Una psicóloga señala que la autoexigencia o el perfeccionismo pueden influir en la migraña

Especialistas advierten que ciertas características de personalidad, como una alta sensibilidad o el exceso de responsabilidad, estarían relacionadas con una mayor intensidad de síntomas, según recientes investigaciones científicas y testimonios recogidos en consultas de salud mental

Guardar

El impacto de experiencias adversas durante la infancia aparece como un factor relevante en la aparición y la intensidad de cuadros crónicos como la migraña. Según consignó el medio, el estudio de 'Kaiser', basado en la participación de más de 20.000 personas, concluyó que aquellos que atravesaron múltiples experiencias adversas infantiles presentaban un riesgo mayor de enfrentar enfermedades físicas y psicológicas crónicas en la adultez, como problemas cardíacos, consumo de drogas y una reducción significativa de la esperanza de vida. Cuando estas vivencias se combinan con una desregulación persistente del sistema nervioso, el cuerpo da prioridad a la supervivencia, lo que se traduce en una mayor sensibilidad al dolor y en dificultades para regular las emociones. La información principal señala que especialistas advierten que ciertos rasgos psicológicos, como una elevada sensibilidad emocional o la autoexigencia excesiva, estarían vinculados a una mayor intensidad de los síntomas de migraña.

De acuerdo con los testimonios recogidos en consultas de salud mental, así como con evidencia clínica y científica reciente, características de personalidad como la extrema responsabilidad, el perfeccionismo y la sensibilidad emocional influyen notablemente en la percepción y en la manera de afrontar la migraña. La psicóloga sanitaria Sandra Ferrer, citada por el medio, explica que en consulta se observa un perfil recurrente de personas que buscan controlar minuciosamente todos los aspectos de su vida y salud, manteniendo su sistema nervioso en estado de alerta. Según Ferrer, este estado genera una hipervigilancia ligada al dolor, convirtiendo estímulos cotidianos en posibles amenazas. La experta aclara que estos comportamientos no son defectos de carácter, sino factores que afectan la forma en que cada individuo experimenta la migraña.

El medio destacó, además, dos estudios recientes que refuerzan la relación entre personalidad y migraña. Por una parte, una investigación publicada en 2023 en la revista 'Acta Neurologica Belgica' encontró que quienes padecen migraña, especialmente con aura, presentan puntuaciones más altas en escalas de sensibilidad sensorial cuando se les compara con quienes no tienen esta condición. Esto indica una mayor reactividad ante estímulos tanto externos como internos. Además, trabajos científicos publicados en 2024 en 'Scientific Reports' señalaron que quienes sufren esta patología exhiben esquemas cognitivos marcados por normas muy estrictas y una tendencia a la autocrítica, asociadas a la autoexigencia y el perfeccionismo.

El bioquímico Albert Ferrer, también cofundador de Migralia, remarcó que estos patrones de personalidad pueden acentuar el estrés crónico si se experimentan en contextos percibidos de amenaza constante. Según Ferrer, este ciclo impacta directamente sobre el sistema nervioso y sobre la manera en que se siente el dolor. Añadió que la inseguridad prolongada provoca que incluso situaciones objetivamente seguras sean interpretadas como riesgosas, y destacó la posibilidad de entrenar el sistema nervioso para restablecer la sensación de seguridad y disminuir la intensidad de los episodios dolorosos. Además, el experto subrayó que “cualquier pensamiento que generamos se convierte en neuropéptidos que recorren todo nuestro organismo, por lo que tienen efectos bioquímicos en sistemas como el endocrino, el inmunológico o el digestivo”.

La literatura científica coincide en que la predisposición al dolor crónico no depende exclusivamente de la estructura de los tejidos. Según lo reportado por el medio, los modelos actuales en ciencias de la salud atribuyen un papel fundamental a la interacción de los rasgos de personalidad —como una preocupación excesiva, el afán de control, la autocrítica o el perfeccionismo—, el estrés acumulado, los modelos mentales y las experiencias adversas recogidas en fases tempranas de la vida. Las conclusiones de diversos estudios, según explicaron los especialistas al medio, indican que contar con tres o más experiencias adversas en la infancia puede triplicar la probabilidad de desarrollar migrañas u otros síntomas crónicos.

De este modo, tanto la evidencia recogida en la práctica clínica como la registrada en estudios científicos recientes sugiere que revisar y abordar estos patrones psicológicos podría desempeñar un papel relevante en la gestión y el tratamiento de la migraña. Las intervenciones dirigidas a reducir la autoexigencia, el perfeccionismo y la sensibilidad al estrés crónico buscan justamente modificar la respuesta del sistema nervioso, favoreciendo una mejor adaptación al dolor y, potencialmente, una mayor calidad de vida para quienes conviven con este diagnóstico.