El pub perfecto de The Waterboys: folk irlandés, épica celta, fusión country y mucho rock

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Carlos Bazarra

Valencia (España), 3 sep (EFE).- La banda británica The Waterboys ha convertido este jueves el Roig Arena de Valencia en su particular concepto de lo que debe ser el pub perfecto, repleto de folk irlandés, épica celta, fusión country y una fiesta colectiva de rock clásico, con dosis justa de nostalgia y muchas ganas de baile.

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Ante más de 4.000 personas que abarrotaban la pista central del pabellón, la banda del incombustible Mike Scott (67 años) ha ofrecido casi tres horas de concierto que esta vez tenía como particular excusa la revisión -y enésima ampliación con material inédito- de uno de sus álbumes más icónicos, 'Fisherman's blues'.

Y jugaban de nuevo en casa, pues Valencia es una de sus plazas fijas cuando pasan por España y de hecho este ha sido el único concierto que ofrecerán en este país durante este año, acompañados por el cantautor, escritor y activista político estadounidense Steve Earle, que durante la mitad del recital es un 'waterboy' más y le da al espectáculo la pátina country y folk que tanto le gusta a Scott.

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El público sabía a lo que venía: un viaje al pasado desde los primeros 80 ('A girl called Johnny') a su época más épica ('The whole of the Moon', 'Don't bang the drum' y 'The Pan Within', este último todo un himno 'remember' por estos lares), pasando por los 90 ('Glastonbury song') y todo ello como aperitivo del núcleo central de esta convocatoria festiva, el viaje infinito a la Irlanda ancestral, popular e impregnada de la naturaleza y las tradiciones celtas de 'Fisherman's blues'.

Lo que empezó siendo un disco con éxito de crítica y público en 1988 se ha transformado en una maleta inacabable de cintas grabadas con cientos de canciones inéditas, versiones de todo tipo, tomas alternativas y una sensación apabullante de lo que fueron cuatro años de estancia de Scott y su banda en Irlanda, con la que se fundieron en una explosión creativa digna de estudio.

En los últimos años se ha ido editando parte de ese material inédito y el más reciente está condensado en un triple disco que acaba de publicarse, 'Atlantic rain', del que esta noche ha sonado 'Come back to Galway', con toda la épica celta posible y el prodigioso violín de Steve Wickham, mano derecha de Mike Scott en esta fiesta folk donde confluyen tradiciones, paisajes, leyendas, experiencias vitales, divinidades paganas y mucha juerga compartida.

Y como este concierto se basaba en el espíritu de ese disco (y su lógica continuación inmediata, 'Room to roam'), la banda ha recuperado desde 'We will not be lovers' hasta 'Strange boat', pasando por el 'Sweet thing' de Van Morrison, "When will we be married?', 'How long will I love you', 'The Raggle Taggle Gypsy' o 'The stolen child'.

Como era de esperar, los dos momentos que han logrado la catarsis colectiva han sido 'And a band on the ear' y 'Fisherman's blues', una comunión festiva que parecía no acabar nunca y donde el universo celta, el imaginario marítimo y rural, los amores y desamores y la épica irlandesa han convertido el Roig Arena en algo parecido al pueblo de Innisfree que inmortalizó John Ford en 'El hombre tranquilo'.

El invitado de lujo de esta cita, Steve Earle, ha defendido con orgullo su legado country y folk norteamericano -con media docena de canciones en medio del concierto- aunque el público realmente a quien esperaba era a Mike Scott como maestro rock de ceremonias, con su sempiterno sombreo vaquero, sus poses de estrella del glam, su intimismo acústico al piano o su virtuosismo a la guitarra.

Visto el recital de esta noche, a este apasionado de la poesía de Yeats, melómano, azote de Trump y deslenguado trovador en redes sociales -hay quien dice, además, haberle visto corriendo esta mañana por los Jardines del Turia- le queda mucho rock por componer, interpretar y compartir, y seguirá rebuscando en esa maleta inagotable de cintas de aquella gloriosa época irlandesa en que regaló al mundo ese blues del pescador que no quería techos que le oprimieran, solo navegar bajo un cielo estrellado. EFE

(foto)