¿La tercera es la vencida? Keiko Fujimori va a un nuevo ballotage en Perú contra su rival soñado

La candidata conservadora tiene uno de los más altos niveles de rechazo en la política peruana, por lo que necesitaba un oponente que polarice la carrera por la presidencia, tal como el sindicalista izquierdista Pedro Castillo

La candidata a la presidencia del Perú por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori (EFE/ John Reyes)
La candidata a la presidencia del Perú por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori (EFE/ John Reyes)

La candidata peruana Keiko Fujimori, la hija del ex autócrata preso Alberto Fujimori, consiguió reflotar su figura política y a su partido, en un último impulso de maratonista que la ha puesto por tercera vez en la segunda vuelta electoral de los comicios presidenciales, esta vez frente al izquierdista Pedro Castillo.

En 2006, Fujimori era muy joven para postular al Ejecutivo, pero fue la congresista más votada. En 2011 perdió contra Ollanta Humala y en 2016 quedó a unas décimas del triunfo logrado por Pedro Pablo Kuczynski. Nunca reconoció abiertamente ese resultado y dirigió a la supermayoría oficialista del Congreso con una postura obstruccionista.

Tal estrategia le hizo perder popularidad y el fujimorismo acabó dividido. Pero la candidata no perdió de vista su objetivo. También ha sabido superar el más de un año de prisión preventiva que pasó en 2018 y 2020 mientras era investigada por delitos de lavado de activos y organización criminal, entre otros.

Los sondeos de marzo, antes de la irrupción de Castillo, daban cuenta de un panorama sumamente adverso para la líder conservadora.

Keiko Fujimori en la corte tras su detención por lavado de dinero (REUTERS/Mariana Bazo)
Keiko Fujimori en la corte tras su detención por lavado de dinero (REUTERS/Mariana Bazo)

Todos los hipotéticos escenarios frente a los candidatos (en ese entonces en un múltiple empate técnico) la daban perdedora por una gran diferencia en una segunda vuelta: caía por más de 30 puntos cara a cara contra Yohny Lescano, y era derrotada por alrededor de 20 puntos ante Rafael López Aliaga, George Forsyth o Verónika Mendoza, según un sondeo del Instituto de Estudios Peruanos. El estudio toma en cuenta los votos totales, por lo que la diferencia sería aún mayor si se eliminan los votos nulos o en blanco.

De todos estos hipotéticos cruces, la menor diferencia (-18 puntos) era ante la progresista Mendoza, un escenario de mayor polarización. Ahora, con Castillo, un sindicalista de posiciones izquierdistas más duras, muchos analistas la ubican como la favorita, teniendo en cuenta el fuerte antivoto que tiene el país hacia posturas socialistas, un rechazo acentuado tras la explosión de la crisis venezolana.

Como candidato de Perú Libre, un partido socialista y marxista, Castillo aboga por un control del Estado sobre la economía y, para atender las necesidades de la población, habla abiertamente de nacionalizar empresas y exigir más impuestos a las compañías extranjeras que explotan los recursos naturales.

En cambio, Fujimori es defensora a ultranza de la economía de mercado practicada en Perú como un dogma desde el mandato de su padre, con una intervención mínima del Estado y enfocada en poner la menos trabas y reglas posibles a la inversión privada con la idea de que esta sea principal fuente de trabajo e ingresos de la población.

Portadas de periódicos luego del proceso electoral en Perú (EFE/Paolo Aguilar)
Portadas de periódicos luego del proceso electoral en Perú (EFE/Paolo Aguilar)

Es la permanencia de este modelo lo que está en juego, pues si bien ha reducido notablemente la pobreza en los últimos 30 años, no ha reducido las desigualdades.

De todas formas, los candidatos que siguen en carrera sí tienen algo en común, un conservadurismo en temas sociales.

Fujimori, de 45 años, ha vivido casi toda su vida en la escena política, después de asumir el encargo de primera dama a los 19 años en el mandato de su padre. Está casada con el estadounidense Mark Vito, quien también es investigado por delitos de corrupción, y es madre de dos niñas.

La sombra de la corrupción

En marzo pasado el fiscal José Domingo Pérez presentó formalmente una acusación que se dirige a un total de 40 implicados bajo la presunción de que Fujimori y la cúpula de su partido recibieron millonarios aportes ilegales de empresas en sus campañas electorales del 2011 y 2016, entre las cuales se encuentra la constructora brasileña Odebrecht, responsable del escándalo de sobornos Lava Jato en Latinoamérica.

La fiscalía ha pedido 30 años de prisión contra Fujimori, pero el juicio oral aún no tiene fecha de inicio, teniendo en cuenta que todos los procesos por el escándalo Lava Jato han sufrido retrasos por la pandemia de la covid-19.

El partido creado por Fujimori también se enfrenta a la disolución, de acuerdo a la acusación fiscal, siguiendo la hipótesis de Pérez de que fue una organización creada especialmente para recibir dinero que no fue reportado a las autoridades electorales.

La hija del exmandatario, condenado a 25 años de cárcel por abusos a los derechos humanos, fue señalada de obstruccionista y vengativa cuando, al ser derrotada por Kuczynski en 2016, su numerosa bancada en el Congreso decidió manejar su propia agenda y rechazó todo tipo de consenso político con el Ejecutivo.

El fujimorismo promovió la destitución de Kuczynski por sus vínculos con Odebrecht, a pesar de que el ex gobernante indultó a Alberto Fujimori.

Keiko y sus operadores políticos expulsaron a su hermano Kenji y a un grupo de partidarios que negociaron la excarcelación del expresidente con el entonces gobernante. En ese momento, fines del 2018, Keiko buscaba alejarse de la figura de su padre y ser ella la única presencia de su familia en la dirección del partido.

Keiko Fujimori durante su campaña presidencial (EFE)
Keiko Fujimori durante su campaña presidencial (EFE)

La ex legisladora asumió la nueva campaña presidencial dispuesta a retomar el bastión político de su padre (a quien esta vez, aseguró, sí indultaría, desafiando tratados internacionales). Por ello, en los sectores más conservadores y de derecha del país, y a tono con estos círculos, prometió “mano dura” bajo su eventual gobierno en los campos de la salud, la economía y la seguridad nacional.

Keiko Fujimori ha criticado los confinamientos dictados por el gobierno para controlar el avance de la pandemia, que ha superado los 1,6 millones de contagios y 54.000 fallecidos, y prometió que levantaría las cuarentenas para facilitar la recuperación de la economía y la reactivación de todas las actividades productivas.

Asimismo, ha planteado una reducción significativa de la pobreza, mediante la generación de empleo, y retornar a niveles de crecimiento del PIB de 6 %, aunque sin precisar cómo lo haría. Otros sectores que están en su mira son una reforma tributaria para simplificar la formalización en el país y una reforma del sistema previsional para promover el ahorro privado.

Apenas conocidos los primeros avances que la ubicaban en la segunda vuelta electoral, Fujimori anunció que va a confrontar “al populismo y a la izquierda radical” en alusión a Castillo y confió en que serán “muchos los peruanos que se van a sumar” a su propuesta para llegar a la Presidencia porque no quieren ver convertido al país en “Cuba o Venezuela”.

Sin embargo, antes de que se confirmara su pase a la segunda ronda era la candidata con un mayor rechazo entre el electorado. Sólo una “esprint” final ante Castillo es el que le daba una real oportunidad para triunfar.

(Con información de EFE)

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