De regalo francés a icono de EEUU: París reivindica el origen de la Estatua de la Libertad

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Nerea González

París, 14 sep (EFE).- Casi todo el mundo sabe que la Estatua de la Libertad, uno de los mayores iconos de la cultura estadounidense, fue un regalo del pueblo francés, pero no tantos podrían decir el nombre de su autor, o incluso lo confundirían con el archifamoso Gustave Eiffel, que fue solo responsable de su estructura interna.

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El verdadero artífice de la obra fue otro francés, Auguste Bartholdi (1834-1904), amante de los grandes desafíos, y su gesta para construir la que en su momento fue la estatua más grande del mundo puede ser revisitada a partir de mañana en el Museo de Orsay (el segundo más importante de París), en una nueva exposición temporal que durará hasta el 31 de enero.

Bautizada 'Auguste Bartholdi. La Liberté éclairant le monde', la muestra conmemora el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776), cuyo primer centenario sirvió de excusa a Bartholdi para impulsar el proyecto, aunque la inauguración no se haría hasta diez años después, el 28 de octubre de 1886.

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Para los comisarios de esta exposición, François Blanchetière, conservador jefe del departamento de escultura de Orsay, y Juliette Chevée, directora del Museo Bartholdi en Colmar (su ciudad natal), el de este escultor es un caso paradigmático de un artista que logró hacer una obra tan inmensamente célebre que su nombre quedó opacado por ella.

"Es famosa en todo el mundo, vista una y otra vez, y es reconocible de una forma casi universal, hasta el punto de haberse convertido en un icono. Sin embargo, paradójicamente, sus orígenes son bastante desconocidos (...)  Sobre todo, por la identidad de su creador, que cayó un poco en el olvido tras la inauguración de la estatua, tras su muerte", destacó Chevée este lunes al presentar la muestra a la prensa.

La exposición se articula en seis secciones que incluyen esculturas diversas, réplicas de la estatua -posiblemente- más famosa del mundo, fotos, cartelería y otros elementos.

El recorrido comienza situando el proyecto en la trayectoria vital y profesional de Bartholdi y se fija en particular en la semilla de la idea: en una cena, su amigo el jurista Édouard Laboulaye le propone concebir un monumento dedicado a la amistad entre Francia y Estados Unidos.

Laboulaye, un republicano liberal no revolucionario, quería en concreto un símbolo que se apoyase en los valores del derecho y no de la violencia.

De ahí las palpables diferencias entre la visión de la libertad del pintor Eugène Delacroix en el cuadro 'La Libertad guiando al pueblo' y la de Bartholdi en su 'La Liberté éclairant le monde' (La libertad iluminando el mundo), que es el nombre original de la estatua.

"No es la libertad con un gorro frigio rojo en la cabeza y una pica en la mano que camina sobre los cadáveres" (como la del cuadro de Delacroix). "La nuestra en una mano sostiene una antorcha, no la antorcha que incendia sino la llama que ilumina, en la otra las tablas de la ley", defendió Laboulaye en un discurso en 1876 para la Unión Franco-Estadounidense, que fue la fundación que recaudó los fondos.

Y es que la estatua no fue "un regalo del Estado francés al Estado estadounidense", recordó este lunes Blanchetière, sino un proyecto que se financió mediante colecta general entre particulares. Es decir fue realmente un obsequio "del pueblo" de Francia al de Estados Unidos.

La muestra recorre la enorme campaña de comunicación llevada a cabo para obtener el dinero e hitos como el envío de la mano con la antorcha a la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 -que fue la primera realizada fuera de Europa, para conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia- o la exhibición del busto en París, en el Campo de Marte.

Su ensamblaje se hizo enteramente en Francia y fue durante unos años un gran reclamo turístico, antes de ser enviada desmontada y en un barco de la Marina francesa desde Ruán.

Allí aguardaba el pedestal, que era la parte del monumento encargada a los estadounidenses y que llegó a materializarse solo gracias a la intervención del magnate de la prensa Joseph Pulitzer, quien ilusionado por el proyecto fomentó la campaña en Estados Unidos -hasta entonces fallida- para financiar su construcción.

Tras su inauguración, el carácter de símbolo de amistad entre dos pueblos fue poco a poco quedando perdido en el tiempo y la estatua se emancipó como un icono netamente estadounidense y de la ciudad de Nueva York. EFE

(foto) (vídeo)