La Casa Blanca tacha de "falsos" y "absurdos" los motivos de la dimisión del director Centro de Contraterrorismo

El ejecutivo estadounidense rechaza categóricamente las acusaciones lanzadas por Joe Kent, quien justifica su salida por diferencias irreconciliables sobre el conflicto con Irán y denuncia presión de sectores extranjeros en la política de seguridad nacional

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El portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, calificó como "insultante y ridícula" la acusación de que la guerra en Irán responde a la presión de Israel y su influyente lobby en Estados Unidos. Estas declaraciones se producen después de que Joe Kent presentara su dimisión como director del Centro Nacional de Contraterrorismo estadounidense, argumentando que no podía respaldar el actual conflicto con Irán debido a diferencias irremediables con la Administración Trump. Según informó la Casa Blanca, los motivos expresados por Kent han sido tachados de "falsos" y "absurdos", además de afirmar que su renuncia no tiene relación con falta de fundamentos en la política de seguridad nacional de Washington.

Leavitt, portavoz de la presidencia estadounidense, difundió un extenso mensaje en redes sociales donde aseguró que la carta de Kent contenía numerosas afirmaciones inexactas. De acuerdo con lo publicado por la Casa Blanca, la portavoz reprochó al exfuncionario que negara la existencia de una amenaza inminente de Irán hacia Estados Unidos, el cual fue el argumento central esgrimido tanto por Donald Trump como por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para justificar la ofensiva sorpresa contra Teherán. Según reiteró Leavitt, esa postura de Kent se asemeja a la sostenida por los demócratas y algunos medios liberales, quienes, a juicio de la Casa Blanca, han repetido esa crítica de forma recurrente.

En su respuesta, la portavoz aseguró que el mandatario disponía de "pruebas sólidas e irrefutables de que Irán iba a atacar primero a Estados Unidos". Añadió que Trump "jamás tomaría la decisión de desplegar recursos militares contra un adversario extranjero sin tener en cuenta todos los factores". Detalló, según consignó la Casa Blanca, que Irán representa "el principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo", señalando además que ese país "mató con orgullo a estadounidenses, libró una guerra contra nuestro país y nos amenazó abiertamente hasta el lanzamiento de la Operación 'Furia Épica'".

Leavitt precisó, según reportó la oficina presidencial, que Trump tomó la determinación de coordinar un ataque conjunto con Israel con el objetivo de disminuir considerablemente el peligro para la vida de ciudadanos estadounidenses, en previsión de un posible primer ataque del régimen iraní. La acción buscaba enfrentar de forma directa esa amenaza a los intereses de seguridad nacional del país.

En relación con el proceso de toma de decisiones, la representante de la Casa Blanca defendió que corresponde exclusivamente al presidente en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas establecer qué constituye una amenaza, en tanto tiene la facultad constitucional para adoptar tales determinaciones. "El pueblo estadounidense acudió a las urnas y le confió a él, y solo a él, la facultad de tomar tales decisiones finales", afirmó Leavitt, refiriéndose a la confianza depositada en Trump como presidente.

Respecto a la influencia de actores externos en la administración estadounidense, Leavitt rechazó de forma categórica la alegación de Kent de que la guerra en Irán se debe a la supuesta presión de Israel o su entorno de lobby en el país norteamericano. Calificó tal acusación de "insultante y ridícula" y reiteró que el presidente "ha sido extraordinariamente coherente" en su postura de que Irán no debe adquirir armas nucleares. Añadió que, como testigo del proceso cotidiano de toma de decisiones, podía afirmar que el presidente siempre prioriza los intereses de Estados Unidos.

La renuncia de Joe Kent incluyó la denuncia de lo que consideró una campaña de desinformación promovida por altos funcionarios israelíes y miembros destacados de medios estadounidenses, quienes, según él, habrían contribuido a crear un clima propicio para la guerra contra Teherán. Kent manifestó que no podía continuar en el cargo debido a un cambio de postura en la política exterior del presidente Trump que, a su parecer, respondía a presiones externas.

Tal como publicó la Casa Blanca, la administración insistió en que la legitimidad de sus decisiones en materia de seguridad nacional está fundada en información clasificada y amenazas identificadas por las agencias competentes. La portavoz reafirmó que cualquier decisión relacionada con el despliegue de fuerzas o la respuesta militar exterior queda bajo la responsabilidad exclusiva del presidente, y que estas determinaciones no derivan, según la postura oficial, de factores externos a la seguridad y los intereses estadounidenses.

El debate sobre la supuesta influencia de agentes extranjeros en la política de seguridad nacional de Estados Unidos y las distintas perspectivas acerca de la amenaza iraní se intensificó con la salida de Kent. Según detalló la Casa Blanca, la narrativa de su renuncia no refleja la realidad de los procesos internos ni la base de las decisiones adoptadas por la actual administración. Leavitt enfatizó la coherencia de la política de Trump sobre la seguridad y remarcó la prioridad de evitar que Irán acceda a tecnología nuclear.