El increíble ciclo de la vida de la ballena azul: cómo toneladas de krill alimentan al animal más grande del planeta y sostienen el ecosistema oceánico

La tecnología avanzada permite a los científicos profundizar en los comportamientos de esta especie, revelando misterios sobre su ecología y contribución a los mares

El consumo de krill por parte de las ballenas azules es significativamente mayor de lo que se pensaba, proporcionando un rol crucial en el equilibrio de los mares (Captura de video de YouTube Julia Guerrero Marti)
Guardar

La ballena azul es el animal más grande que ha existido en la Tierra, y su dieta, basada en el consumo de krill, un tipo de pescado, resulta crucial para su enorme tamaño y para el equilibrio de los ecosistemas oceánicos. Estos cetáceos encuentran en este alimento la energía que necesitan para alcanzar hasta 180 toneladas de peso y más de 30 metros de longitud.

Durante la temporada principal de alimentación, el consumo de por cada ballena azul puede alcanzar toneladas diarias, en zonas con aguas frías y ricas en nutrientes, como el océano Antártico y las cercanías de la isla de Georgia del Sur.

Ballena azul comiendo krills
La reducción de las poblaciones de ballenas azules debido a la caza comercial alteró el ciclo de nutrientes, afectando la disponibilidad de krill en el pasado (Captura de YouTube)

Este cetáceo pertenece al grupo de las ballenas barbadas y cuenta con un sistema de alimentación adaptado a su dieta especializada. A diferencia de otros animales, las ballenas azules no poseen dientes; en su lugar, sus mandíbulas están equipadas con barbas, estructuras córneas que filtran el alimento del agua. Al hallar un banco de krill, la ballena abre su enorme boca y captura un volumen considerable de agua junto con su alimento. Después de tragar, expulsa el agua mientras las presas permanecen atrapadas en las barbas, logrando así consumir las grandes cantidades que su tamaño demanda.

Un estudio reciente de la Universidad de Stanford, publicado en Nature y dirigido por el investigador Matthew Savoca, reveló que las ballenas azules ingieren mucho más krill de lo que se había estimado. El equipo científico colocó etiquetas de ventosa en estos cetáceos para observar en detalle sus hábitos alimenticios y las profundidades de sus inmersiones. Este estudio demostró que una ballena azul puede ingerir alrededor de 16 toneladas de krill al día en zonas del Océano Austral, donde las densidades de este alimento alcanzan su punto máximo y permiten cubrir los altos requerimientos energéticos de estos animales.

Ballena azul comiendo krills
A través del proceso de alimentación, las ballenas azules filtran inmensas cantidades de agua mediante sus barbas, capturando el krill necesario para su supervivencia (Captura de YouTube)

Esta ingesta esencial en el metabolismo de las ballenas, impacta también en el ecosistema. Las heces de estos animales contienen nutrientes, como el hierro, que funcionan como fertilizantes naturales en las aguas oceánicas, impulsando el crecimiento del fitoplancton, fuente primaria en la cadena alimenticia marina y recurso esencial para estos pescados. Este ciclo mantiene un delicado equilibrio en los océanos: el fitoplancton alimenta al krill, y el este, a su vez, sostiene a las ballenas y a otros depredadores marinos.

Durante el siglo XX, la caza de ballenas provocó una disminución drástica en las poblaciones de ballena azul, lo cual afectó indirectamente a la disponibilidad de estos pescados en algunos ecosistemas. Según World Wildlife Fund (WWF), en 1926 las aguas del océano Antártico albergaban aproximadamente 125,000 ballenas azules. Décadas después, las poblaciones se habían reducido a cerca de 3,000 individuos en 2018. La falta de ballenas interrumpió el ciclo natural de nutrientes en las aguas, que afecta el desarrollo del fitoplancton y, en consecuencia, la abundancia de krill, lo que impactó en numerosas especies marinas que dependen de este alimento.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Durante su temporada de alimentación, las ballenas azules pueden consumir hasta 16 toneladas de krill diariamente, apuntalando su imponente tamaño y demanda energética (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cambio climático y la pesca comercial del krill representan factores adicionales de presión sobre este crustáceo. La biogeoquímica marina Emma Cavan, del Imperial College de Londres, señala a National Geographic, que el aumento de la temperatura y la acidificación de los océanos afecta al fitoplancton y al propio krill. A su vez, la industria pesquera ha aumentado la extracción de estos para la acuicultura y para la producción de aceites con alto contenido nutricional, lo que podría suponer una amenaza para el equilibrio ecológico y para las ballenas, que dependen directamente de este recurso.

En el Atlántico Sur, el avistamiento de ballenas jorobadas, otra especie de cetáceo barbado, muestra una tendencia de recuperación. Los informes de WWF reflejan un aumento de aproximadamente 450 ballenas jorobadas en el siglo XX a unas 25,000 en la actualidad, lo cual representa una señal de esperanza para los esfuerzos de conservación de cetáceos en general. De acuerdo con Matthew Savoca, al incrementarse las poblaciones de ballenas en el Océano Austral, se podría reactivar el ciclo de nutrientes y beneficiar a otros elementos de la cadena alimenticia, como el fitoplancton y el krill, fortaleciendo así el equilibrio de los ecosistemas marinos.

Últimas Noticias

“El océano no puede seguir el ritmo”: el nuevo factor que podría desestabilizar una gran corriente del Atlántico y acercarla al colapso

Un estudio de la Universidad de Utrecht indica que la velocidad del aumento de la temperatura global puede impedir la adaptación. En simulaciones, el sistema perdió estabilidad cerca de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales

“El océano no puede seguir el ritmo”: el nuevo factor que podría desestabilizar una gran corriente del Atlántico y acercarla al colapso

Científicos cultivaron tejido cerebral humano en ratones para estudiar trastornos neurológicos

Un equipo de la Universidad de Stanford logró que los injertos desarrollaran vasos sanguíneos, actividad eléctrica y conexiones funcionales, con potencial para investigar autismo, epilepsia y demencia

Científicos cultivaron tejido cerebral humano en ratones para estudiar trastornos neurológicos

Salud ocular en el espacio: qué investigan los científicos para realizar la primera cirugía de cataratas durante un viaje a Marte

Especialistas del Berkeley Eye Center de Houston probaron 135 lentes intraoculares en el exterior de la EEI con el fin de comprobar la resistencia de los insumos médicos a la radiación y el oxígeno atómico antes de futuras misiones de larga duración

Salud ocular en el espacio: qué investigan los científicos para realizar la primera cirugía de cataratas durante un viaje a Marte

El cerebro de los perros también activa un freno ante las tentaciones, según un experimento en Budapest

Un equipo húngaro detectó, mediante electroencefalogramas, un aumento de ondas theta frontales cuando 14 animales debían contener una conducta. El hallazgo podría aportar claves para analizar trastornos humanos

El cerebro de los perros también activa un freno ante las tentaciones, según un experimento en Budapest

Telescopio Nancy Roman: la NASA encendió la cámara principal del observatorio que viaja hacia su destino a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra

La agencia activó el Instrumento de Campo Amplio, capaz de captar grandes regiones del cielo infrarrojo con una resolución comparable a la del Hubble

Telescopio Nancy Roman: la NASA encendió la cámara principal del observatorio que viaja hacia su destino a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra
MÁS NOTICIAS