
Hace un par de años, escribí Evo Operación Rescate (Penguin Random House), un libro que lo presenté como “una historia real que podría ser ficción”. Y ahora hago justo lo contrario. Publico mi primera novela, El gol que me falta (Editorial Galerna), que resulta ser “una historia de ficción que podría ser real”.
A medida que analizaba lo que sucedía social, económica y políticamente en la Argentina, caí en la tentación de querer contarlo mediante una trama imaginaria, en la que todo podía llegar a suceder. Y por imaginar, imaginé que el mejor futbolista del mundo y de la historia, campeón de todo con su selección y su club, en su último año de su carrera, recibe una postal misteriosa con un pedido urgente: postularse para presidente de la Argentina.
Querido futuro presidente:
No sabía cómo dirigirme a vos. Y preferí ir directo y al grano. Faltan 500 días para las elecciones y quiero que seas mi presidente. La Argentina ya no puede más. En este país no podemos seguir con los políticos de siempre. Necesitamos un presidente que no venga de la política. Que ame a su patria, que sea querido por todos los argentinos y que sea admirado por todo el mundo.
Esa persona sos vos. No hay otra.
Pensalo. Es el gol que te falta. Y lo podés hacer.

En el medio de una temporada deportiva particularmente desafiante, convencido de que el país necesita un presidente que no venga de la política, el mejor futbolista del mundo y de la historia acepta la propuesta.
La novela retrata con ironía el enloquecido mundo de las campañas electorales, en el que reinan las intrigas, las situaciones surrealistas, las envidias, los bajos instintos y mezquindades varias. Porque la Política en época de Elecciones se transforma. Es otra cosa. La exageración está siempre a la vuelta de la esquina. Y el nerviosismo, también.
Es siempre un tiempo distinto, en el que todo el mundo pretende jugar un rol decisivo.
El gol que me falta entra en este laberinto, en esos rincones pocas veces conocidos. Y lo hace sin filtros, contando todo lo que se cocina en esos días decisivos. Por un lado, está el candidato y su entorno. Su familia y sus amigos. Que por supuesto están mucho más presente de lo que diría cualquier manual de campaña electoral; y con gran capacidad de influir en cada decisión, en cada punto de vista, en el estado anímico que se genera alrededor del aspirante a ser Presidente.

Por otro lado, está el comando central de campaña, con sus asesores, con nacionalidades variadas; con sus típicas y tópicas discusiones; analizando todas las estrategias posibles; interpretando y abusando de las encuestas; procurando manejar todas las redes sociales; gestionando la relación con los medios de comunicación; ocultando todos los puntos débiles de la candidatura; sugiriendo propuestas que sintonicen con lo que piensan los ciudadanos; haciendo control de daños ante todos los ataques que se avecinan; estudiando que hacen los adversarios…
Y pasará de todo, lo imaginable y lo inimaginable. Porque así son las campañas electorales. Y más si celebran en una Argentina en disputa, con una sociedad que no la pasa bien en su día a día, y que está cada vez más distante y disociada de su sistema político, altamente atomizado y fragmentado.

Será una elección inédita porque nunca antes había tantos partidos políticos. Están los de siempre, aunque divididos; y los nuevos, los que fueron apareciendo en estos últimos años; y también están los más nuevos, los recién llegados, como por ejemplo, un partido ambientalista y animalista que será la otra gran novedad junto a la presencia del mejor jugador de fútbol del mundo y de todos los tiempos.
Y de fondo, una democracia en apuros y repleta de contradicciones que se juega su destino en la jornada electoral. Es la hora de la verdad. El domingo de la votación. El día de los números y la matemática. Cuando finalmente la certidumbre le gana la partida a tanta incertidumbre.
¿Será el mejor futbolista del mundo y de la historia, el próximo presidente de la Argentina? Veremos cómo avanza el escrutinio final.
* El autor presentará El gol que me falta el martes 7 de abril a las 17.30 en la Sala Alejandra Pizarnik (Pabellón Amarillo) de la Feria del Libro, con la participación de Fernando Signorini y Álvaro García Linera.
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