París, 23 mar (EFE).- El ex primer ministro Lionel Jospin, figura destacada del socialismo francés, ha fallecido a los 88 años, anunció este lunes su familia.
Jospin se había sometido en enero pasado a una intervención quirúrgica importante, de la que no transcendieron detalles.
Además de jefe del Ejecutivo de cohabitación entre 1997 y 2002, durante la presidencia del conservador Jacques Chirac, Jospin fue primer secretario del Partido Socialista de 1981 y 1988, y nuevamente entre 1995 y 1997, diputado y ministro en los gobiernos de François Mitterrand.
Perdió dos veces las elecciones presidenciales en 1995 y 2002, siendo eliminado la segunda vez en la primera vuelta, frente al líder del ultraderechista Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen.
Se da la circunstancia de que este eminente socialista francés falleció el domingo, el día que se celebraba la segunda vuelta de las elecciones municipales francesas, en las que dos candidatos de su partido consiguieron mantener en manos de la izquierda las dos ciudades más importantes de Francia, París y Marsella.
En declaraciones a France Info, el actual líder del Partido Socialista, Olivier Faure, expresó su "profunda tristeza" y "gran emoción" por el fallecimiento de Jospin, a quien designó como un maestro.
"Él era el elegido. Nos educó y nos formó a todos. Todos pertenecemos a esa generación que se forjó con Lionel Jospin, con la izquierda plural. Y fue él quien nos apoyó con su bondad. Fue él quien participó en cada lucha y quien fue un referente, un modelo a seguir para muchos de nosotros", declaró Faure.
Era, añadió, "un hombre íntegro, un hombre de principios" y, con él, durante su gobierno "fueron sin duda los últimos años en que la izquierda estuvo unida".
Pero esa historia de unidad terminó mal el 21 de abril de 2002, que marcó un punto de inflexión, reconoció Faure, en alusión a la primera vuelta de las elecciones presidenciales en las que Jospin terminó en tercera posición, desbancado por Le Pen, algo que el ex primer ministro definió como la caía de un "rayo" sobre el socialismo francés.
"Por primera vez en mi vida, vi no al héroe que él representaba para mí, sino a un hombre golpeado por el destino. Y fue una imagen terrible. Incluso mencionó un rayo. Fue como si el cielo se nos hubiera caído encima ese día, y, sinceramente, no se lo merecía", lamentó Faure retrospectivamente.
La noche del 21 de abril de 2002, tras quedar eliminado en la primera vuelta de las presidenciales francesas, Jospin pronunció una breve declaración que marcó la vida política del país.
Su frase más recordada fue: "Asumo plenamente la responsabilidad de este fracaso y saco las consecuencias retirándome de la vida política tras el final de la elección presidencial".
Con este anuncio, Jospin no solo reconocía la derrota, al haber quedado por detrás de Chirac y de Le Pen, sino que también comunicaba su retirada inmediata de la política, lo que constituye unas de las declaraciones más contundentes de la política francesa reciente.
"Recuerdo que a Lionel Jospin le faltaron solo dos votos para pasar a la segunda vuelta. Y lo más probable es que, de haberlo logrado, la historia hubiera sido diferente, ya que todos creían que la victoria contra Jacques Chirac era posible. Las cosas siempre se han dado de forma distinta. Así es el destino y lo acepté", dijo Faure.
París, 23 mar (EFE).- Toda su vida, Lionel Jospin se negó a caer en el populismo, que combatió con su carácter áspero, austero, casi espartano, una lucha que no impidió que sucumbiera al empuje de una extrema derecha que borró del mapa la huella de su legado.
La biografía de Jospin, fallecido este domingo a los 88 años de edad, lleva dos cifras bien marcadas, las 35 horas semanales, que representan mejor que nada su legado político, y la noche electoral del 21 de abril de 2002, que acabó con su carrera política.
El entonces primer ministro de Francia afrontaba su segundo intento para asaltar el Elíseo y los sondeos le colocaban en buena situación para que fuera la buena, tras cinco años al frente de un Gobierno de izquierdas que mejoró la situación económica del país.
Su campaña estaba centrada contra el conservador Jacques Chirac, al que había eclipsado durante cinco años de cohabitación. Tan obnubilado estaba que no percibió la atomización del electorado de izquierda, que le restó los votos que necesitaba para superar al ultraderechista Jean-Marie Le Pen.
"Asumo plenamente la responsabilidad de este fracaso y me retiro de la vida política", aseguró en aquella noche electoral el hombre que había marcado los designios de la izquierda francesa tras la era de Mitterrand.
Jospin, hijo de un profesor y una matrona, ambos protestantes no practicantes, los dos de izquierda, era el heredero del primer presidente socialista y también la personalidad elegida para llevar sus valores de nuevo al Elíseo.
Antes había militado en círculos trotskistas y amagado con una carrera diplomática que quedó truncada cuando en mayo de 68 la revuelta estudiantil le llevó a la plena militancia política.
Cuando Mitterrand ascendió al poder en 1981, el joven político de 42 años se hizo con las riendas del partido para convertirlo en una máquina al servicio del primer presidente socialista elegido por sufragio universal en Francia.
Soldado fiel, acompañó a Mitterrand en los diferentes giros, incluido los menos afortunados, como la derrota en las legislativas de 1986 que le llevaron a cohabitar dos años con Chirac, pero que no le impidieron renovar la presidencia dos años más tarde.
En ese momento Jospin dio el salto al Ejecutivo, convertido en ministro de Educación y número dos de aquel Gobierno.
Ahí comenzó a distanciarse de su mentor, que confió el partido al joven Laurent Fabius, representante del ala más liberal del socialismo francés, muy lejano de sus tesis más ortodoxas.
En 1992 salió del Gobierno y al año siguiente del Parlamento, aplastado por la ola conservadora que provocó la segunda cohabitación y que supuso su primera retirada de la primera línea política.
Pero fue temporal. En 1995, cuando el expresidente de la Comisión Europea Jacques Delors decidió no tomar el relevo de Mitterrand como candidato socialista, Jospin retomó el blasón del partido y obtuvo un honroso resultado frente a Chirac.
Legitimado para seguir al frente del PS, lo mantuvo como una maquinaria bien rodada que, cuando el presidente conservador disolvió la cámara dos años más tarde obtuvo una victoria en las legislativas que le llevaron a liderar el Ejecutivo.
Ahí, al frente de un Gobierno multicolor de izquierdas, con comunistas y ecologistas, supo poner en práctica su ideario resueltamente progresista, en tiempos en los que en otros lares la socialdemocracia buscaba terceras vías de subsistencia.
El mascarón de proa de aquel gabinete fue la ley de las 35 horas semanales, considerada por muchos la última gran reforma de la izquierda europea, que revolucionó el paisaje laboral y económico del país.
Jospin logró enderezar la economía, reducir el paro y mantener una sólida ética política y moral que, pensaba, tendría a raya al populismo.
Absorto por las encuestas que le colocaban ya en el Elíseo, no vio venir el seísmo del 21 de abril de 2002, cuando la extrema derecha accedió por vez primera a la segunda vuelta.
Su derrota dejó absorto al PS y a toda la izquierda, que tardó años en reponerse del naufragio, mientras Jospin, retirado a la bucólica isla de Ré, en la costa Atlántica del país, apenas asomó la cabeza para dirigir el rumbo de los que, durante años, le habían dado el timón del socialismo.
Demasiado doctrinario, austero y rígido, para unos, Jospin siguió siendo un referente de la izquierda en Francia. Su voz, poco habitual en la escena mediática, siempre fue escuchada y esperada, signo de que dejó una huella profunda en buena parte de la sociedad gala.
Luis Miguel Pascual
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