
La seguridad alimentaria de los países con menos recursos enfrenta desafíos adicionales debido al incremento en los costes de los fertilizantes, lo que complica la capacidad de estos países para garantizar el abastecimiento básico de la población. Según informó el Fondo Monetario Internacional (FMI), el conflicto en Oriente Próximo genera un aumento de la inflación y un estancamiento económico que golpean con especial fuerza a las economías menos desarrolladas y a aquellas que dependen en mayor medida de importaciones energéticas y alimentarias. Estas economías, señala el FMI, son especialmente vulnerables a los impactos derivados, mientras que los países que ya muestran mayores tasas de pobreza y menores reservas de energía soportan las mayores consecuencias.
En su último análisis publicado, el organismo con sede en Washington advirtió que, bajo todos los posibles escenarios derivados del conflicto, se registrará un incremento de los precios a nivel global y un menor crecimiento económico. El FMI determinó que una guerra de corta duración provocará un alza en los precios del petróleo y el gas natural hasta que los mercados logren ajustarse. Si el enfrentamiento se prolonga en el tiempo, los precios energéticos permanecerán elevados, lo cual afectará de manera directa a los países importadores de energía, sobre todo en Asia y Europa.
El FMI alertó, asimismo, que una situación en la que las tensiones políticas persistan en la región podría originar una inflación difícil de contener a nivel global, acompañada de una sensación permanente de riesgo geopolítico. Esta combinación, según consignó la institución, complica la recuperación económica de muchos países que apenas comenzaban a registrar signos sostenidos de recuperación luego de varias crisis anteriores.
Tal como publicó el FMI, la crisis en Oriente Próximo tiene un efecto global pero desigual. Aquellos países con mayor dependencia de recursos energéticos y con menor desarrollo económico experimentan una mayor exposición a los efectos adversos del conflicto. Los países con los ingresos más bajos, explicó la entidad, destinan en promedio el 36% de su consumo a la compra de alimentos, en contraste con el 20% observado en las economías emergentes y el 9% en las desarrolladas. Por tanto, el alza de precios en los alimentos repercute fuertemente en la población más vulnerable, elevando el riesgo de inseguridad alimentaria.
El análisis del FMI destaca que el conflicto en Irán y la región ya ha causado importantes daños en la infraestructura y las industrias de los países directamente involucrados. La institución indicó que, pese a la resiliencia que puedan mostrar estas naciones, las perspectivas de crecimiento a corto plazo sufrirán un deterioro. Agregó que la crisis, además de su impacto económico, “trastoca la vida y el sustento de la población” tanto en Oriente Próximo como en el resto del mundo.
En el caso europeo, países como Italia y Reino Unido se encuentran particularmente expuestos debido a su alta dependencia del gas natural. Por otro lado, Francia y España se ven menos afectados puesto que cuentan con una infraestructura energética basada en la energía nuclear y fuentes renovables, situación que les proporciona mayor estabilidad ante los vaivenes del mercado internacional.
El FMI también enfatizó el impacto del conflicto en los países del golfo Pérsico por la interrupción del flujo de alimentos y por la posible subida generalizada de los precios de estos productos. Tal como detalló el organismo, esta situación coincide con el comienzo de la temporada de siembra en el hemisferio norte, lo que añade presión sobre los rendimientos agrícolas y las cosechas a lo largo del año.
La escalada de precios también se traslada al sector alimentario global. El encarecimiento de fertilizantes amenaza con reducir la productividad y los rendimientos en los países más pobres, incrementando así el peligro de crisis alimentarias en regiones con alta proporción de su gasto dedicada a la comida. Esta problemática, especificó el medio, se agrava en contextos donde los aumentos de precios superan la capacidad de reacción de los gobiernos y poblaciones con menores ingresos.
El FMI concluyó en su evaluación que las consecuencias de la crisis en Oriente Próximo representan uno de los principales retos para el crecimiento económico y la estabilidad de precios a nivel internacional. Su impacto resulta especialmente complejo para las economías que no han logrado consolidar una recuperación tras crisis anteriores y cuyas estructuras económicas dependen de insumos energéticos y del acceso a alimentos en el mercado global.
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