Redacción Asia, 30 mar (EFE).- Mientras hace un año los países asiáticos, entre ellos China, estuvieron entre los más perjudicados por la lista de aranceles del presidente de EE. UU., Donald Trump, la situación ha dado un giro a raíz del revés del Tribunal Supremo a los gravámenes, con Pekín como uno de los posibles ganadores.
Tras meses de negociaciones, derivando en muchos casos en el compromiso de inversiones millonarias en Estados Unidos, el nuevo gravamen global del 10 % y la inicial desprotección legal al Gobierno de Trump devuelven a muchos países asiáticos a la casilla de salida, y otros salen hasta reforzados.
China y Estados Unidos han celebrado hasta seis rondas de negociaciones comerciales desde el llamado "Día de la Liberación" del 2 de abril de 2025, la última a mediados de marzo en París, cuando aún se contaba con que el líder republicano visitara China por estas fechas, viaje pospuesto hasta mayo, según el último anuncio de la Casa Blanca.
Durante el último año, Pekín y Washington se han echado un pulso permanente: China ha sido de los pocos países que han respondido con medidas radicales, destacando las restricciones a las exportaciones de tierras raras -industria que domina-, por lo que Trump llegó a amenazar con tasas del 100 % a la segunda economía mundial.
El fallo del Supremo del pasado febrero llegó en medio de una tregua comercial de un año entre Washington y Pekín después del encuentro en octubre en Corea del Sur entre Trump y su par chino, Xi Jinping, que supuso la reducción del 57 % al 47 % de los aranceles aplicados a las importaciones chinas.
Tras la decisión judicial, numerosos analistas consideraron que China era el "principal ganador de Asia", pues el país se quedaba con alrededor del 23 % de tasas, un margen más estrecho respecto a las de otros países de la región y cerca de cómo estaba tras la vuelta del republicano a la Casa Blanca.
Con todo, las fricciones comerciales continúan: Washington anunció este mismo mes nuevas investigaciones comerciales contra Pekín y otros países al amparo de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, lo que China calificó de "arbitrario y discriminatorio".
El último año de negociaciones entre India y EE. UU. ha estado marcado por Rusia: la Casa Blanca impuso a Nueva Delhi un arancel inicial del 25 % que acabó duplicándose hasta el 50 % como represalia por las compras de petróleo a Moscú.
El proceso negociador, que sumó asimismo seis rondas técnicas, derivó en un acuerdo interino en febrero que permitió rebajar los aranceles al 18 % a cambio de compromisos de compras multimillonarias de energía y tecnología estadounidense, en un pacto que Trump presentó como el inicio del desacoplamiento energético de la India y Rusia.
Sin embargo, el entendimiento volvió a quedar en el aire con el fallo del Supremo, que privó a Washington de su principal herramienta de presión y concedió a Nueva Delhi una nueva base legal para renegociar sus términos.
Con la llegada del conflicto en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, la estrategia de la Administración Trump ha vuelto a cambiar abruptamente, permitiendo a la India acceder de nuevo al crudo ruso con el objetivo, según Washington, de "estabilizar" el mercado energético global.
Japón, socio de EE. UU., se comprometió a invertir hasta 550.000 millones de dólares en ese país como parte de un acuerdo comercial para reducir del 25 % al 15 % los "aranceles recíprocos" impuestos por Trump a los productos japoneses, incluidos los automóviles, y fuentes gubernamentales han dicho que el fallo del Supremo no afectará a las primeras inversiones.
Así, los proyectos de gas natural y minerales críticos por valor de 36.000 millones de dólares anunciados en febrero se mantendrán, aunque todavía quedan cientos de miles de millones de dólares sin asignar.
Corea del Sur también se ha comprometido a mantener su propio acuerdo comercial con Washington, que contemplaba inversiones por valor de 350.000 millones de dólares, aunque todavía no se han anunciado proyectos concretos.
El Sudeste Asiático fue objeto de elevados aranceles hace un año, con países como Vietnam, foco industrial regional, recibiendo inicialmente un 46 % por ejercer, según Washington, como punto de "transbordo" de productos chinos.
Vietnam fue de los primeros países en llegar a un pacto comercial con Washington -que reducía al 20 % los gravámenes- y a este se sumaron otros con naciones como Indonesia, Malasia, Filipinas o Tailandia (todas impactadas con un arancel del 19 %).
Tras el fallo del Supremo, Malasia ha sido el único país que ha dado el acuerdo por "nulo e inválido", mientras Indonesia, la mayor economía regional, indicó que su continuidad depende de la voluntad de las dos partes.
El Sudeste Asiático ha sido el destino de buena parte de las exportaciones de China en 2025, que cerró con un superávit comercial histórico de 1,22 billones de dólares. EFE
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