
El wombat de nariz peluda del norte, un marsupial único en su especie, es uno de los animales más fascinantes de Australia, conocido por su resistencia y su habilidad para excavar complejas madrigueras subterráneas. Destacable por su tamaño y fortaleza, enfrentó a lo largo de su historia una serie de amenazas que han puesto en peligro su supervivencia.
A pesar de su apariencia simpática y su comportamiento reservado, el wombat de nariz peluda del norte es una especie resiliente que ha logrado recuperarse en parte gracias a los esfuerzos de conservación. Para entender mejor su singularidad, es esencial conocer primero sus características físicas y comportamentales.
Cómo es el wombat de nariz peluda del norte
Con un peso promedio de 32 kilogramos y una longitud de hasta un metro, es el marsupial más grande de su familia. Su cuerpo robusto y bajo le permite ser una “bola de músculos sólidos”, como lo describe Andy Howe, ecólogo de campo en la Australian Wildlife Conservancy.
Este animal se distingue por su capacidad para excavar, creando complejas madrigueras subterráneas en su hábitat semiárido. Son expertos en este arte, ya que excavan grandes cantidades de tierra en su entorno de suelos blandos y profundos, lo que les proporciona refugio y les permite vivir una vida nocturna y solitaria.
Aunque su apariencia adorable y su comportamiento aparentemente tranquilo podrían sugerir lo contrario, el wombat de nariz peluda es un animal increíblemente tenaz y adaptado a las dificultades del entorno. Su carácter reservado y su naturaleza tímida hacen que rara vez se les observe en la naturaleza, ya que se refugian rápidamente bajo tierra ante cualquier perturbación.
Son animales nocturnos, y se sabe que los machos se persiguen entre sí para establecer su dominio, aunque, de momento, nunca se logró observar directamente su reproducción, la cual se cree que ocurre también en sus madrigueras subterráneas.
Los peligros que amenazan su especie
Su historia está marcada por la disminución de su población debido a las modificaciones drásticas en su hábitat. Originalmente, estos marsupiales habitaban una extensa franja a lo largo de la costa este de Australia, desde el centro de Queensland hasta la frontera entre Nueva Gales del Sur y Victoria.
Sin embargo, con la llegada de los asentamientos europeos en el siglo XIX, grandes áreas de bosques y pastizales fueron transformadas en tierras agrícolas destinadas al pastoreo de ganado vacuno y ovino, lo que afectó gravemente a las poblaciones de wombats. “Básicamente, se los comieron y los expulsaron de sus casas”, resumió Howe.
Además, la expansión de los conejos en el sudeste australiano exacerbó la situación, dado que estos utilizaban las madrigueras de los wombats para refugiarse. Esto complicó aún más la supervivencia de estos animales. Como parte de los esfuerzos para controlar la población de conejos, sus guaridas fueron destruidas, lo que resultó en un daño colateral significativo para la especie.
La combinación entre pérdida de hábitat y competencia con los conejos empujó a los wombats de nariz peluda del norte hacia una situación crítica de extinción.

Esfuerzos de conservación y recuperación
Hacia la década de 1980, la situación de esta especie era alarmante. Solo se conocía la existencia de 35 wombats, todos ellos concentrados en una única propiedad en el centro de Queensland.
Ante este panorama crítico, el gobierno australiano tomó medidas decisivas al convertir la propiedad en el Parque Nacional del Bosque de Epping, un espacio protegido diseñado específicamente para garantizar la supervivencia de estos marsupiales. Entre las acciones iniciales se incluyó la retirada del ganado, que competía por los recursos, y la instalación de cercas para protegerlos de depredadores externos.
El impacto de estas medidas no tardó en reflejarse en la población de wombats, que comenzó a mostrar signos de recuperación. Sin embargo, surgieron nuevos obstáculos cuando a principios de la década de 2000 una serie de ataques de perros salvajes amenazó con revertir los avances logrados.
Estos ataques resultaron en la pérdida de entre 10 y 12 wombats, lo que representaba cerca del 10% de la población total en ese momento. Ante esta situación, se reforzaron las medidas de protección con la construcción de una cerca más robusta, diseñada para evitar futuros ataques de depredadores.
Tras la implementación de esta nueva barrera, la población de wombats comenzó a crecer nuevamente a un ritmo anual del 9%. Hoy en día, existen alrededor de 400 individuos, y la mayoría de ellos habitan en el Parque Nacional del Bosque de Epping.
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