Nairobi, 31 jul (EFE).- El brote de ébola declarado el pasado 15 de mayo en el este de la República Democrática del Congo (RDC) ya se ha convertido en el segundo con más casos confirmados de la historia, a un ritmo de propagación "sin precedentes".
Estas son las claves para entender el alcance del brote, según han explicado a EFE expertos de Médicos Sin Fronteras (MSF) y la Organización Mundial de Salud (OMS):
Según el último boletín difundido este viernes por el Ministerio de Comunicación congoleño, el brote ha registrado 3.532 contagios confirmados, de los que 1.556 han fallecido, en cinco provincias congoleñas: Ituri (epicentro), Kivu del Norte, Kivu del Sur y Haut-Uele (este), así como Tshopo (centro-norte).
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Ha superado así los 3.481 contagios de la epidemia que también afectó al este de la RDC entre 2018 y 2020, cuando murieron 2.299 personas; aunque aún está lejos de los 11.000 muertos y 28.000 casos del brote que golpeó a África Occidental entre 2014 y 2016, el peor de la historia.
"El brote todavía sigue en crecimiento. Estamos teniendo entre 50 y 100 casos nuevos reportados cada día", alerta Fran Bartolomé, responsable de enfermedades tropicales desatendidas de MSF.
La epidemia se propagó también a la vecina Uganda, que registró un total de 20 contagios confirmados, incluidos 15 casos considerados como importados de la RDC, entre los que hubo dos fallecimientos, antes de declararse "libre de ébola" el pasado 28 de julio.
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Según la OMS, se considera "alto" el riesgo de expansión del brote en África subsahariana y "bajo" a escala global.
Este brote se corresponde con la cepa poco común de Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30 % y el 50 % y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, a diferencia de la variante Zaire, según la OMS.
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La capacidad de hacer pruebas para esta cepa contribuyó a retrasar la detección del brote que, según la OMS, comenzó a circular en Ituri unos dos meses antes de su declaración oficial.
Sin embargo, se ha conseguido "aumentar significativamente" la capacidad de diagnóstico y de aislamiento de enfermos desde entonces, señala Patrick Otim, responsable de emergencias sanitarias de la Oficina Regional de la OMS para África.
Así, se ha pasado de tres laboratorios con capacidad para realizar unas 30 pruebas al día a 18 laboratorios que pueden llevar a cabo hasta 2.200 pruebas diarias.
Además, de los tres centros de tratamiento del ébola (CET) disponibles inicialmente, con algo más de veinte camas, se cuenta actualmente con 37 centros con cerca de 1.000 camas.
Mientras, la Universidad de Oxford (Reino Unido) lanzó este julio el primer ensayo en humanos de una vacuna contra el virus de Bundibugyo, mientras otros candidatos están siendo impulsados por la Iniciativa Internacional para una Vacuna contra el Sida (IAVI), la farmacéutica Moderna y la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI).
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Según han advertido MSF y la OMS, el ébola sigue propagándose a un ritmo "sin precedentes" y se trata ya de la epidemia de más rápido crecimiento de todas las registradas hasta la fecha.
Bartolomé destaca la "dificultad para seguir las cadenas de transmisión" y señala que "todavía hay casos que no se sabe dónde se han infectado" y "que no se hace seguimiento de todos los contactos potenciales", porque los equipos de rastreo no están suficientemente formados o financiados.
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"Estamos viendo casos que están llegando a los centros de salud en una fase de la enfermedad ya avanzada, lo que implica que han estado enfermos en casa (...) bien sea por miedo, por la percepción de estigmatización o por la inseguridad en la zona", lamenta.
"Todo esto -asegura- hace que no conozcamos exactamente cuál es la magnitud de la epidemia".
La respuesta se ha visto dificultada por el conflicto que sacude desde hace décadas el este congoleño, alimentado por decenas de grupos armados y el Ejército, pero también por la "desconfianza de la comunidad", la "desinformación" y "rumores" sobre el virus y sobre los centros de tratamiento.
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Grupos enfurecidos han llegado incluso a atacar a los profesionales médicos y a los voluntarios dedicados a recoger y enterrar cuerpos de manera segura o a asaltar centros de salud.
El pasado 1 de julio, por ejemplo, al menos dos personas murieron después de que el CTE de la localidad de Bafwabango (Ituri) fuese incendiado.
"En los últimos dos meses, se han hecho esfuerzos y hemos observado cierta mejora, como que la comunidad llame para pedir que una ambulancia recoja a las personas o que la gente acuda al centro de tratamiento", explica Otim.
Para mantener la confianza de la comunidad, es importante responder a tiempo cuando ésta pide ayuda: "Si les hemos prometido esta repuesta, tenemos que estar equipados para cumplirla", concluye. EFE
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