió la curación.
Los resultados mostraron que todos los primates estudiados curaban sus heridas a una tasa similar de 0.61 milímetros por día. Por otro lado, al comparar con 24 pacientes humanos que habían sido sometidos a la extracción de tumores cutáneos, se observó que las heridas humanas cicatrizaban a una tasa mucho más lenta: solo 0.25 milímetros por día.
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Este estudio fue ampliado también a roedores, como ratones y ratas, que mostraron tasas de curación similares a las de los primates no humanos.
¿Por qué sanamos más lento?

La diferencia en la velocidad de curación entre los humanos y otros mamíferos ha desconcertado a los científicos durante años, y hasta ahora no se comprendía completamente la razón. Sin embargo, Matsumoto-Oda ha propuesto una posible explicación: la adaptación evolutiva relacionada con la pérdida de pelo en los humanos.
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Los primates, que conservan un mayor pelaje corporal, se benefician de una mayor densidad de folículos pilosos. Esto resulta en una mayor cantidad de células madre en la piel, lo que acelera el proceso de curación de las heridas.
En contraste, los humanos, al haber perdido la mayoría de su vello corporal a lo largo de la evolución, no contarían con esa ventaja, lo que podría explicar la lentitud en la curación.
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Además, la reducción del vello corporal en los humanos también podría estar vinculada a la adaptación a ambientes más cálidos. Según Matsumoto-Oda, el hecho de que los humanos tengan menos pelo podría haber facilitado la regulación de la temperatura corporal en condiciones calurosas, pero también significaría que su capacidad para sanar rápidamente se redujo a cambio.
El papel del apoyo social
Sin embargo, la lentitud en la curación humana podría no haber sido un obstáculo insuperable. Matsumoto-Oda también sugiere que la evolución de la especie humana podría haber favorecido otras estrategias de compensación, como un mayor apoyo social.
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En las primeras etapas de la humanidad, la medicina primitiva, la lactancia y el intercambio de alimentos podrían haber ayudado a superar las desventajas de una curación más lenta, brindando el soporte necesario para la recuperación.
Esta teoría sugiere que, mientras que los primates no humanos pueden curar sus heridas rápidamente debido a sus características biológicas, los humanos han compensado este proceso con una red de apoyo más sólida, que incluye tanto la cooperación social como el desarrollo de herramientas médicas.
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