Ningún vuelo despega de aeropuertos belgas por la huelga general, con 80.000 manifestantes en la capital

Miles de personas respaldaron la protesta contra las medidas económicas impulsadas por las autoridades federales en Bélgica, mientras el sistema aeroportuario paralizó salidas y llegadas y la capital fue escenario de la mayor concentración en años, según fuentes sindicales y policiales

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La empresa pública de ferrocarril, SNCB, optó por aumentar el número de trenes en circulación el jueves con el objetivo de facilitar la llegada de miles de manifestantes a Bruselas. Esta estrategia respondió a una jornada que, según consignó la policía en cifras iniciales recogidas por agencias, contó con al menos 80.000 personas concentradas en el centro de la capital belga, en el marco de una protesta de alcance nacional por las medidas económicas impulsadas por el gobierno federal. Según informó el medio, los principales sindicatos estimaron un número superior de participantes, alcanzando los 100.000 manifestantes.

Bruselas vivió una de las mayores concentraciones de los últimos años mientras los aeropuertos de la nación, incluyendo el principal de la capital y el de Charleroi, interrumpieron enteramente las salidas y llegadas de vuelos. La convocatoria surgió en rechazo a los recortes del Ejecutivo en materia de pensiones y a la suspensión de la indexación salarial, decisiones asociadas a un paquete de ajustes que, según detalló el medio, pretende alcanzar un ahorro de 9.200 millones de euros de aquí a 2029.

De acuerdo con lo publicado, la acción sindical se organizó a iniciativa de las principales centrales del país, que articulan el descontento de sectores afectados por las reformas aplicadas por el gobierno federal, liderado por Bart de Wever. La suspensión de la indexación salarial ha sido particularmente polémica, ya que este mecanismo permite ajustar los sueldos al ritmo de la inflación, una práctica común en Bélgica. Además, la reforma de las pensiones generó críticas tanto en el sector público como privado, incrementando las tensiones laborales y sociales.

El aeropuerto internacional de Bruselas ya venía alertando desde la pasada semana sobre la decisión de anular todas las operaciones de salida el jueves y señalaba la probable afectación de al menos la mitad de las rutas de llegada. Según las estimaciones del propio aeropuerto, cerca de 27.000 pasajeros vieron cancelados sus planes de viaje, mientras aproximadamente 15.500 personas se vieron impactadas por las interrupciones en los vuelos de llegada. El motivo de la interrupción radicó en la huelga del personal, que planteaba dificultades para garantizar la seguridad mínima en los servicios aeroportuarios.

El segundo aeródromo más relevante del país, Charleroi, ubicado a 50 kilómetros de la capital, emitió una advertencia similar, informando que la falta de personal imposibilitaba realizar cualquier operación de despegue o aterrizaje con los estándares de seguridad requeridos. Esta situación agravó las complicaciones para los viajeros, que además del paro en el transporte aéreo, enfrentaron restricciones en otros sectores.

Tal como reportó el medio, otros servicios como el transporte público y la educación resultaron afectados de manera desigual, aunque fue el sector aeroportuario el que experimentó el mayor grado de paralización. No obstante, las protestas y paros se observaron en distintos ámbitos durante la jornada, en sintonía con la movilización social convocada por las organizaciones sindicales.

La jornada de huelga general en Bélgica se sumó a una serie de movilizaciones iniciadas con una huelga del sector ferroviario, que llevó a tres días de paros desde el domingo anterior hasta la noche del miércoles, como recordó el medio. Frente a este contexto, la SNCB ajustó su operativa el jueves, priorizando el traslado de quienes acudían a participar en la manifestación.

El aeropuerto internacional de Bruselas también comunicó a los medios locales su descontento, señalando que estas interrupciones representan la octava ocasión desde 2025 en que las operaciones se ven afectadas debido a convocatorias sindicales, pese a que dichas protestas no se originan directamente en la gestión aeroportuaria. El impacto económico, tanto por la cancelación masiva de vuelos como por la alteración de la normalidad en un nodo clave de tránsito europeo, forma parte de las consecuencias inmediatas de la protesta.

Las organizaciones sindicales, que impulsaron la convocatoria, reiteraron en sus declaraciones a diversos medios su rechazo a lo que consideran un retroceso en los derechos laborales y sociales. Entre sus demandas figura el abandono de la reforma de las pensiones, la restitución de la indexación salarial y el cese de medidas que, según indicaron los representantes sindicales, perjudican principalmente a los trabajadores y pensionistas.

Las autoridades federales se enfocan en materializar un ahorro de 9.200 millones de euros para 2029, una cifra que el Ejecutivo considera necesaria para estabilizar las cuentas públicas. Los sindicatos, por su parte, sostienen que las consecuencias recaen en los sectores menos favorecidos y exigen la revisión profunda de las reformas planteadas.

Dentro del balance de la jornada, la policía y las centrales sindicales ofrecieron cifras diferentes en cuanto a la asistencia a la protesta. Mientras las fuerzas de seguridad situaron la cifra en 80.000 personas en las calles de Bruselas, los sindicatos la elevaron hasta 100.000, evidenciando la magnitud de la convocatoria y el grado de adhesión social alcanzado.

El seguimiento de la huelga en el resto de los sectores resultó desigual. El sistema educativo y los servicios públicos experimentaron paros parciales, con mayor afectación en las áreas urbanas. Las empresas de transporte público alertaron sobre posibles alteraciones y reducciones en la oferta de servicios, aunque aseguraron ciertos niveles mínimos de funcionamiento para garantizar desplazamientos esenciales.

Según lo consignado, la protesta de este jueves representa uno de los episodios más relevantes de movilización sindical en Bélgica en tiempos recientes, sumando presión sobre el gobierno de coalición y exponiendo el grado de tensión social asociado a las políticas de ajuste económico. Ante la magnitud de la huelga y el impacto sobre la movilidad en el país, tanto los sindicatos como las autoridades federales continúan intercambiando argumentos sobre la viabilidad y las consecuencias de las reformas en curso.