
Un reciente estudio ha revelado que los pulpos, conocidos por su apariencia peculiar y su notable inteligencia, poseen una característica genética que podría explicar en parte sus sorprendentes capacidades cognitivas.
Según informó Live Science, los investigadores han identificado en el genoma de dos especies de pulpos -Octopus vulgaris y Octopus bimaculoides-, la presencia de “genes saltarines” o transposones, un fenómeno genético que también se encuentra en los humanos.
Estos elementos genéticos, capaces de moverse dentro del genoma, están relacionados con la evolución de las capacidades de aprendizaje y memoria en los seres humanos, y ahora se ha descubierto que desempeñan un papel similar en los cefalópodos.
De acuerdo con el estudio publicado en la revista BMC Biology, los transposones de la familia LINE (Elementos Nucleares Intercalados Largos) están activos en el lóbulo vertical del cerebro de los pulpos, una región crucial para el aprendizaje y la memoria, similar al hipocampo humano.
Los investigadores midieron la actividad de estos genes en áreas del cerebro relacionadas con la plasticidad conductual, es decir, la capacidad de adaptarse a diferentes estímulos.
El estudio sugiere que los pulpos, al igual que los mamíferos, tienen una notable capacidad para resolver problemas y adaptarse a su entorno.

Un cerebro descentralizado y habilidades únicas
Los pulpos no solo destacan por su genética, sino también por la complejidad de su sistema nervioso. Según detalló el Natural History Museum, estos animales poseen un cerebro en forma de anillo ubicado alrededor de su esófago, pero lo más sorprendente es que dos tercios de sus aproximadamente 500 millones de neuronas están distribuidas en sus ocho brazos.
Este sistema nervioso descentralizado permite que cada brazo actúe de manera autónoma, siendo capaz de realizar tareas como agarrar, saborear y moverse sin necesidad de instrucciones directas del cerebro central.
Asimismo, un experimento realizado en 2011 demostró esta capacidad al observar cómo un pulpo guiaba uno de sus brazos a través de un laberinto para alcanzar comida, incluso cuando el brazo debía salir del agua y no podía usar sus sensores químicos.
Este comportamiento evidenció que el cerebro central puede coordinar acciones complejas, basándose en información visual, mientras que los brazos operan de manera independiente.
Además, los pulpos tienen un ratio cerebro-cuerpo mayor que cualquier otro invertebrado y superior al de muchos vertebrados, lo que refuerza su reputación como animales altamente inteligentes.

¿Sueñan los pulpos?
Otro aspecto fascinante de los pulpos es su comportamiento durante el sueño.
Según un documental emitido por la PBS y citado por National Geographic, un pulpo llamado Heidi mostró cambios de color en su piel mientras dormía, lo que llevó a los investigadores a preguntarse si estos animales sueñan.
Para responder a esta pregunta, la neurocientífica Sylvia Lima de Souza Medeiros, del Instituto del Cerebro de la Universidad Federal de Río Grande del Norte, realizó un experimento en el que grabó a pulpos durante 12 horas al día.
Los resultados suponen que los pulpos no solo duermen, sino que alternan entre dos fases de sueño, de manera similar a los humanos.
Aunque no se puede afirmar con certeza que los pulpos sueñen, los datos sugieren que este comportamiento podría estar relacionado con la consolidación de recuerdos, lo que los hace aún más parecidos a los humanos de lo que se pensaba.

Anécdotas que revelan su inteligencia
Las historias sobre la astucia de los pulpos son abundantes. Según el Natural History Museum, en un laboratorio, un pulpo fue sorprendido saliendo de su tanque, abriendo otro tanque para comer peces, y regresando a su lugar sin dejar rastro.
En otro caso, un pulpo llamado Ollie, mascota de una familia en Dallas, aprendió a manipular a sus dueños para obtener comida, incluso tirando de un imán para llamar su atención.
Además, los pulpos han sido observados utilizando herramientas en la naturaleza. Según el Natural History Museum, algunos construyen refugios con conchas, piedras e incluso basura, como vidrio roto o tapas de botellas.
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