
De acuerdo con los datos reportados por la Media Luna Roja iraní, la serie de bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel ha producido daños en más de 100.000 edificaciones civiles, una cifra que incluye casi 40.000 estructuras afectadas en la capital del país, Teherán. Además, las ofensivas han impactado unas 600 escuelas y cerca de 300 centros de salud solo en el transcurso de las últimas cuatro semanas. Este contexto de destrucción masiva se vincula con la advertencia oficial de represalias emitida este domingo por el Ejército de Irán.
Según informó la agencia Fars, el portavoz del mando Jatam al Anbiya, Ebrahim Zolfaqari, anunció públicamente que las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán priorizarán como blancos las residencias de altos mandos y funcionarios políticos tanto de Estados Unidos como de Israel ubicados en Oriente Próximo y los territorios ocupados. Zolfaqari definió esta medida represiva como una respuesta directa a los bombardeos ejecutados contra “las residencias del pueblo iraní en diversas ciudades”. Las declaraciones realizadas por el portavoz del alto mando militar se inscriben en un marco de creciente tensión y de balance provisional de víctimas: el Ministerio de Sanidad de Irán ha elevado recientemente a 2.076 el número de fallecidos, además de cifrar en 26.500 los heridos por los ataques.
Tal como detalló la agencia Fars, la decisión iraní se presenta como un acto de represalia por lo que denominan “las atrocidades y hechos terroristas” llevados a cabo por “enemigos estadounidenses-sionistas”. Los bombardeos, iniciados el 28 de febrero, han dejado cuantiosas víctimas civiles y militares en diferentes localidades del país bajo gobierno de los ayatolás. El medio informa que los operativos de Estados Unidos e Israel han sido atribuidos como desencadenantes directos tanto de la destrucción de infraestructura como del saldo de víctimas humanas.
En relación con las cifras de bajas, la ONG Activistas de Derechos Humanos en Irán (HRA) sostiene que desde el inicio de las operaciones militares se han contabilizado 1.551 civiles fallecidos, entre quienes se incluyen 236 menores de edad. A esto se suman 1.208 víctimas mortales entre el personal militar y 702 fallecidos todavía no clasificados, lo que eleva el total a 3.461 decesos desde el 28 de febrero, según publicó la HRA. Mientras tanto, el registro oficial del Ministerio de Sanidad iraní reporta números significativamente superiores, atribuyendo más de 2.000 muertes a la serie coordinada de bombardeos.
El medio Fars destaca que las afirmaciones del portavoz militar integran una escalada discursiva en el contexto de los recientes ataques. Según remarcó Zolfaqari, “las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán atacarán las residencias de los comandantes y funcionarios políticos estadounidenses y sionistas en la región y los territorios ocupados”. Esta declaración deja en evidencia la orientación del mando iraní hacia objetivos específicos en respuesta a las acciones militares extranjeras, profundizando el clima de confrontación regional.
La Media Luna Roja iraní también informó sobre el alcance de los daños materiales derivados de los ataques sobre el territorio nacional. Más de 100.000 edificios presentan destrucción o daños estructurales, con una proporción importante de propiedades localizadas en Teherán. Fuentes de esta organización agregaron que cerca de 40.000 edificaciones afectadas corresponden exclusivamente a la capital. Además, instituciones educativas y centros de salud figuran de forma destacada entre las infraestructuras impactadas: aproximadamente 600 escuelas y 300 instalaciones sanitarias han resultado dañadas en menos de un mes.
A medida que se suceden informes oficiales y de entidades humanitarias, tal como consignó Fars, la magnitud de la crisis humanitaria y el grado de destrucción se tornan elementos centrales en la administración de la respuesta militar anunciada por Irán. Los comunicados difundidos subrayan la posición mantenida por el liderazgo iraní de responder “proporcionalmente” y orientar estos actos hacia blancos asociados con la toma de decisiones y el mando político-militar de los países a quienes se responsabiliza por la ofensiva.
Al esbozar la directriz estratégica de la reacción, Zolfaqari insistió, según publicó la agencia Fars, en que las medidas adoptadas obedecen a la política de represalia nacional frente a lo que describen como acciones hostiles cometidas por los aliados Washington-Tel Aviv. De acuerdo con este planteamiento, la amenaza de acometer ataques a residencias particulares de líderes estadounidenses e israelíes en Oriente Próximo y áreas bajo ocupación constituye una respuesta a la afectación sufrida en espacios habitados y utilizados por la población civil iraní.
Reportes paralelos de la ONG HRA y la Media Luna Roja exponen discrepancias en el balance de víctimas mortales, aunque ambos organismos remarcan el impacto sobre la población no combatiente y la gravedad de los daños sobre centros vitales para el funcionamiento social del país, incluyendo escuelas y hospitales. Este escenario, detalló la agencia Fars, ha sido utilizado por representantes militares y civiles iraníes como argumento para legitimar la amenaza de una escalada de represalias selectivas.
Los datos acumulados desde el 28 de febrero, según el seguimiento de organizaciones de derechos humanos y entidades estatales, reflejan el efecto devastador de los bombardeos y el impacto en áreas densamente pobladas por civiles. La respuesta de las autoridades iraníes ha incluido la publicación frecuente de balances y la transmisión de comunicados alertando sobre nuevas acciones militares, según han informado Fars y otros medios locales.
Finalmente, el aumento de la tensión en la región y la declaración de intenciones emitida por el mando militar iraní generan un escenario en el que las repercusiones sobre la seguridad de líderes estadounidenses e israelíes adquieren centralidad. Tal como publicaron las autoridades citadas por la agencia Fars, las eventuales ofensivas se presentan como una respuesta directa y declarada ante la dimensión de los daños sufridos por la población y la infraestructura de Irán.
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