
El cierre de la Embajada de Costa Rica en La Habana ocurre luego de que el gobierno costarricense expresara preocupación por el incremento de la represión contra ciudadanos y opositores en Cuba, aludiendo a la dificultad de garantizar la labor diplomática bajo las condiciones actuales. De acuerdo con la información reportada por medios internacionales, la administración de San José solicitó a las autoridades cubanas el retiro de su personal diplomático en Costa Rica, salvo los funcionarios consulares. El presidente Rodrigo Chaves indicó que no reconoce la legitimidad del gobierno cubano y manifestó inquietud por el trato a la población de la isla.
Según publicó el medio internacional citado, el presidente saliente de Costa Rica remarcó en rueda de prensa su posición respecto al régimen que gobierna la isla desde 1959. Chaves afirmó: “Costa Rica no reconoce la legitimidad del régimen comunista de Cuba, en vista del maltrato, la represión y las condiciones indignas que tienen los habitantes de esa isla hermosa”. A la vez, instó al gobierno cubano a retirar a sus diplomáticos de suelo costarricense. En sus declaraciones, señaló que el gobierno cubano ha dependido de otros países para sostenerse a lo largo de las décadas y que el modelo económico impulsado en la isla ha resultado fallido, tanto allí como en otros países donde se ha implantado, en sus palabras: “el modelo comunista fracasó en Cuba, como ha fracasado en todos los lugares donde lo han instaurado”.
Por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica, el canciller Arnoldo André Tinoco detalló que la salida del cuerpo diplomático responde a una “profunda preocupación” por la situación de derechos humanos en Cuba y por la “escalada de actos de represión contra ciudadanos, activistas y opositores que ejercen legítimamente su derecho a expresarse y participar en la vida pública”. El funcionario explicó que el deterioro progresivo de las condiciones de vida, la escasez de bienes, las dificultades para acceder a alimentos, medicamentos y servicios esenciales, así como la falta de oportunidades económicas han generado un panorama humanitario cada vez más complejo en la isla.
El canciller Tinoco argumentó, según consignó el medio de referencia, que todo este contexto ha hecho “prácticamente imposible nombrar personal diplomático costarricense para ejercer su labor en La Habana adecuadamente”. Además, el ministro recordó que desde el 5 de febrero la Embajada de Costa Rica en Cuba ya no contaba con personal diplomático en funciones. Sostuvo que el cierre constituye una señal clara de preocupación y representa una invitación a que Cuba registre cambios significativos, los cuales consideran necesarios para reanudar la normalidad plena de las relaciones diplomáticas.
En respuesta, las autoridades cubanas reaccionaron con firmeza ante el anuncio costarricense. El presidente Miguel Díaz-Canel rechazó en mensaje público la medida adoptada por Costa Rica, tildándola de “unilateral” y “sin argumento ni justificación alguna”. Díaz-Canel señaló, según publicó el medio citado, que el acto es “inamistoso” y resulta de “presiones evidentes del gobierno de Estados Unidos, como parte de su renovada ofensiva para tratar de sumar a otros países a su fracasada política contra Cuba”. Afirmó que la decisión de San José enfrenta la fortaleza de las relaciones entre ambos pueblos.
Por su parte, el Ministerio de Exteriores de Cuba manifestó su rechazo a las declaraciones realizadas por el presidente Chaves e interpretó la decisión costarricense como un acto de “subordinación” ante la política estadounidense respecto a la isla. El órgano ministerial denunció que se manipularon la historia y la realidad cubanas, y afirmó que la política del embargo de EE. UU. es la responsable directa del deterioro económico y social que padece la población cubana. Según publicó el medio internacional, el gobierno de La Habana consideró que Costa Rica se ha sumado a los esfuerzos de Washington para aislar a Cuba en el ámbito regional y participar en lo que identifican como una “escalada agresiva” contra la Revolución cubana, una política que, aseguraron, la comunidad internacional rechaza.
Desde el gobierno costarricense, tanto el presidente Chaves como el canciller Tinoco reforzaron la postura de que la defensa de los derechos humanos y la democracia permanecerán como principios rectores de su política exterior. Costa Rica, indicaron, se mantendrá atenta a la evolución de la situación interna en Cuba e insistirá en la necesidad de que se produzcan cambios que permitan un diálogo diplomático renovado. La decisión de restringir los vínculos a la función consular obedece a los obstáculos experimentados para mantener una representación diplomática eficaz ante el escenario cubano actual, según reiteraron las autoridades de San José.
El caso se suma a un contexto de mayores tensiones entre gobiernos de la región y Cuba, enmarcado por las dificultades económicas y sociales de la isla y por la persistente presión que ejerce la política estadounidense en la zona. La respuesta de La Habana subrayó sus tradicionales críticas al embargo y cuestionamientos a las intenciones de los gobiernos que deciden reducir o interrumpir las relaciones diplomáticas sobre la base de argumentos en materia de democracia o derechos humanos. Las declaraciones cruzadas refuerzan la distancia entre ambas administraciones, mientras las instancias consulares permanecen como único canal de contacto institucional.
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