De acuerdo con una encuesta del Instituto Español de Investigación Enfermera, el 89 por ciento de las enfermeras se muestra dispuesto a recibir información sobre los tratamientos con biosimilares, pero solo un porcentaje muy reducido, el 6 por ciento, declara tener conocimientos avanzados en el tema. Esta situación, reportó el Consejo General de Enfermería (CGE), se traduce en incertidumbre dentro del personal sanitario y limita la seguridad percibida por los pacientes, por lo que el organismo hace un llamado a intensificar la formación específica en torno a estos medicamentos.
Según informó el CGE, existe una brecha significativa entre la evidencia científica disponible sobre la eficacia y seguridad de los biosimilares y la percepción del personal de enfermería, lo que podría influir de manera negativa en la confianza que los pacientes depositan en sus tratamientos. Los biosimilares, explicó el CGE, son medicamentos con una estructura, calidad, seguridad, eficacia e inmunogenicidad muy similares a los productos biológicos de referencia, considerándose científicamente “intercambiables” con ellos. Estos medicamentos han contribuido a un mejor acceso a terapias biológicas, así como a la reducción del gasto sanitario, ya que suelen tener un coste inferior respecto de los fármacos originales.
El medio precisó que, pese a las ventajas reconocidas de los biosimilares, la falta de preparación adecuada del personal de enfermería está condicionando la adherencia de los pacientes a estos tratamientos y generando dudas sobre su correcto manejo en el ámbito hospitalario y ambulatorio. El CGE sostiene que el personal de enfermería desempeña funciones clave en la gestión de la medicación, así como en la farmacovigilancia y la educación de los pacientes; en consecuencia, insiste en la necesidad de dotarlos de conocimientos sólidos para transmitir confianza y seguridad.
La encuesta del Instituto Español de Investigación Enfermera del CGE detalló que un 63,7 por ciento del personal encuestado alcanza solo un nivel básico de conocimientos sobre biosimilares, mientras que el porcentaje que accede a formación específica en el entorno laboral apenas alcanza el 14,2 por ciento. Además, tan solo el 9 por ciento de quienes recibieron formación indica que esta fue impartida por especialistas de la industria farmacéutica, lo que limita el valor práctico y el alcance del aprendizaje recibido.
Según publicó el CGE, el principal beneficio identificado por más de la mitad del personal de enfermería, el 52,9 por ciento, es la reducción de costes para el sistema sanitario, en comparación con el 22,6 por ciento que muestra plena confianza en la seguridad y eficacia de los biosimilares. Esta limitada confianza se relaciona directamente con el nivel de formación recibido, según destaca la investigación recogida por el mismo organismo.
La información del CGE expone también que la barrera considerada como “más significativa” por el 68,7 por ciento de los profesionales consultados es la falta de conocimiento y experiencia en el uso de biosimilares. El incremento de la experiencia directa y un mejor acceso a formación específica se asocian a un crecimiento en la confianza tanto en la seguridad como en la eficacia de estos medicamentos, fenómeno especialmente observable entre el personal que habitualmente trabaja con biosimilares.
El CGE manifestó que, aunque los medicamentos biológicos han permitido avances importantes en el abordaje de diversas enfermedades, la aparición de nuevas patologías crónicas y el incremento de sus costes han impulsado la promoción y prescripción de tratamientos biosimilares, dado que amplían las opciones terapéuticas y alivian la carga económica para el Sistema Nacional de Salud.
El organismo concluyó que solo a través de programas de formación dirigidos y actualizados que involucren a profesionales de la enfermería se logrará una gestión segura y eficiente de los biosimilares, favoreciendo la confianza del paciente y su adherencia a los tratamientos, como consignó el CGE en su reciente reporte.