
Este martes, 8 de junio, se celebra el Día Internacional de los Tumores Cerebrales, una efeméride instituida en el año 2000 por la Asociación de Tumores Cerebrales de Alemania con el objetivo de informar y concienciar a la población sobre los tumores cerebrales y la realidad y necesidades de los afectados y sus familiares.
Lo primero que uno piensa ante el título de “tumor cerebral”, lo importante es explicar qué es un tumor, que es una masa de tejido de una parte del organismo cuyas células han sufrido un crecimiento anormal y no tienen en realidad una función específica o fisiológica. Muchas veces estos tumores o células tienen la tendencia a invadir otras partes del cuerpo. Esta particularidad sirve para diferenciar para diferenciar lo que conocemos como tumores benignos que están por lo general rodeados por una cápsula y que no se extienden a otras partes del cuerpo, para separarlos de los tumores malignos, que son aquellos que proliferan, invaden e infiltran los tejidos y los órganos sanos del organismo, y tienen la capacidad de enfermedad gravemente a estos pacientes.
Ahora bien, cuando nos referimos a los cerebrales son aquellas masas o crecimiento de células anormales en el cerebro. Hay muchísimos tipos distintos de tumores cerebrales. Se pueden dividir entre los no cancerosos o benignos y los cancerosos o malignos. Todos ellos se originan de células normales, algunos de las neuronas, otros de las células que sostienen y que cuidan a las neuronas, también hay tumores que se originan de las envolturas del cerebro, es decir las diferentes capas meníngeas que también envuelven y cuidan al cerebro.

Además, hay tumores que dependen de la glándula hipófisis, los pituitarios, algunos dependen de la glándula pineal, los pineoglastomas, que dependen de las estructuras del nervio óptico, o que dependen de las células de la médula espinal, hay aquellos embrionarios, que son resabios de tejidos primitivos que han quedado de nuestro nacimiento y que un día se despiertan y toman una conducta maligna.
Los tumores según el tipo tienen diferente velocidad de crecimiento, propagación, que les da características distintas, síntomas diferentes, y que además dependen muchísimo del lugar, de su ubicación, tamaño y tasa de crecimiento, que son los elementos más importantes en cuanto a los síntomas que va a sufrir ese paciente o lo que lo va a llevar a la consulta médica.
Los síntomas
En estos casos, los pacientes se pueden quejar de dolores de cabeza, dolores de cabezas distintos, náuseas o vómitos, de problemas de la visión, borrosa, de trastornos de la sensibilidad, o de la movilidad de un brazo, de una pierna, trastornos del habla, problemas de equilibrio, algunos pacientes pueden presentar confusión, otros cambios de la personalidad, muchos pacientes despuntan con una crisis convulsiva, como si fuera una primera crisis epiléptica y otros tienen problemas auditivos. Siempre que uno tiene síntomas o signos que son persistentes, que a uno le preocupan, que son llamativos, que son nuevos, hay que consultar al médico.

¿Hay factores de riesgo?
La mayor parte de los pacientes que tienen tumores cerebrales primarios no queda muy claro cuál es la causa que desencadena su afección, pero hay factores que se pueden considerar. Por ejemplo la exposición a la radiación: las personas que estuvieron expuestas a un tipo de radiación del tipo ionizante corren mayor riesgo de padecer un tumor cerebral. Por ejemplo, como sucedió con la población japonesa que sufrió la radiación ionizante de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Otro posible factor son los antecedentes familiares de tumores cerebrales. Hay un pequeño porcentaje que se producen en personas con este tipo de antecedentes y pareciera que la genética juega un papel importante al aumentar este riesgo.
A veces, los tumores cerebrales en realidad no se originaron en esta región, sino que son metástasis. Imaginemos que una persona tiene un tumor maligno pulmonar, un adenocarcinoma, que puede dar metástasis en el cerebro. Entonces los profesionales de la salud debemos discriminar si el tumor es benigno, maligno, primario del cerebro o secundario al ser una metástasis que viene del resto del cuerpo.
Cada tumor tiene un tratamiento diferente. Siempre se pone en la balanza si se opera o no, es decir a través de una neurocirugía. A su vez se analiza si se hace radioterapia, quimioterapia, este tipo de decisiones terapéuticas siempre están en evaluación. Las biopsias, especiales, que se hacen luego de tener un diagnóstico con en general una muy buena imagen, resonancias magnéticas de alto campo, o primero muchas veces a través de tomografías. Estas biopsias muestran perfectamente la estirpe celular y van a ser valiosísimas para que el oncólogo sepa exactamente qué tipo de tratamiento tiene que emplear. ¿Es sensible a la quimioterapia? ¿A la radioterapia? ¿Se tiene que operar o no? El trabajo multidisciplinar entre el equipo neurocirujano, el neurólogo y el oncólogo es constante y la conversación es constante para poder seguir y atender lo mejor posible a este tipo de pacientes.

Tratamientos innovadores
Existe también la posibilidad de radiocirugía. Es un conjunto importante de rayos gamma, que cada uno de por sí no provoca daño pero todos confluyen en un punto, y lo cauterizan, destruyen las células que se encuentran allí. Con este tipo de técnica denominada radiocirugía “esterotáctica con bisturí de rayos gamma” se pueden tratar muy bien los tumores pequeños que están dentro del cerebro y en lugares inaccesibles.
La otra terapéutica novedosa es la terapia por medicamentos dirigidos, fármacos que se centran en anomalías específicas que están en algunas células cancerosas. Cuando uno bloquea estas anomalías, puede destruir de manera muy selectiva a estas células malignas. Esta opción es para ciertos tipos de tumores cerebrales y se están haciendo muchos ensayos clínicos, creando muchas formas diferentes como una nueva alternativa futura.
Secuelas
Los pacientes que han sido tratados y -en algunos casos curados-, muchas veces pueden presentar secuelas neurológicas, por el área que dañó el tumor o la que se dañó al extirparlo. Allí resulta fundamental la kinesiología, la terapia ocupacional, la terapia del lenguaje y cuando se trata de la población pediátrica las clases de apoyo en edad escolar para ayudarlos a afrontar todo lo que tenga que ver con memoria, pensamiento, aprendizaje, alteraciones comunes después de un tumor cerebral.

Tumores y COVID-19
El paciente que tiene un tumor cerebral no tiene más posibilidad de desarrollar una enfermedad por COVID-19. Por otro lado, la persona que tiene un cáncer y desarrolla esta afección, no tiene por qué complicarse más que la población general. Por supuesto que tiene que avisar a las autoridades sanitarias y en base al estado que tenga, el médico, el centro de salud, tendrá que ver cómo hacer un seguimiento adecuado.
Haciendo un promedio de las cifras que comunican los diferentes países, se podría decir que aparecen 10 casos de tumores cerebrales por cada 10 mil habitantes por año. El paciente que tiene un tumor cerebral hay que atenderlo. Tienen que tener una prioridad con la atención médica. No se pueden demorar los tratamientos necesarios. Incluso cuando requieran alguna cirugía.
Es muy importante que los pacientes oncológicos tienen que seguir con todos los tratamientos, que no los suspendan, dilaten o cancelen, por más que esté el coronavirus. El miedo a ir a los centros médicos por el contagio está presente, pero el posible riesgo de exposición al virus SARS-CoV-2 es bajo, mientras que suspender tratamientos con eficacia demostrada tiene un alto riesgo de complicar la evolución del tumor. Este 8 de junio, Día Mundial del Tumor Cerebral, es muy importante concientizarnos, no bajar la guardia, por más que tengamos una pandemia que es una gran complicación pero no debe menoscabar la atención del resto de las patologías.
(*) El autor, Alejandro Guillermo Andersson, es médico neurólogo, neurofisiólogo y director médico del INBA - Instituto de Neurología Buenos Aires
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