Esther Rebollo
La Plata (Argentina), 22 mar (EFE).- Elsa Pavón encontró en 1983 a su nieta robada, que había sido secuestrada con 23 meses junto a sus padres en Uruguay por agentes del Plan Cóndor. Con ocho años, la niña se convirtió en el primer caso de restitución de identidad en Argentina tras la dictadura militar, de cuyo inicio se cumplen 50 años.
Aún así, a los 89 años, Pavón no ha detenido la búsqueda de niñas y niños robados por el régimen militar instaurado en Argentina tras el golpe del 24 de marzo de 1976. Lo hace en nombre de las abuelas que no tuvieron la misma suerte o fallecieron sin encontrar a sus nietos.
Son mujeres que retaron a la dictadura y viajaron por el mundo con pañuelos blancos en su cabeza y fotografías de sus desaparecidos, las que dieron visibilidad a la barbarie que ocurrió en Argentina entre 1976 y 1983 ante el silencio cómplice de muchos gobiernos.
Desde algunos sectores castrenses las llaman "locas", porque nunca dejaron de dar vueltas alrededor de la Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la Casa Rosada.
La asociación Abuelas de la Plaza de Mayo nace el 21 de noviembre de 1977, cuando se reúnen por primera vez en la Plaza de Mayo, "en plena represión", según relata a EFE Pavón. El propósito fue denunciar la desaparición de sus hijos y buscar a sus nietos y nietas.
Fueron una escisión de las Madres de la Plaza de Mayo y su origen está en la ciudad bonaerense de La Plata, donde coincidieron varias mujeres desesperadas y se unieron para retar a lo que entonces era uno de los más sanguinarios regímenes militares.
Se movieron como detectives, reunieron testimonios, hicieron seguimiento a los apropiadores de bebés, vigilaron las puertas de los colegios, impulsaron soluciones científicas para la identificación de desaparecidos y se cuidaron entre ellas.
Elsa Pavón cuenta su caso, uno de los más simbólicos en la búsqueda de justicia por las Abuelas en Argentina: "Mi hija, su esposo y la nena, Paulita, desaparecen el 18 de mayo de 1978 en Montevideo, en el marco del Plan Cóndor".
"Primero la busco en Uruguay, pero no la encuentro. Volví a Argentina, busqué en la capital, por los alrededores, hasta que decido venir a La Plata a hablar con los jueces de menores y me encuentro a la señora de Mariani y cuatro señoras más", recuerda, en alusión a Isabel 'Chicha' Chorobik de Mariani, primera presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo.
"Me ofrecieron unirme y continué con ellas 48 años", remarca la ahora presidenta de la Asociación Anahí, creada en nombre de la nieta aún desaparecida de Chicha Mariani.
"Paula es la primera nieta recuperada por Abuelas. Es la primera denuncia que hace Abuelas el 13 de diciembre del 1983, el primer día hábil de la democracia", cuenta Pavón.
El hallazgo se produce tras una denuncia de una abuela uruguaya, que pasó por Argentina: "Deja tres fotos diciendo que nos fijemos si esa nena era una de las que estábamos buscando, en el dorso venía una dirección y un nombre. Así empezamos a investigar".
Cuando termina la dictadura, en 1983, se colocan fotografías de desaparecidos en las calles y un vecino comunica a Abuelas: "Esta nena está en tal parte y nos da la nueva dirección". Y ahí se inicia el proceso judicial.
"Tenía 8 años. En 1984 nos dan los análisis (de ADN) corroborando que era Paula" y la niña llega a la casa de su abuela: "Fue duro. Las pocas veces que se me acercaba me hablaba en neutro, ni abuela, ni señora, ni nada. A mi esposo sí le decía abuelo, queriéndome hacer enojar", recuerda.
Pavón explica que su hija, Mónica Grinspon, y su yerno, Claudio Logares, "militaban en Montoneros (guerrilla peronista)" y decidieron iniciar una nueva vida en Uruguay "para proteger" a Paula, entonces con meses de vida.
"Fueron detenidos frente al cine Miami, en Montevideo. Iban al parque Rodó porque era un día feriado. A él lo golpean, lo ponen en un auto; a ella y a la nena las encapuchan y las ponen en otro auto", cuenta.
"Los secuestraron a las 10 de la mañana y a las 12 de la noche la nena estaba entrando en la casa del apropiador, o sea que fue el mismo día", señala Elsa, que sabe que quien la robó era comisario de la Brigada de San Justo, "donde traían a la gente de Uruguay".
A diferencia de otras madres de desaparecidos, Pavón no ha sabido nada del destino final de su hija y su yerno: "He visto a compañeras que encontraron los restos y es cerrar una etapa, es saber por fin qué fue lo que pasó, es saber que están en algún lugar, en el aire o en un campo de concentración. Es un cierre, un respirar profundo y empezar a vivir de otra manera".
De los 30.000 desaparecidos durante la dictadura argentina, se han recuperado restos o se ha hallado registro de fallecido de 1.652, mientras las Abuelas han encontrado a 140 nietos de los más de 400 robados. EFE
(foto) (vídeo)
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